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Hch 9, 1-18

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote 2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de obtener permiso para llevar presos a Jerusalén a los hombres o mujeres que encontrase, seguidores del Camino * . 3Pero yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, lo envolvió de pronto una luz venida del cielo, 4cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl * , ¿por qué me persigues?» 5Él preguntó: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues * . 6Pero levántate, entra en la ciudad y te dirán lo que debes hacer.» 7Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto, pues oían la voz, pero no veían a nadie. 8Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía sus ojos bien abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le introdujeron en Damasco. 9Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber. 10Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le llamó en una visión: «Ananías.» Él respondió: «Aquí estoy, Señor.» 11El Señor le dijo: «Prepárate y vete a la calle Recta. Una vez allí, pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo. En este momento está en oración 12y ha visto * que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para recobrar la vista.» 13Respondió Ananías: «Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos * en Jerusalén, 14y que aquí tiene poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre.» 15El Señor le respondió: «Vete, pues he elegido a éste como instrumento para llevar mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los israelitas * . 16Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.» 17Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y te llenes del Espíritu Santo * .» 18Al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista; se levantó y fue bautizado.