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Lc 9, 37-43

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

37Al día siguiente, cuando bajaron del monte, le salió al encuentro mucha gente. 38En esto, uno de los presentes empezó a gritar: «Maestro, te suplico que atiendas a mi hijo, porque es el único que tengo. 39Mira, un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos; le hace retorcerse echando espuma y a duras penas se aparta de él. Lo deja todo magullado. 40He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» 41Jesús exclamó: «¡Ay, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!» 42Cuando se acercaba, el demonio lo arrojó por tierra y lo agitó violentamente. Pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre. 43Y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Dios. Todos estaban maravillados de las cosas que hacía. Dijo entonces a sus discípulos: