Jue 3, 1-31
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Éstos son los pueblos que Yahvé dejó subsistir para probar con ellos a Israel, a cuantos no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán 2(era sólo para que aprendieran las generaciones de los israelitas, para enseñarles el arte de la guerra; por lo menos los que antes no lo habían conocido): 3los cinco príncipes de los filisteos y todos los cananeos, los sidonios y los hititas * que vivían en el monte Líbano, desde la montaña de Baal Hermón hasta la entrada de Jamat. 4Sirvieron para probar con ellos a Israel, a ver si guardaban los mandamientos que Yahvé había prescrito a sus padres por medio de Moisés. 5Así que los israelitas habitaron en medio de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos; 6se casaron con sus hijas, dieron sus propias hijas a los hijos de aquéllos y dieron culto a sus dioses. 7Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahvé. Se olvidaron de Yahvé su Dios y dieron culto a los Baales y a las Aserás. 8Se encolerizó Yahvé contra Israel y los dejó a merced de Cusán Risatáin, rey de Edom * , a quien los israelitas estuvieron sometidos durante ocho años. 9Los israelitas clamaron a Yahvé, que suscitó a los israelitas un libertador que los salvó: Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb. 10El espíritu de Yahvé vino sobre él, fue juez de Israel y salió a la guerra. Yahvé entregó en sus manos a Cusán Risatáin, rey de Edom, y triunfó sobre él. 11El país quedó tranquilo cuarenta años. Y murió Otniel, hijo de Quenaz. 12Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvé. Entonces Yahvé fortaleció a Eglón, rey de Moab, más que a Israel, porque hacían lo que desagradaba a Yahvé. 13A Eglón se le juntaron los amonitas y los amalecitas. Salió, derrotó a Israel y tomó la ciudad de las Palmeras. 14Los israelitas estuvieron sometidos a Eglón, rey de Moab, dieciocho años. 15Entonces los israelitas clamaron a Yahvé, que les suscitó un libertador: Ehúd, hijo de Guerá, benjaminita, que era zurdo. Los israelitas le encargaron de llevar el tributo a Eglón, rey de Moab. 16Ehúd se hizo un puñal de dos filos, de un codo de largo, se lo ciñó debajo de la ropa sobre el muslo derecho 17y fue a presentar el tributo a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy obeso. 18En cuanto terminó de presentar el tributo, Ehúd mandó a la gente que había llevado el tributo que siguieran adelante; 19pero él, al llegar a los Ídolos que hay en la región de Guilgal * , volvió donde Eglón y le dijo: «Tengo un mensaje secreto para ti, ¡oh rey!» El rey respondió: «¡Silencio!» * –y salieron de su presencia todos los que estaban con él–. 20Ehúd se le acercó. El rey estaba sentado en su galería fresca particular. Ehúd le dijo: «Tengo una palabra de Dios para ti.» El rey se levantó de su silla. 21Entonces Ehúd alargó su mano izquierda, cogió el puñal de su cadera derecha y se lo hundió en el vientre. 22Detrás de la hoja entró hasta el mango, y la grasa se cerró sobre la hoja, pues Ehúd no le sacó el puñal del vientre * . Luego escapó por la ventana. 23Ehúd salió por la galería, cerró tras de sí las puertas y echó el cerrojo. 24Después de irse, llegaron los criados y, al ver que las puertas de la galería tenían echado el cerrojo, se dijeron para sí: «Sin duda se está cubriendo los pies * en el aposento de la galería fresca.» 25Estuvieron esperando hasta quedar desconcertados, porque no acababan de abrirse las puertas de la galería. Por fin, cogieron la llave y abrieron. Su señor yacía en tierra, muerto. 26Mientras esperaban, Ehúd había huido: había pasado los Ídolos y se había puesto a salvo en Seirá. 27En cuanto llegó, tocó el cuerno en la montaña de Efraín y los israelitas bajaron con él de la montaña. Él se puso al frente de ellos, 28y les dijo: «Seguidme, porque Yahvé ha entregado a Moab, vuestro enemigo, en vuestras manos.» Bajaron tras él, cortaron a Moab los vados del Jordán y no dejaron pasar a nadie. 29Derrotaron en aquella ocasión a los de Moab: unos diez mil hombres, todos fuertes y valientes. No escapó ni uno. 30Aquel día fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y el país quedó tranquilo ochenta años. 31Después de él vino Sangar, hijo de Anat. Derrotó a los filisteos, que eran seiscientos hombres, con una aguijada de bueyes. Él también salvó a Israel.