El quinto mandamiento de la ley de Dios es: No matarás
Los Mandamientos
67. El quinto mandamiento de la ley de Dios es: No matarás
67,1. Este mandamiento ordena no hacer daño a la propia vida o a la de otros con palabras, obras o deseos (odio); es decir, querer bien a todos y perdonar a nuestros enemigos.
El desear la muerte a sí mismo o a otro, es pecado grave, si se hace por odio o desesperación rebelde.
«El odio es incapaz de liberar a nadie. El odio sólo sirve para fomentar el odio, y en la historia humana nadie ha conseguido ser libre gracias al odio. El odio nunca está justificado para un cristiano».
«Para ser feliz hay que tener el corazón en paz. El que odia no vive feliz. El odio hace daño al que odia. Ese rencor le destruye por dentro».
Las riñas, los insultos, las injurias, etc., pueden, a veces, llegar a ser pecado grave si se desea en serio un mal grave a otro, si se falta gravemente a la caridad, y si son la exteriorización del odio.
Pero de ordinario no lo son, ya sea por inadvertencia, ya porque no se les dé importancia, etc.
Cuando dos riñen, de ordinario cada uno tiene la mitad de la razón y la mitad de la culpa; pero cada cual mira la parte que él tiene de razón y la que el otro tiene de culpa. Por eso no se ponen de acuerdo.
Las riñas empiezan generalmente por pequeñeces, pero con el calor de la discusión se van desorbitando hasta terminar en enemistades profundas..., y, a veces, en crímenes.
Lo mejor en las riñas es cortarlas desde el principio sin permitir que adquieran grandes proporciones.
Y si uno se encuentra de mal humor, seguir el consejo de aquel inglés que contaba hasta diez antes de contestar.
Con calma y con sensatez se evitarían muchas riñas nacidas generalmente por pequeñeces.
Si estás airado, calla. Aunque tengas tú la razón.
Dirás más de lo que quisieras, y luego te pesará.
Nunca te arrepentirás de haber callado.
En cambio, ¡cuántas veces quisieras poder sujetar las palabras que lanzaste a volar! Y esto ya no es posible.
Un diálogo sincero es difícil.
Hay que aprender a dialogar.
Hay que saber descubrir la parte de verdad que hay en el punto de vista del otro. Ponerse en equilibrio no es buscar el término medio, sino buscar la verdad completa que puede surgir de lo que aporta cada parte.
67,2. La venganza personal no está permitida en ningún sentido. Cristo la prohibió. Porque si fuese permitida, no se podría vivir en el mundo. Todos nos creeríamos con derecho a vengarnos de alguien.
No: hay que perdonar a los enemigos, y dejar que Dios los castigue en la otra vida, y la Autoridad Pública en este mundo. Como dice San Pablo, hay que saber «vencer al mal con el bien».
«Tal vez, la afirmación más radical que hizo Jesús fue: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso».
»Jesús describe la misericordia de Dios no sólo para mostrarme lo que Dios siente por mí, o para perdonarme los pecados y ofrecerme una vida nueva y mucha felicidad, sino para invitarme a ser como Dios, y para que sea tan misericordioso con los demás como lo es Él conmigo».
«Con frecuencia aquellos que no perdonan a sus semejantes cometen los mismos pecados que critican». Es necesario saber perdonar a las personas que nos hayan ofendido. «La experiencia enseña que quien descuida la oportunidad de hacer bien a su prójimo porque ha sido anteriormente ofendido por él, suele ser también culpable». Es, desde luego, indispensable estar dispuestos a conceder el perdón si nos lo piden, quedándonos satisfechos con una moderada reparación. Quien niega el perdón a su hermano, es inútil que espere el perdón de Dios. En el Padrenuestro tiene su sentencia: como él no perdona, tampoco Dios le perdonará. Lo dijo Jesucristo.
Y no seamos fáciles en echar al otro toda la culpa. Ordinariamente la culpa hay que repartirla entre los dos. Uno fue el que empezó, pero el otro contestó con ofensa más grave. Si los dos están esperando a que sea el otro el que se adelante a pedir perdón, la cosa no se arreglará nunca. El que sea más generoso con Dios, es el que debe tomar la iniciativa.
