Sant 3, 2-6
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)2pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae al hablar, puede ser considerado un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo * . 3Si * ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo. 4Lo mismo pasa con las naves: aunque sean grandes y las empujen vientos impetuosos, basta un pequeño timón para dirigirlas adonde quiere el piloto. 5Otro tanto ocurre con la lengua: aunque es un miembro pequeño, puede alardear de grandes cosas. Pensad que un fuego insignificante puede destruir un bosque enorme. 6También la lengua es fuego, todo un mundo de iniquidad * . En efecto, la lengua, que es uno de nuestros miembros, puede contaminar todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prender fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos * .