Eclesiástico (Sirácide) 11
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1El pobre, si es sabio, llevará alta la cabeza y se sentará entre los grandes.
2No alabes al hombre por su belleza, ni desprecies a nadie por su aspecto.
3Pequeña es la abeja entre los volátiles, pero su producto es el más dulce.
4No presumas de los vestidos que llevas, ni te engrías cuando te alaben * , pues admirables son las obras del Señor, y, sin embargo, permanecen ocultas a los hombres * .
5Muchos tiranos acabaron por los suelos * , mientras un desconocido se ceñía la corona.
6Muchos poderosos fueron humillados, y hombres ilustres cayeron en otras manos.
7Antes de recriminar, infórmate; reflexiona primero y censura después.
8Antes de responder, escucha, y no interrumpas al que tiene la palabra.
9No discutas por lo que no te incumbe, ni interfieras en peleas de pecadores.
10Hijo, no te ocupes en demasiados asuntos, porque si así actúas, no saldrás bien parado; por más que corras, no alcanzarás, por más que quieras huir, no escaparás * .
11Hay quien trabaja, se fatiga y apresura, y con todo llega tarde.
12Hay quien es débil y necesita ayuda, carece de bienes y le sobra pobreza, pero el Señor lo ama con benevolencia y lo libra de su humillación;
13le hace levantar la cabeza, y muchos se quedan admirados.
14Bien y mal, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor * .
17El don del Señor permanece con los piadosos * , y su benevolencia les guiará siempre por buen camino.
18Hay quien se hace rico a fuerza de trabajar y ahorrar, y esto le queda como recompensa:
19cuando dice: «Ahora ya puedo descansar, y disfrutar de todos mis bienes», no sabe cuánto tiempo pasará, hasta que muera y tenga que dejarlo todo a otros * .
20Sigue con tu quehacer y dedícate a él * , y envejece en tu tarea.
21No admires lo que hacen los pecadores, confía en el Señor y sé constante en tu esfuerzo, porque al Señor le resulta fácil enriquecer al pobre en un instante.
22La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, pues en un momento hace florecer su bendición.
23No digas: «¿Qué necesito? o ¿qué bienes podría conseguir todavía?»
24No digas: «Ya tengo bastante, ¿qué mal puede sucederme ahora?»
25Día de bienes, olvido de males, día de males, olvido de bienes * .
26Es fácil para el Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su conducta.
27El mal de un momento hace olvidar el gozo, pero cuando el hombre se acerca al fin se descubren sus obras.
28Antes de la muerte no felicites a nadie, porque sólo en su final se conoce al hombre * .
29No metas a cualquiera en tu casa, que son muchas las mañas del astuto.
30Como perdiz cautiva en su jaula, así es el corazón del orgulloso, como un espía aguarda tu caída * .
31Él tiende su trampa cambiando el bien por mal, y corrompiendo las cosas más dignas.
32Una chispa enciende un brasero, y el pecador acecha en busca de sangre.
33Guárdate del malvado, porque maquina el mal, y podría deshonrarte para siempre.
34Mete en casa a un desconocido y te causará problemas, te hará sentir extraño con tu propia familia.