Cristo habla de poner la otra mejilla. Es una fórmula oriental hiperbólica, para dar a entender que debemos estar dispuestos al perdón; pero no es para que lo entendamos al pie de la letra. El mismo Cristo al ser abofeteado no puso la otra mejilla, sino que respondió con toda energía, verdad y dominio propio: «Si he respondido mal, muestra en qué; mas si bien, ¿por qué me hieres?». Si la culpa ha sido nuestra, tenemos obligación de pedir perdón de alguna manera. Pero incluso aunque sea claro que toda la culpa es del otro, da una muestra de virtud el que se adelanta a otorgar el perdón, por ejemplo, dirigiéndole amablemente la palabra, ofreciendo un servicio, reanudando el saludo, etc. Durante un tiempo puede manifestarse el disgusto, por ejemplo, con una actitud más seria y distanciada; pero esto no debe durar indefinidamente.
Salvo en algunos casos excepcionales de ofensas gravísimas, es muy de aconsejar que al cabo de cierto tiempo se reanuden los saludos ordinarios entre gente educada.
Negar el saludo no es cristiano. Si el otro no contesta allá él; pero que la cosa no quede por tu parte.
Cuando han fracasado ya varios intentos de reconciliación, o el otro se niega obstinadamente a devolver el saludo, o si parece cierto que nuestro esfuerzo por la reconciliación puede ahondar la mala voluntad del otro, será mejor esperar otra ocasión.
Pero no abandonar el deseo de reconciliación, ni escudarse en esta dificultad para no reconciliarse, por no desearlo.
Nuestra voluntad de reconciliación debe ser sincera.
Si el otro no quiere saludarnos o hablarnos, nosotros debemos estar dispuestos a hablarle cuando él lo desee, y saludar cuando él nos salude.
Adelantarse a reanudar el saludo es una prueba de virtud superior.
A veces puede facilitar la reconciliación la ayuda de una tercera persona.
Eso de «piensa mal y acertarás», aunque a veces dé resultado es poco cristiano
Es mucho mejor eso de «piensa bien mientras no tengas motivos para pensar mal».
«Si una persona fomenta sospechas poco caritativas, no tardará en manifestar también con palabras los pensamientos poco amables».
Distingue, con todo, entre el rencor admitido, y un cierto distanciamiento para evitar el chocar de nuevo.
Y también entre el sentimiento de la ofensa y el resentimiento admitido voluntariamente. Aunque la ofensa recibida nos duela, no podemos desear mal a nadie.
Esta voluntad de perdonar puede unirse a un sentimiento inevitable de la ofensa recibida.
Muchos se refieren a este sentimiento cuando dicen que no pueden perdonar. Es posible que la serenidad de espíritu, después de la ofensa, requiera un tiempo mínimo para sobreponerse al dolor.
Una prueba de esta sincera buena voluntad sería orar por el ofensor, nunca hablar mal de él, y pedir a Dios la gracia de saber perdonar.
Cuando tengas antipatía por una persona, pide por ella.
Y cuando tengas ganas de desearle algo malo, reza por ella un Padrenuestro. Dice Jesucristo «rogad por los que os persiguen».
«El Señor nos pide que perdonemos, pero jamás nos ha pedido que deseemos hacerlo. (...) Si esperas que aparezca en ti el instinto natural de perdonar, esperarás mucho tiempo».
A veces se oye decir: «yo perdono, pero no olvido».
El olvidar puede ser difícil. No depende de nuestra voluntad. Uno puede perdonar de corazón y no poder evitar el recuerdo. Esto no se opone al amor que Jesucristo manda a nuestros enemigos.
Lo que Cristo manda no es un amor sensible, pues esto no se puede mandar, no depende de nuestra voluntad. Se trata de un amor de benevolencia, un amor desinteresado, un amor que devuelve bien por mal, que hace el bien al que nos hace daño, independientemente de nuestros sentimientos. Un amor efectivo, no afectivo. Un amor dispuesto a hacer un servicio al que nos ofendió.
Si el que consideramos nuestro enemigo estuviera en una necesidad grave, y no pudiera salir de ella, sin nuestro especial auxilio, tenemos obligación de ayudarle, porque en estos casos hay obligación de atender al prójimo, aunque sea enemigo.
