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Hechos 9

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote

2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de obtener permiso para llevar presos a Jerusalén a los hombres o mujeres que encontrase, seguidores del Camino * .

3Pero yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, lo envolvió de pronto una luz venida del cielo,

4cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl * , ¿por qué me persigues?»

5Él preguntó: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues * .

6Pero levántate, entra en la ciudad y te dirán lo que debes hacer.»

7Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto, pues oían la voz, pero no veían a nadie.

8Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía sus ojos bien abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le introdujeron en Damasco.

9Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber.

10Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le llamó en una visión: «Ananías.» Él respondió: «Aquí estoy, Señor.»

11El Señor le dijo: «Prepárate y vete a la calle Recta. Una vez allí, pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo. En este momento está en oración

12y ha visto * que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para recobrar la vista.»

13Respondió Ananías: «Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos * en Jerusalén,

14y que aquí tiene poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre.»

15El Señor le respondió: «Vete, pues he elegido a éste como instrumento para llevar mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los israelitas * .

16Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.»

17Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y te llenes del Espíritu Santo * .»

18Al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista; se levantó y fue bautizado.

19Tomó alimento y recobró las fuerzas. Saulo estuvo algunos días con los discípulos de Damasco,

20pero pronto se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: Éste es el Hijo de Dios * .

21Todos los que le oían quedaban atónitos y comentaban: «¿No es éste el que en Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocan ese nombre, y el que había venido aquí con el objeto de llevárselos encadenados a los sumos sacerdotes?»

22Pero Saulo se fortalecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que éste es el Cristo.

23Al cabo de bastante tiempo * , los judíos tomaron la decisión de matarlo,

24pero Saulo tuvo conocimiento de su conjura. Habían montado vigilancia día y noche hasta en las puertas de la ciudad, por ver si podían matarlo.

25Pero los discípulos * se lo llevaron durante la noche y lo descolgaron por la muralla dentro de una espuerta.

26Cuando llegó a Jerusalén, intentó ponerse en contacto con los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese discípulo.

27Entonces Bernabé lo tomó consigo y lo presentó a los apóstoles, y les contó cómo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado y cómo había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús.

28Saulo empezó a andar con ellos por Jerusalén, predicando con valentía en el nombre del Señor.

29También hablaba y discutía con los helenistas * , aunque éstos intentaban matarlo.

30Los hermanos, al saberlo, lo llevaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso * .

31Por aquel entonces, las iglesias * gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaría, pues crecían y progresaban en el temor del Señor, y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo * .

32Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida.

33Encontró allí a un hombre llamado Eneas, un paralítico que llevaba ocho años tendido en una camilla.

34Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te cura. Levántate y arregla tu lecho.» Y al instante se levantó * .

35Todos los habitantes de Lida y Sarón, al verle curado, se convirtieron al Señor.

36Había en Jope una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Dorkás * . Era muy generosa haciendo buenas obras y dando limosnas.

37Por aquellos días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior.

38Lida está cerca de Jope, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir donde nosotros.»

39Pedro partió inmediatamente con ellos. Así que llegó, le hicieron subir a la estancia superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los mantos que Dorkás hacía mientras estuvo con ellas.

40Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró. Después se volvió hacia el cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.

41Pedro le dio la mano y la levantó. Luego llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva.

42Cuando el suceso se divulgó por Jope, muchos creyeron en el Señor.

43Pedro permaneció en Jope bastante tiempo, en casa de un curtidor llamado Simón.

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