Jesucristo está ahora glorioso en el Cielo y en el sagrario
La Eucaristía
45. Jesucristo está ahora glorioso en el Cielo y en el sagrario
45,1. Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía.
La eucaristía es la última prueba del amor de Dios a los hombres.
Amar es dar: Dios nos lo ha dado todo con la CREACIÓN.
Amar es comunicarse: Dios se nos ha comunicado con la REVELACIÓN.
Amar es hacerse semejante al amado: Dios se ha hecho uno de nosotros en la ENCARNACIÓN.
Amar es sacrificarse por el amado: Dios nos ha dado su vida en la REDENCIÓN.
Amar es obsequiar al amado: Dios nos da el supremo bien de la SALVACIÓN.
Amar es acompañar al amado: Dios se ha quedado, PARA SIEMPRE, a nuestro lado en la EUCARISTÍA.
El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave.
Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita.
Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.
45,2. Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas.
Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo.
Las imágenes no se adoran, se veneran.
Adorar es poner un ídolo en el lugar de Dios, remplazándolo. La adoración sólo es para Dios.
Venerar es reconocer el valor que tiene para mí alguien o algo, por lo cual merece nuestro respeto.
Yo venero a mis padres y a mi patria, pero no por eso los adoro. Adoro sólo a Dios.
A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos.
Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría.
Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.).
A los santos se les tributa culto de dulía, como de intercesores ante Dios.
La adoración sólo se tributa a Dios.
Por eso, en el Imperio Romano, muchos cristianos fueron mártires por no querer adorar a los ídolos.
El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia.
La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa.
Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona.
La idolatría se dirige a la imagen misma como a un dios.
Dice el Concilio II de Nicea: «el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella».
Y el Concilio de Trento: «Deben tenerse y conservarse en los templos las imágenes, y tributarles el debido honor y veneración (...) porque el honor que se les tributa se refiere a los originales que ellas representan».
«Las imágenes son el libro del pueblo», decía San Juan Damasceno.
Lo mismo que las catedrales son «libros de piedra para catequizar a un pueblo que no sabía leer».
El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos.
Pero desde que Cristo se hizo «la imagen visible del Dios invisible», como dice San Pablo, es lógico que lo representemos para darle culto.
Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos, que adoraban los ídolos como si fueran dioses.
Ese peligro no existe actualmente, por eso el mandato ya no vale hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión, y la pena de muerte para los adúlteros
El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo.
Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes. «Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes».
Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno: «Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros».
Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.
45,3. Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda. Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:
«Señor: Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero. Te amo sobre todas las cosas. Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido. Te pido por todo por todas mis intenciones. Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén». No has tardado ni un minuto.
Y si tienes tiempo, el P. Jesús María Granero S.I. te sugiere que digas: «Señor, lo necesito todo; pero no te pido nada. Vengo a estar contigo».
Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda.
Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.
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