Génesis 41
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Al cabo de dos años, el faraón soñó que se encontraba a la vera del Río.
2De pronto salieron del Río siete vacas hermosas y lustrosas, que se pusieron a pacer en el carrizal.
3Pero resulta que detrás de aquéllas salieron del Río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, que se pararon junto a las otras vacas en la margen del Río.
4Y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces el faraón se despertó.
5Se volvió a dormir y soñó que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas.
6Pero resulta que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas,
7y las espigas flacas devoraron a las siete lozanas y repletas. Despertó el faraón, y resultó que era un sueño.
8Aquella mañana estaba inquieto su espíritu y mandó llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto. El faraón les contó su sueño, pero no hubo quien se lo interpretara al faraón * .
9Entonces el jefe de escanciadores habló al faraón diciéndole: «Hoy me acuerdo de mi yerro.
10El faraón se había enojado contra sus siervos y me había puesto bajo custodia en casa del jefe de los guardias a mí y al jefe de panaderos.
11Entonces tuvimos sendos sueños en una misma noche, tanto yo como él, cada uno con su sentido propio.
12Había allí con nosotros un muchacho hebreo, siervo del jefe de la guardia. Le contamos nuestro sueño y él nos dio el sentido propio de cada cual.
13Y todo resultó como él nos lo había interpretado: A mí me restituyó el faraón en mi puesto, y a él lo colgó.»
14El faraón mandó llamar a José y lo sacaron del calabozo con premura. Se afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el faraón.
15Dijo el faraón a José: «He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, pero he oído decir de ti que te basta oír un sueño para interpretarlo.»
16Respondió José al faraón: «No hablemos de mí, que Dios responda en buena hora al faraón.»
17El faraón refirió a José su sueño: «Resulta que estaba yo a la orilla del Río,
18cuando de pronto salieron del Río siete vacas lustrosas y de hermoso aspecto, que pacían en el carrizal.
19Pero resulta que otras siete vacas salieron detrás de aquéllas, de muy ruin y mala catadura, y macilentas. Jamás había visto vacas tan malas como aquéllas en toda la tierra de Egipto.
20Y las siete vacas macilentas y malas se comieron a las siete vacas primeras, las lustrosas.
21Pero una vez que las comieron, ni se conocía que las tuviesen dentro, pues su aspecto seguía siendo tan malo como al principio. Entonces me desperté.
22Pero volví a tener un sueño y vi cómo siete espigas crecían en una misma caña, henchidas y buenas.
23Pero resulta que otras siete espigas secas, flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas
24y devoraron las espigas flacas a las siete espigas hermosas. Se lo he dicho a los magos, pero no hay quien me lo explique.»
25José dijo al faraón: «El sueño del faraón es uno solo: Dios anuncia al faraón lo que tiene previsto hacer.
26Las siete vacas buenas representan siete años de abundancia, y las siete espigas buenas representan otros siete años: porque el sueño es uno solo.
27Las siete vacas macilentas y malas que subían después de aquéllas representan siete años; e igualmente las siete espigas flacas * y asolanadas. Quiere decir que habrá siete años de hambre.
28Esto es lo que yo he dicho al faraón. Dios ha mostrado al faraón lo que tiene previsto hacer.
29Van a venir siete años de gran hartura en todo Egipto.
30Pero después sobrevendrán otros siete años de hambre y se olvidará toda la hartura pasada, pues el hambre asolará el país.
31Nadie recordará la hartura habida en Egipto, de tanta hambre como habrá.
32Y el que se haya repetido el sueño del faraón dos veces es porque la cosa es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla.
33«Ahora, pues, fíjese el faraón en algún hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de Egipto.
34Hágalo así el faraón: ponga encargados al frente del país y exija el quinto a Egipto durante los siete años de abundancia.
35Ellos recogerán todo el comestible de esos años buenos que vienen, almacenarán el grano a disposición del faraón en las ciudades, y lo guardarán.
36De esta forma quedarán registradas las reservas de alimento del país para los siete años de hambre que habrá en Egipto, y así no perecerá el país de hambre.»
37Pareció bien el consejo al faraón y a todos sus cortesanos.
38Comentó con éstos el faraón: «¿Acaso podremos encontrar otro como éste que tenga el espíritu de Dios?»
39Dijo luego el faraón a José: «Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no puede haber entendido ni sabio como tú.
40Tú estarás al frente de mi casa, y de lo que tú digas dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el trono dejaré por encima de ti.»
41Dijo el faraón a José: «Mira: te pongo al frente de todo el país de Egipto.»
42Entonces el faraón se quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José. Le hizo vestir ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello.
43Luego le hizo montar en su segunda carroza, e iban gritando delante de él: «¡Abrek * !» Así lo puso al frente de todo el país de Egipto.
44Dijo el faraón a José: «Yo, el faraón: sin tu licencia no levantará nadie mano ni pie en todo Egipto.»
45El faraón llamó a José Safnat Panéaj y le dio por mujer a Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On * . Así fue investido José de autoridad sobre el país de Egipto.
46Tenía José treinta años cuando compareció ante el faraón, rey de Egipto. Después de ser investido de autoridad por el faraón, José recorrió todo Egipto.
47La tierra produjo con profusión durante los siete años de abundancia,
48y él hizo acopio de todos los víveres de los siete años en que hubo hartura * en Egipto, almacenando en cada ciudad los víveres de la campiña circundante.
49José recolectó grano como la arena del mar, una enormidad, hasta tener que desistir de contar, pues era innumerable.
50Antes que sobreviniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le dio Asnat, la hija de Poti Fera, sacerdote de On.
51Llamó José al primogénito Manasés, porque —decía— «Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y la casa de mi padre».
52Al segundo le llamó Efraín, porque —decía— «me ha hecho fructificar Dios en el país de mi aflicción * ».
53Transcurrieron los siete años de hartura que hubo en Egipto
54y empezaron a llegar los siete años de hambruna, como había predicho José. La gente padecía hambre en todas las regiones; pero en todo Egipto abundaba el pan.
55Pero toda la tierra de Egipto acabó sintiendo también hambre, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón mandó decir a toda la gente de Egipto: «Id a José: haced lo que él os diga.» —
56El hambre cundió por toda la faz de la tierra.— Entonces José sacó todas las existencias y abasteció * de grano a Egipto. Arreciaba el hambre en Egipto.
57De todos los países venían también a Egipto para proveerse comprando grano a José, porque el hambre cundía por toda la tierra.