Las tres personas no son tres dioses iguales, sino un solo Dios verdadero en tres personas distintas
La Santísima Trinidad
24. Las tres personas no son tres dioses iguales, sino un solo Dios verdadero en tres personas distintas
24,1. Aunque se trata de un misterio no es algo contradictorio, pues las tres personas se identifican en la naturaleza y se distinguen en la personalidad que son puntos de vista distintos.
Las tres Personas son distintas, porque el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo, y el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen del Padre y entre sí.
Pero las tres Personas tienen la misma y única naturaleza divina. La misma grandeza, poder, sabiduría, bondad, santidad, el mismo querer y el mismo obrar, etc. Lo que hace una Persona lo hacen las tres; sin embargo, ciertas actividades parecen más apropiadas a una Persona que a otra: la Creación al Padre, la Redención al Hijo, y la Santificación al Espíritu Santo.
«Conviene no olvidar que estas operaciones, creadora, redentora y santificadora son comunes a las Tres Personas Divinas. Es decir, toda la Trinidad crea, redime y santifica al hombre».
«Las personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad».
No es que entre las tres Personas se repartan la divinidad, el poder, la sabiduría, etc., sino que cada una de las tres Personas tiene toda la divinidad, todo el poder, toda la sabiduría, etc.
Un hijo tiene la misma naturaleza que su padre. Incluso puede tener el mismo nombre y apellido. Pero son dos personas distintas.
Aunque en la Santísima Trinidad, el Hijo y el Padre son consubstanciales, como dice el Credo Niceno-Constantinopolitano.
Esto es un misterio profundo, pero estamos seguros de que es así, porque Dios mismo lo ha dicho, y Dios no puede engañarse ni engañarnos.
La Trinidad es un misterio de amor. El amor es un darse mutuamente para formar un nosotros. En la Trinidad, las Tres Personas se funden por el amor formando una sola naturaleza.
24,2. Los Testigos de Jehová también niegan la Trinidad, diciendo que esta palabra no aparece en la Biblia.
Es verdad que no está la palabra «Trinidad», pero está la doctrina, que se deduce de todo el Evangelio, y que Cristo condensó cuando dijo que había que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Precisamente por expresar esta fórmula la Trinidad, los Testigos de Jehová la eliminan en la administración de su bautismo con lo cual desobedecen a lo que Cristo dijo
«La palabra “persona” no está en la Biblia a propósito de Dios. Pero lo que esa palabra significa se encuentra repetidamente en la Sagrada Escritura».
Tampoco está en la Biblia el nombre de Jehová.
La escritura hebrea no tenía vocales, y el nombre de Dios lo escribían sólo con consonantes: YHWH, conocidas como tetragramatón.
Para poder pronunciarlo, los copistas masoretas le intercalaron las vocales de Adonai = «Señor», que es como llamaban a Dios los hebreos, pues por respeto a Dios no pronunciaban su nombre.
Aunque YHWH se escribía sin vocales, sabemos que se pronunciaba YAHWEH por San Clemente de Alejandría (150-215) y a su discípulo Orígenes que fue catequista del año 203 al 252, ordenándose de sacerdote en su madurez. Ellos se lo oyeron pronunciar a los judíos de Alejandría, que sí pronunciaban el nombre de Dios, en contra de los más rigurosos de Palestina.
Orígenes, en el siglo II, escribió en su Éxapla, a seis columnas, el texto bíblico hebreo consonántico con su equivalente fonético.
Los Testigos de Jehová dicen que el Misterio de la Santísima Trinidad lo hemos copiado del hinduismo, en que las tres divinidades Brahama, Vishnú y Shiva forman una trinidad. Sin embargo, el Padre Ceferino Santos, S.I., explica en su Cátedra de Filosofía Oriental de la Universidad de Comillas en Madrid, que aunque estas tres divinidades se nombran en el Mahabarata y en algunos Puranas antes de Jesucristo, eran divinidades independientes entre sí, e incluso opuestas. La trimurti hindú (triple forma de la divinidad) es algo totalmente diferente de la Trinidad de
la fe cristiana. La trimurti hindú nunca llega a ser una trinidad en sentido cristiano.
