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2 Corintios 4

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Por esto, investidos de este ministerio por la misericordia de Dios, no desfallecemos.

2Antes bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso * , evitando proceder con astucia o falsear la palabra de Dios; al contrario, al manifestar la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana delante de Dios.

3Y si todavía se piensa que nuestro Evangelio está velado, lo está para los que se pierden,

4para los incrédulos. El dios de este mundo * cegó a éstos su entendimiento, para impedir que vean el resplandor del glorioso Evangelio de Cristo, que es imagen de Dios.

5No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús.

6Pues el mismo Dios que dijo ‘Del seno de las tinieblas brille la luz’ la ha hecho brillar en nuestras mentes, para iluminarnos con el conocimiento de la gloria de Dios, que brilla en el rostro de Cristo.

7Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea claramente que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros * .

8Vivimos siempre apretados, pero no aplastados; apurados, pero no desesperados;

9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no rematados.

10Llevamos siempre en nuestros cuerpos, por todas partes, la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús * se manifieste en nuestro cuerpo.

11Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente expuestos a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

12De modo que la muerte actúa en nosotros, pero en vosotros la vida.

13Está escrito: Creí, por eso hablé . Pues bien, conforme a ese espíritu de fe, también nosotros creemos, y por eso hablamos,

14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él junto con vosotros.

15Y todo esto ha redundado en vuestro provecho, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

16Todo esto nos ayuda a no desfallecer. Además, aunque nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando día a día.

17En efecto, la leve tribulación de un momento proporciona un desmesurado y rebosante caudal de gloria eterna

18a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles. Pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.

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