No es odio a una persona odiar lo que hay de malo en ella, o el mal que nos causa injustamente a nosotros o a otros.
El amor a nuestros enemigos que pide el Evangelio, no obliga a la amistad con ellos, sino que prohibe el odio y la venganza, o el desearles algún mal; y manda tener un deseo de reconciliación. «El ofendido está obligado siempre a perdonar al ofensor que le pide perdón, en forma directa o indirecta. Si se niega a hacerlo, comete un grave pecado contra la caridad, y regularmente no podrá ser absuelto mientras continúe en su obstinación».
Por supuesto que es lícito exigir una reparación del daño recibido, pero no por odio ni por venganza, sino por deseo de justicia.
La buena voluntad de perdonar de corazón a los que nos han ofendido no excluye utilizar todos los medios justos para que se haga justicia.
Es verdad que hay personas que son indignas de nuestro perdón; pero nosotros no perdonamos porque ellas lo merezcan, sino porque lo merece Jesucristo, que es quien nos lo pide. Para eso nos dio Él su ejemplo. Fue mucho más ofendido que nosotros, y sin embargo perdonó. No sólo en su corazón, sino que lo manifestó exteriormente. El perdón de Cristo en la cruz es el modelo que debemos imitar. Las almas generosas tienen en esto un inmenso campo de perfección y santificación.
«El mundo de los hombres no puede hacerse cada vez más humano si no introducimos el perdón -que es esencial en el Evangelio- en las relaciones de unos con otros».
Lo maravilloso del perdón no es que liberemos al otro de una culpa, sino que nos liberamos a nosotros de un resentimiento.
67,3. Al prójimo se le puede matar en tres casos: en la guerra justa, en defensa propia y en la justa aplicación de la pena de muerte. El mandato divino "No matarás" significa que nadie puede matar sin motivo y sin razón. Pero hay circunstancias en las que hay una justificación.
1) En la guerra justa.
La guerra no puede ser nunca un medio normal para la solución de conflictos. «Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras».
Según los moralistas, para que la guerra sea justa se deben cumplir varias condiciones:
a) Imposibilidad de solución pacífica.
b) Causa justa, como sería legítima defensa, mientras no haya una autoridad supranacional competente y eficaz.
c) Que la decisión sea tomada por la autoridad legítima a quien corresponde velar por el bien común de la nación.
d) Intención recta buscando la justicia y no la venganza.
e) Que sean superiores los bienes que se van a conseguir a los males que se pueden producir.
«La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están al cargo del bien común».
«Los poderes públicos tienen, en este caso, el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional», «pero atenderán equitativamente el caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana».
«Una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia, y otra muy distinta querer someter a otras naciones».
Buscar la guerra es absurdo. Pero rehuirla por principio puede ser cobardía ante la injusticia.
El creyente obra con rectitud mientras luche por implantar la justicia en el mundo.
La paz es el ideal del hombre: pero esta paz debe ser obra de la justicia. Un pacifismo conformista con la injusticia no es cristiano. El buen cristiano no puede desinteresarse del bien común de la sociedad.
El peligro de una tercera guerra mundial que podría destruir la humanidad por el armamento de que hoy dispone el hombre, hace deseable un desarme internacional. Pero para que esto sea eficaz tiene que ser de ambos bloques, y con posibilidades de mutua vigilancia.
Aunque la guerra sea justa, «no todo es lícito entre los contendientes». Debe respetarse la ley moral y el derecho de gentes.
«Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes son crímenes».
«Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios».
2) En defensa propia se puede matar cuando alguien quiere matarnos injustamente, o hacernos un daño muy grave en nuestros bienes, equivalente a la vida; si no hay otro modo eficaz de defenderse.
No es necesario esperar a que él nos ataque. Basta que nos conste que él tiene un propósito decidido de matarnos, y sólo está esperando el momento oportuno para hacerlo; y no hay otro modo de salvar la vida que adelantarse y atacar primero.
Esto en el terreno moral, independientemente de la ley civil.
Lo que se permite en defensa propia se autoriza igualmente en pro del prójimo injustamente atacado. La caridad fraterna puede obligar a esto, pero no a exponer la propia vida, a no ser que se trate de parientes cercanos o esté uno obligado por contrato (guardias, policías)37.
