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Gn 41, 1-18

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Al cabo de dos años, el faraón soñó que se encontraba a la vera del Río. 2De pronto salieron del Río siete vacas hermosas y lustrosas, que se pusieron a pacer en el carrizal. 3Pero resulta que detrás de aquéllas salieron del Río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, que se pararon junto a las otras vacas en la margen del Río. 4Y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces el faraón se despertó. 5Se volvió a dormir y soñó que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas. 6Pero resulta que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas, 7y las espigas flacas devoraron a las siete lozanas y repletas. Despertó el faraón, y resultó que era un sueño. 8Aquella mañana estaba inquieto su espíritu y mandó llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto. El faraón les contó su sueño, pero no hubo quien se lo interpretara al faraón * . 9Entonces el jefe de escanciadores habló al faraón diciéndole: «Hoy me acuerdo de mi yerro. 10El faraón se había enojado contra sus siervos y me había puesto bajo custodia en casa del jefe de los guardias a mí y al jefe de panaderos. 11Entonces tuvimos sendos sueños en una misma noche, tanto yo como él, cada uno con su sentido propio. 12Había allí con nosotros un muchacho hebreo, siervo del jefe de la guardia. Le contamos nuestro sueño y él nos dio el sentido propio de cada cual. 13Y todo resultó como él nos lo había interpretado: A mí me restituyó el faraón en mi puesto, y a él lo colgó.» 14El faraón mandó llamar a José y lo sacaron del calabozo con premura. Se afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el faraón. 15Dijo el faraón a José: «He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, pero he oído decir de ti que te basta oír un sueño para interpretarlo.» 16Respondió José al faraón: «No hablemos de mí, que Dios responda en buena hora al faraón.» 17El faraón refirió a José su sueño: «Resulta que estaba yo a la orilla del Río, 18cuando de pronto salieron del Río siete vacas lustrosas y de hermoso aspecto, que pacían en el carrizal.