Santiago 3
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Hermanos míos, no queráis ser maestros * muchos de vosotros, pues habéis de saber que tendremos * un juicio más severo,
2pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae al hablar, puede ser considerado un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo * .
3Si * ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo.
4Lo mismo pasa con las naves: aunque sean grandes y las empujen vientos impetuosos, basta un pequeño timón para dirigirlas adonde quiere el piloto.
5Otro tanto ocurre con la lengua: aunque es un miembro pequeño, puede alardear de grandes cosas. Pensad que un fuego insignificante puede destruir un bosque enorme.
6También la lengua es fuego, todo un mundo de iniquidad * . En efecto, la lengua, que es uno de nuestros miembros, puede contaminar todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prender fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos * .
7Los hombres podemos domar toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos; y de hecho han sido domados.
8En cambio, ningún hombre ha podido domar la lengua, pues es un mal turbulento y está llena de un veneno letal.
9Con ella bendecimos al Señor * y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios;
10de una misma boca proceden la bendición y la maldición * . Esto, hermanos míos, no debe ser así.
11¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga?
12¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce.
13¿Hay entre vosotros alguien sabio o con experiencia * ? Pues que lo demuestre con su buena conducta, con las obras inspiradas en la humildad que da la sabiduría.
14Pero si vuestro corazón encierra amarga envidia y ambición, no os jactéis ni mintáis contra la verdad.
15Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca.
16Pues donde hay envidia y ambición brota el desconcierto y toda clase de maldad.
17En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, sobre todo, pura; pero también pacífica, indulgente, dócil * , llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía.
18Los que procuran la paz siembran en paz frutos de justicia.