«Éstas son las condiciones para que pueda hablarse de legítima defensa:
- Debe tratarse de un mal muy grave, cual es, por ejemplo, el peligro de la propia vida, la mutilación o heridas graves, la violación sexual, el riesgo de la libertad personal, la pérdida de bienes de fortuna desmedidos, etc.
- Que sea un caso de verdadera agresión física.
- Que se trate de un daño injusto. Por ejemplo no sería lícito defenderse de un policía, hasta producirle la muerte, pues el agente, normalmente, actúa en cumplimiento de su deber.
- Para defenderse no hace falta que el agresor lo haga de modo voluntario y consciente. Por eso es lícito contra un borracho o un loco.
- Que no haya otro modo eficaz de defenderse.
El obispo de Mérida-Badajoz D. Antonio Montero escribió en el ABC (6-II-2003) un artículo donde decía que también sería lícita la guerra para corregir infracciones graves y duraderas del derecho natural.
3) La Autoridad Pública puede imponer la pena de muerte al criminal para defender a los demás. Dice la Biblia: «Aquel que derrame sangre de hombre, debe morir». «El que mata a otro voluntariamente sea castigado con la muerte».
«Es de notar que el verbo del original hebreo es “rasach”, que significa la muerte del inocente. Por eso habría que traducirlo: “No causarás la muerte de un hombre inocente”.
»Para otra clase de muertes la Biblia emplea los términos “harag” y “hemit”.
Salvador de Madariaga, conocido intelectual que murió a los 92 años en Lugano, Suiza, escritor internacional y ministro de la República en 1934, dice: «La pena de muerte no será necesaria el día que la supriman primero los asesinos».
«En un año murieron en España más de cien víctimas del terrorismo. Si se hubiera ejecutado al criminal al primer asesinato, no hubieran muerto todos los demás asesinados. Algún terrorista asesinó más de diez veces. No es deseable la muerte de nadie, pero si para que no mueran los inocentes es necesario ejecutar a los asesinos, puede ser esto una exigencia del bien común».
En las Navidades de 1986 hubo 62 muertos en un avión Boeing 737, secuestrado por un grupo de terroristas.
El 19 de julio de 1987, una bomba terrorista produjo 20 muertos en un hipermercado de Barcelona.
No se comprende por qué los criminales pueden aplicar la pena de muerte a un inocente, y los jueces no puedan aplicar la misma pena a los asesinos culpables.
Se supone, naturalmente, una culpabilidad claramente demostrada.
Lo mismo que es lícito matar a un injusto agresor en defensa propia, la Autoridad puede aplicar la pena de muerte para defender la vida de los inocentes.
«La Autoridad tiene el deber de defender la vida de los ciudadanos inocentes»
«Los que tienen autoridad legítima, tienen también el derecho de usar las armas para rechazar a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad».48
La legítima defensa propia es aceptada por todo el mundo. Con la pena de muerte la Autoridad defiende a los inocentes, siempre expuestos a caer en manos de los criminales.
Se trata de casos extremos en los que le pena de muerte sea el único modo eficaz de defender la vida de personas inocentes de un injusto agresor.
El psico-pedagogo Dr. Bernabé Tierno dice: «Existe la figura del sanguinario sin retorno, del maligno retorcido y mala sangre incorregible que necesita hacer daño, desea el mal ajeno y disfruta con el sufrimiento que causa. (...) Difícilmente puede tener recuperación un ser demoníaco que disfruta segando vidas ajenas. (...) La sociedad tiene un grave problema en decidir lo que debe hacer con individuos así, cuyo objetivo es matar. (...) Está claro que la sociedad debe impedir, a toda costa, que estos individuos vuelvan a saciar su sed de matar».
«Por eso el 73% de los británicos son partidarios de la pena de muerte para los terroristas, según un sondeo de opinión de Harris».
Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, la mitad de los españoles está a favor de la pena de muerte para los terroristas y asesinos.
En Estados Unidos se ha restablecido la pena de muerte en muchos Estados.
No es lo mismo el que mata en un arrebato pasional que el profesional del crimen. Un asesino es un peligro para las personas inocentes.