Estas divinidades hindúes se relacionan como trimurti a partir del siglo V después de Cristo, probablemente por el influjo de la predicación del apóstol Santo Tomás en la India. Hay testimonios que se remontan al siglo III, de distintas procedencias, de que Santo Tomás evangelizó por la India. Allí fue muerto y su cuerpo está enterrado en la Catedral de Madrás (India).
Es decir, que la verdad histórica es totalmente al revés de lo que andan diciendo los Testigos de Jehová engañando a los incautos que se fían de ellos.
No debes hablar de religión con los Testigos de Jehová, porque con sus mentiras y sofismas pueden hacerte daño. Quien toma veneno se envenena. Ya nos advierte San Juan que no recibamos en nuestra casa al que viene con una doctrina que no es la de Jesucristo.
Los misterios
24,3. «Misterio es toda realidad que desborda nuestras posibilidades de comprender». En nuestra Santa Religión hay algunos misterios incomprensibles para el corto entendimiento humano, pero que debemos creerlos porque han sido revelados por Dios. Y Dios no enseña falsedades. Además, los filósofos y los teólogos demuestran que los misterios de la fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón, es decir, que no son imposibles y absurdos.
Así lo afirmó el Concilio Vaticano I. Ocurre con ellos lo que con otras muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y no sabemos lo que son: el magnetismo nos ofrece no pocos misterios.
«Las ecuaciones de Maxwell, con ser tan portentosas, no nos dicen qué son en sí mismos el magnetismo y la electricidad, sino cómo se comporta la materia, magnética y eléctricamente».
Nadie sabe lo que es la luz. Se la define como «agente físico que hace visible los objetos» pero su naturaleza es desconocida. Su actuación se explica por la doble teoría, corpuscular de Newton y ondulatoria de Huygens, y la teoría del corpúsculo con onda asociada de Schrödinger. Pero la naturaleza de la luz es un tanto misteriosa.
Lo mismo ocurre con la gravedad: la atracción mutua de las masas materiales. Desconocemos su naturaleza. El mismo Newton, que expresó esta atracción en una sencilla fórmula matemática, confesó que él conocía las leyes de la atracción pero no sabía lo que era la esencia de tal atracción.
Recientemente William Hamilton y Warren Johnson, de la Louisiana State University, andan EN BUSCA DE LAS ONDAS GRAVITATORIAS: son un ente teórico, pero los científicos están convencidos de que existen. Ahora sólo falta detectarlas. Nunca se han medido. Nadie las ha visto. Pero los físicos dicen que deben existir. La búsqueda y detección de las ondas gravitatorias es una de las tareas más interesantes de la física moderna.
La Física sólo nos habla de los hechos. Nada nos dice de la esencia de las cosas y de sus últimas causas.
Hay verdades que se conocen por demostración: los ángulos del triángulo valen dos rectos.
Pero otras cosas sólo se pueden conocer por el testimonio de autoridad: el misterio de la Santísima Trinidad.
La vida está llena de misterios. ¿Vamos a extrañarnos de que también los haya en un Dios infinito, que sobrepasa tan totalmente nuestra capacidad intelectual?
Ni la inmensidad del mar cabe en nuestro ojo, ni la de Dios en nuestro entendimiento. Si Dios cupiera en nuestro entendimiento, sería limitado. Dejaría de ser Dios, pues Dios tiene que ser infinito. Nosotros no podemos conocer a Dios del todo con ciencia adecuada y perfecta.
Sería absurdo creer que sólo puede ser verdad lo que cabe en nuestro pequeño entendimiento.
Cuando creemos en los misterios, hacemos un acto de humildad reconociendo que Dios sabe más que nosotros.
