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Ap 11, 1-14

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Luego me dieron una caña de medir parecida a una vara, y me dijeron * : «Levántate y mide el Santuario de Dios * y el altar, y a los que adoran en él. 2Deja aparte el patio exterior del Santuario; no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa cuarenta y dos meses * . 3Pero haré que mis dos testigos profeticen durante mil doscientos sesenta días, cubiertos de sayal.» 4Ellos son los dos olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Señor de la tierra * . 5Si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos; si alguien pretendiera hacerles mal, tendría que morir de ese modo. 6Estos dos testigos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva los días en que profeticen; tienen también poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y poder de herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran. 7Pero cuando hayan terminado de dar testimonio, la Bestia que surja del abismo * les hará la guerra, los vencerá y los matará. 8Sus cadáveres quedarán en la plaza de la gran ciudad * , que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, allí donde también su Señor fue crucificado. 9Gentes de diversos pueblos, razas, lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres durante tres días y medio. No estará permitido sepultar sus cadáveres. 10Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan de su muerte, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra. 11Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie , y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban. 12Oí * entonces una voz potente que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Ellos subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos. 13En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó. En el terremoto perecieron siete mil personas * . Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo. 14El segundo ¡Ay! ha pasado. Pero atención, que viene en seguida el tercero * .