La cadena perpetua puede no bastar, pues los asesinos se pueden fugar. A veces de modo espectacular.
En 1986 se fugó de la cárcel de La Santé, de París, Michel Baugour, en un helicóptero alquilado y pilotado por su novia Nadine.
Tres presos se fugaron de una cárcel de Marsella en un helicóptero que aterrizó en un patio de la cárcel a las cuatro y media de la tarde. Se da la circunstancia de que en ese mismo sitio se produjo una evasión similar en julio de 199255.
En Alemania un preso se fugó en un tanque que robaron sus amigos y entró en la cárcel derribando la puerta.
En Copenhague (Dinamarca) doce presos se escaparon de la cárcel al ser derribada parte del muro de la prisión por una excavadora manejada por un cómplice de los presos.
A primeros de mayo de 1982, se fugó de la cárcel central de Lovaina, considerada como de alta seguridad, Freddy Horion, a quien se le había conmutado por cadena perpetua la pena de muerte a la que había sido condenado por haber asesinado a cinco personas miembros de una familia
Dos terroristas, se fugaron de la cárcel de San Sebastián, escondidos en los altavoces de un cantante que había actuado en la cárcel.
De la cárcel de «máxima seguridad» Can Brians, considerada la más moderna de Cataluña, en menos de dos meses se fugaron nueve reclusos.
O que un preso que no vuelva a la cárcel después de un permiso de fin de semana, como uno que no volvió al Penal de Ocaña, donde cumplía 36 años de condena, y que al ser reconocido disparó sobre dos policías que iban a detenerle, matando a los dos.
Una niña de nueve años vallisoletana, fue violada y asesinada por un recluso que salió de la cárcel con permiso.
Un recluso que cumplía condena por robo con homicidio, en un permiso carcelario asesinó a dos jóvenes. Otro preso en régimen abierto asesinó a una mujer en Madrid.
En un sólo día se fugaron de las cárceles españolas cinco reclusos que disfrutaban permisos de fin de semana.
Según los datos del gobierno, desde el 1º de enero de 1982 hasta el 1º de octubre de 1988, cinco mil setenta y cuatro presos no regresaron después de sus permisos.
Cuatro de cada cien presos aprovechan los permisos para no regresar a las prisiones.
«Dos presos peligrosos se fugan en Barcelona cuando iban a jugar al fútbol en una salida. Uno de ellos cumplía condena de treinta años. En dos meses se fugaron más de una docena de presos, en Cataluña, durante los permisos. Entre 1990 y el 2000 no volvieron a la cárcel, tras salir de permiso, 1.361 reclusos».
Otras veces los terroristas secuestran a un inocente exigiendo la liberación de sus compañeros encarcelados bajo la amenaza de asesinar al secuestrado: dos hechos próximos y contrarios son iluminadores.
En Italia, donde no hay pena de muerte, los secuestradores, seguros de que sus compañeros en prisión no perderían la vida, asesinaron a su rehén Aldo Moro. En cambio en Francia, donde hay pena de muerte, el industrial Jean Eddouard Empain, fue liberado por sus secuestradores, a
los dos meses de cautiverio, al ser amenazado con la guillotina el jefe de la banda de secuestradores Alain Caillol, que estaba en prisión.
En diciembre de 1984, los secuestradores de un avión de las líneas aéreas kuwaitíes, mataron a cinco pasajeros para obligar al gobierno de Kuwait a soltar trece presos condenados por diversos actos de terrorismo.
Unos terroristas paquistaníes secuestraron un avión de las líneas aéreas de la India con la amenaza de matar a los ciento cincuenta y cinco pasajeros si no liberaban al jefe de la banda que estaba en una cárcel de la India. Después de una semana de negociaciones, en la que los pasajeros no salieron del avión, los terroristas lograron su objetivo.
«La pena de muerte sigue en vigor en la mayor parte del mundo».
De los ciento sesenta estados independientes que hay en el mundo, sólo una veintena han abolido la pena de muerte de su ordenamiento jurídico.
Hay que advertir que la «pena de muerte no supone el derecho a matar a un inocente, sino el derecho a ejecutar a un culpable». «Debe constar con toda certeza su culpabilidad criminal, por lo irreparable de una equivocación».
