2 Cor 4, 7-18
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)7Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea claramente que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros * . 8Vivimos siempre apretados, pero no aplastados; apurados, pero no desesperados; 9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no rematados. 10Llevamos siempre en nuestros cuerpos, por todas partes, la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús * se manifieste en nuestro cuerpo. 11Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente expuestos a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12De modo que la muerte actúa en nosotros, pero en vosotros la vida. 13Está escrito: Creí, por eso hablé . Pues bien, conforme a ese espíritu de fe, también nosotros creemos, y por eso hablamos, 14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él junto con vosotros. 15Y todo esto ha redundado en vuestro provecho, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. 16Todo esto nos ayuda a no desfallecer. Además, aunque nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando día a día. 17En efecto, la leve tribulación de un momento proporciona un desmesurado y rebosante caudal de gloria eterna 18a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles. Pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.