Es mejor la contrición perfecta, pues con propósito de confesión y enmienda, perdona todos los pecados, aunque sean graves
Los Mandamientos
83. Es mejor la contrición perfecta, pues con propósito de confesión y enmienda, perdona todos los pecados, aunque sean graves
83,1. Cuando uno, en peligro de muerte, está en pecado grave y no tiene cerca un sacerdote que le perdone sus pecados, hay obligación de hacer un acto de perfecta contrición con propósito de confesarse cuando pueda.
El acto de contrición le perdona sus pecados, y si llega a morir en aquel trance, se salvará.
Si se arrepiente sólo con atrición, no consigue el perdón de sus pecados graves, a menos que se confiese, o reciba la unción de los enfermos.
Se salvarían muchos más si se acostumbraran a hacer con frecuencia un acto de contrición bien hecho.
Deberíamos hacer un acto de contrición siempre que tengamos la desgracia de caer en un pecado grave. Así nos ponemos en gracia de Dios hasta que llegue el momento de confesarnos.
Deberíamos hacer actos de arrepentimiento cada noche, y cada vez que caemos en la cuenta de que hemos pecado.
Dios está deseando perdonarnos. Pero si no le pedimos perdón, no nos puede perdonar. Sería una monstruosidad perdonar una falta a quien no quiere arrepentirse de ella. «De Dios no se ríe nadie».
El verdadero arrepentimiento incluye el pedir perdón a Dios. «No sería sincero nuestro arrepentimiento si pretendiésemos despreciar el modo ordinario establecido por Dios para perdonarnos».
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