Jueces 3
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Éstos son los pueblos que Yahvé dejó subsistir para probar con ellos a Israel, a cuantos no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán
2(era sólo para que aprendieran las generaciones de los israelitas, para enseñarles el arte de la guerra; por lo menos los que antes no lo habían conocido):
3los cinco príncipes de los filisteos y todos los cananeos, los sidonios y los hititas * que vivían en el monte Líbano, desde la montaña de Baal Hermón hasta la entrada de Jamat.
4Sirvieron para probar con ellos a Israel, a ver si guardaban los mandamientos que Yahvé había prescrito a sus padres por medio de Moisés.
5Así que los israelitas habitaron en medio de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos;
6se casaron con sus hijas, dieron sus propias hijas a los hijos de aquéllos y dieron culto a sus dioses.
7Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahvé. Se olvidaron de Yahvé su Dios y dieron culto a los Baales y a las Aserás.
8Se encolerizó Yahvé contra Israel y los dejó a merced de Cusán Risatáin, rey de Edom * , a quien los israelitas estuvieron sometidos durante ocho años.
9Los israelitas clamaron a Yahvé, que suscitó a los israelitas un libertador que los salvó: Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
10El espíritu de Yahvé vino sobre él, fue juez de Israel y salió a la guerra. Yahvé entregó en sus manos a Cusán Risatáin, rey de Edom, y triunfó sobre él.
11El país quedó tranquilo cuarenta años. Y murió Otniel, hijo de Quenaz.
12Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvé. Entonces Yahvé fortaleció a Eglón, rey de Moab, más que a Israel, porque hacían lo que desagradaba a Yahvé.
13A Eglón se le juntaron los amonitas y los amalecitas. Salió, derrotó a Israel y tomó la ciudad de las Palmeras.
14Los israelitas estuvieron sometidos a Eglón, rey de Moab, dieciocho años.
15Entonces los israelitas clamaron a Yahvé, que les suscitó un libertador: Ehúd, hijo de Guerá, benjaminita, que era zurdo. Los israelitas le encargaron de llevar el tributo a Eglón, rey de Moab.
16Ehúd se hizo un puñal de dos filos, de un codo de largo, se lo ciñó debajo de la ropa sobre el muslo derecho
17y fue a presentar el tributo a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy obeso.
18En cuanto terminó de presentar el tributo, Ehúd mandó a la gente que había llevado el tributo que siguieran adelante;
19pero él, al llegar a los Ídolos que hay en la región de Guilgal * , volvió donde Eglón y le dijo: «Tengo un mensaje secreto para ti, ¡oh rey!» El rey respondió: «¡Silencio!» * –y salieron de su presencia todos los que estaban con él–.
20Ehúd se le acercó. El rey estaba sentado en su galería fresca particular. Ehúd le dijo: «Tengo una palabra de Dios para ti.» El rey se levantó de su silla.
21Entonces Ehúd alargó su mano izquierda, cogió el puñal de su cadera derecha y se lo hundió en el vientre.
22Detrás de la hoja entró hasta el mango, y la grasa se cerró sobre la hoja, pues Ehúd no le sacó el puñal del vientre * . Luego escapó por la ventana.
23Ehúd salió por la galería, cerró tras de sí las puertas y echó el cerrojo.
24Después de irse, llegaron los criados y, al ver que las puertas de la galería tenían echado el cerrojo, se dijeron para sí: «Sin duda se está cubriendo los pies * en el aposento de la galería fresca.»
25Estuvieron esperando hasta quedar desconcertados, porque no acababan de abrirse las puertas de la galería. Por fin, cogieron la llave y abrieron. Su señor yacía en tierra, muerto.
26Mientras esperaban, Ehúd había huido: había pasado los Ídolos y se había puesto a salvo en Seirá.
27En cuanto llegó, tocó el cuerno en la montaña de Efraín y los israelitas bajaron con él de la montaña. Él se puso al frente de ellos,
28y les dijo: «Seguidme, porque Yahvé ha entregado a Moab, vuestro enemigo, en vuestras manos.» Bajaron tras él, cortaron a Moab los vados del Jordán y no dejaron pasar a nadie.
29Derrotaron en aquella ocasión a los de Moab: unos diez mil hombres, todos fuertes y valientes. No escapó ni uno.
30Aquel día fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y el país quedó tranquilo ochenta años.
31Después de él vino Sangar, hijo de Anat. Derrotó a los filisteos, que eran seiscientos hombres, con una aguijada de bueyes. Él también salvó a Israel.