1 Re 2, 13-46
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)13Adonías, hijo de Jaguit, fue donde Betsabé, madre de Salomón. Ella le preguntó: «¿Vienes en son de paz?» Respondió: «Sí.» 14Y añadió: «Tengo algo que decirte.» Ella dijo: «Dilo.» 15Respondió: «Tú sabes que el poder real me pertenecía * y que todos los israelitas tenían puestos los ojos en mí para hacerme rey; pero el poder real me dio la espalda y fue a parar a mi hermano, pues Yahvé lo tenía destinado para él. 16Ahora pues, tengo un único ruego que hacerte, y te pido que no me apartes la cara.» Ella le dijo: «Habla.» 17Él añadió: «Habla, por favor, al rey Salomón, que a ti no te volverá la cara. Dile que me dé por mujer a Abisag, la sunamita.» 18Betsabé contestó: «Está bien. Hablaré al rey en favor tuyo.» 19Betsabé entró donde el rey Salomón para interceder en favor de Adonías. El rey se levantó a su encuentro, hizo una inclinación ante ella y tomó luego asiento en su trono. Dispuso un trono para la madre del rey, que tomó asiento a su derecha * . 20Ella dijo: «Tengo sólo un pequeño ruego que hacerte; no me vuelvas la cara.» El rey contestó: «Expón tu ruego, madre, que no te volveré la cara.» 21Ella continuó: «Que Abisag, la sunamita, sea entregada por mujer a tu hermano Adonías.» 22El rey Salomón replicó a su madre: «¿Por qué pides tú a Abisag, la sunamita, para Adonías? Pide también para él el poder real * , pues, además de ser mi hermano mayor, ya tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia.» 23El rey Salomón juró entonces por Yahvé: «Que Yahvé me castigue una y mil veces, si al decir tal cosa no se ha jugado Adonías la vida. 24¡Por vida de Yahvé, que me ha entronizado y consolidado sobre el trono de David mi padre, y me ha dado una dinastía, tal como había prometido, que Adonías será hoy hombre muerto!» 25El rey Salomón envió a Benaías, hijo de Joadá, que cargó sobre él y lo mató. 26En cuanto al sacerdote Abiatar, el rey le dijo: «¡Ve a Anatot * , a tus tierras! ¡Eres reo de muerte! Aunque, en esta ocasión, no voy a matarte, en atención a que llevabas el arca de mi Señor Yahvé en presencia de mi padre David y que compartiste todas las tribulaciones de mi padre.» 27Salomón destituyó a Abiatar de su función como sacerdote de Yahvé, cumpliendo así la palabra que Yahvé había sentenciado contra la casa de Elí en Siló. 28El rumor de lo sucedido llegó a Joab, quien había tomado partido por Adonías —aunque no por Absalón—. Joab huyó entonces a la Tienda de Yahvé y se agarró a los cuernos del altar. 29Comunicaron al rey Salomón que Joab había huido a la Tienda de Yahvé y que estaba allí, al lado del altar. Salomón envió * a decir a Joab: «¿Qué te sucede, que has huido al altar?» Joab respondió: «He tenido miedo de ti y he huido junto a Yahvé.» Salomón envió a Benaías, hijo de Joadá, con esta orden: «Ve y carga contra él.» 30Benaías entró en la Tienda de Yahvé y le dijo: «El rey ordena que salgas.» Respondió: «No, aquí moriré * .» Benaías llevó la respuesta al rey: «Así ha hablado Joab y así le he respondido.» 31El rey le dijo: «Haz como él ha dicho. ¡Carga contra él y entiérralo! Así apartarás de mí y de la casa de mi padre la sangre inocente, derramada por Joab. 32¡Que Yahvé le haga así responsable de su delito de sangre, por haber cargado contra dos hombres más justos y mejores que él, asesinándolos con la espada —sin que mi padre David supiera nada de ello—: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasá, hijo de Yéter, jefe del ejército de Judá. 33¡Que la sangre de ellos recaiga sobre la cabeza de Joab y la de su descendencia para siempre! ¡Para David, su descendencia, su casa y su trono, haya paz perpetua de parte de Yahvé!» 34Benaías, hijo de Joadá, subió, cargó contra Joab y lo mató. Luego lo enterraron en su casa, en la estepa. 35En su lugar, el rey puso al frente del ejército a Benaías, hijo de Joadá, y estableció al sacerdote Sadoc en el lugar que ocupaba Abiatar. 36El rey mandó llamar a Semeí y le dijo: «Hazte una casa en Jerusalén y vive en ella. No salgas de allí ni vayas a ningún lado. 37Ten por cierto que el día en que salgas y cruces el torrente Cedrón, morirás; y sólo tú serás responsable de tu muerte.» 38Semeí respondió al rey: «De acuerdo. Tu siervo hará como el rey mi señor ha dicho.» Semeí permaneció en Jerusalén por mucho tiempo. 39Pero al cabo de tres años, dos siervos de Semeí huyeron donde Aquis, hijo de Maacá, rey de Gat. Alguien comunicó a Semeí que sus siervos estaban en Gat. 40Semeí se avió: aparejó su asno y marchó a Gat, donde Aquis, en busca de sus siervos. Fue y se trajo de Gat a sus siervos. 41Informaron a Salomón de que Semeí había ido de Jerusalén a Gat y se había traído a sus siervos. 42El rey mandó llamar a Semeí y le dijo: «¿Recuerdas que te hice jurar por Yahvé y te advertí que el día que salieras para ir a cualquier parte podías darte por muerto, y tú asentiste a lo que escuchabas? 43¿Por qué no has mantenido el juramento pronunciado ante Yahvé y la orden que te impuse?» 44El rey añadió: «Tú sabes todo el mal —bien lo recuerdas— que hiciste a David mi padre. ¡Que Yahvé haga recaer toda tu maldad sobre tu cabeza! 45Pero ¡el rey Salomón sea bendito * y el trono de David se mantenga firme por siempre ante Yahvé!» 46El rey dio instrucciones a Benaías, hijo de Joadá, que salió y cargó contra él hasta que murió. El poder real quedó entonces consolidado en manos de Salomón.