Niels Bohr, uno de los primeros científicos que descubrió la estructura del átomo, discutiendo con Einstein, también creyente, le dijo: «No es, ni puede ser, tarea nuestra ordenar a Dios cómo debe Él regir el mundo».
Algunos se dejan llevar de un exceso de racionalismo, que rechaza todo lo que supera la razón.
creer.
Los misterios, ni son exclusivos de la Religión, ni son obstáculo para
Y lo mismo que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo que nos dicen los que entienden de esa ciencia, así en cosas de Religión debemos fiarnos de lo que Dios dice en la Revelación, obra de Dios, aunque nuestro pequeño entendimiento no alcance a comprenderlo perfectamente.
Tampoco una hormiga entiende el ajedrez, y sin embargo el juego del ajedrez es una realidad.
En la Física hay cosas inexplicables, como las supercuerdas, y no por eso el físico reniega de la Física; y en la Medicina hay casos que no tienen solución, y no por eso el médico reniega de la Medicina.
Es decir, en la Religión hay cosas que superan nuestro entendimiento, pero debemos fiarnos de Dios que nos las comunica.
Como aquel negrito del África ecuatorial que no había visto nunca el hielo y por eso no creía al misionero cuando éste le decía que con el frío, a veces, el agua se endurece de tal forma que puede un hombre andar sobre ella sin hundirse.
El negrito no comprendía cómo esto puede ocurrir, pero si le constaba de la honradez del misionero y de que éste sabía lo que decía, debía fiarse de él, aunque su entendimiento no lo comprendiera.
Lo mismo nosotros debemos creer los misterios de la Religión que Dios nos enseña por medio de la Iglesia, divinamente asistida por Él.
«Creo firmemente lo que no veo, porque creo a Aquel que lo ve todo» (Bossuet).
Es decir, que aunque está bien que busquemos las razones que hacen nuestra fe razonable, sin embargo, no creemos porque a nosotros nos parezca razonable, sino porque nos fiamos de la Ciencia y Veracidad de Dios, y aceptamos confiadamente todo cuanto Él nos diga.
Con todo, en el cielo entenderemos claramente todos los misterios que ahora no entendemos.
Quizás nuestro entendimiento no sepa resolver algunas cosas, pero eso no significa que no tengan explicación.
«El movimiento se demuestra andando».
Los sabios griegos Parménides y Zenón decían que el veloz Aquiles nunca atraparía la tortuga, pues en el tiempo que él tardaba en llegar a ella, ésta ya se había desplazado algo.
Y así sucesivamente.
Pero la experiencia demostró su falacia.
Y es que hay cosas que son verdad, aunque no sepamos explicarlas.
Nos ocurre como a una persona que sólo conoce superficies planas e ignora lo que es una esfera: no puede comprender que avanzando por el meridiano de una esfera, sin retroceder, se llega al punto de partida.
Es ridículo negar una realidad porque supera nuestro nivel de conocimiento.
«Aristóteles describía las estrellas como agujeros por los cuales se divisaba la luz resplandeciente del empíreo».
Nosotros ponemos la televisión y no entendemos como la antena en el tejado de mi casa me permite ver al locutor del telediario que está en Madrid.
Todos usamos la tarjeta de crédito, y no entendemos su técnica.
Es utópico pretender entender todo lo que usamos.
24,4. El misterio de que hay un solo Dios y tres Personas distintas se llama Misterio de la Santísima Trinidad. Aunque no podamos entenderlo perfectamente, podemos, sin embargo, aclararlo con comparaciones.
El agua puede estar en tres estados (sólido, líquido y gaseoso) sin perder su misma naturaleza: HO.
Tres cerillas unidas tienen una sola llama: cada cerilla tiene llama, pero no son tres lamas, sino una sola.
En un triángulo cada ángulo abarca todo el triángulo, sin embargo los tres ángulos son distintos. Etc., etc., etc.
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