Hay que poner todos los medios para que la condena sea justa.
Aunque siempre queda un peligro de error.
Pero si no actuamos cada vez que haya peligro de error, nunca podríamos hacer nada.
Hay que valorar los «pros» y «contras», y actuar en consecuencia.
La conveniencia o no de la abolición de la pena de muerte es un «problema complejo y polémico, y no pueden esperarse respuestas nítidas ni definitivas».
Hoy existe una corriente ideológica contraria a la pena de muerte. Por eso la Comisión Social de los Obispos franceses ha publicado un comunicado en enero del 78 en pro de la abolición de la pena de muerte en Francia.
Sin embargo reconocen que no son ilícitas las «disposiciones de un código penal que impone la pena capital con el fin de proteger a la sociedad».
«En la doctrina de la Iglesia Católica, normalmente se admitió la legitimidad de la pena de muerte según la doctrina de Santo Tomás que afirmaba que la pena de muerte “es legítima y necesaria para la conservación del orden”. Lo mismo opinaban autores como Molina, Vitoria, Báñez y Soto. Afirman que la sociedad tiene derecho a quitar la vida a sus miembros cuando son incompatibles con el bien social».
Juan Pablo II, en la Encíclica Evangelium vitae dice que no se debe llegar a esta medida extrema sino en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica señala que esos casos «son hoy muy raros, incluso prácticamente inexistentes».
«En definitiva, no deben confundirse dos planteamientos esencialmente diversos: el de la licitud moral de la pena de muerte y la cuestión práctica de su aplicación. Tanto la razón natural cuanto la doctrina revelada y magisterial admiten la licitud fundamental de dicha pena. Otra cosa es, en cambio, la opinión prudencial que puede dictaminar en alguna circunstancia histórica que debería renunciarse a su aplicación en un Estado y en un tiempo determinados. Lo que decida en cada tiempo y lugar la aplicación o la supresión de la pena de muerte ha de ser exclusivamente las exigencias del bien común».
«La Iglesia no ha condenado la ejecución de un criminal, de acuerdo con la ley, y por la autoridad convenientemente constituida».
Podríamos resumir la doctrina católica sobre la pena de muerte de esta manera:
1. - Todo el mundo tiene derecho a la defensa propia de un injusto agresor.
2. - La AUTORIDAD PÚBLICA tiene obligación de defender la vida de los ciudadanos inocentes.
3. - Si la única manera eficaz de conseguirlo es la pena de muerte, es lícito aplicarla.
4. - Con tal de que la culpabilidad del asesino sea clara, para evitar equivocaciones.
5. - La cadena perpetua no es siempre eficaz, pues hay asesinos de profesión; y muchos se escapan de la cárcel.
6. - La aplicación de la PENA DE MUERTE debe reducirse a casos extremos.
7. - La oportunidad o no de su aplicación es opinable entre los católicos.
8. - Antes de su aplicación debe darse al reo oportunidad de arrepentirse y pedir perdón a Dios de su culpabilidad.
9. - Si no es un caso de agresión actual, la aplicación debe ser derecho exclusivo de la AUTORIDAD PÚBLICA.
67,4. El respeto a la vida propia y ajena nos obliga a considerar la importancia del cumplimiento del Código de la Circulación.
Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: «Quienes en estado de embriaguez o por afición inmoderada de velocidad ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables».
Infracciones, al parecer pequeñas, pueden originar accidentes graves.
Se puede pecar por ponerse en peligro de hacer daño al prójimo, y también por exponer la propia vida sin causa justificada.
Incluso se puede pecar contra la caridad al poner al prójimo en una situación difícil que le haga perder la serenidad, aunque uno tenga seguridad en sí mismo.
El pecado se comete desde el momento en que alguien se sienta al volante sin ánimo de esmerarse en el cumplimiento del Código.
Quien habitualmente comete imprudencias e incorrecciones muestra que no tiene este ánimo, o que carece de cualidades de conducir.
En este caso, debería abstenerse de coger el volante.
Es irresponsable el que corre a excesiva velocidad, el que lleva el automóvil en mal estado, y el que conduce en condiciones físicas o morales inadecuadas.
«Nadie debe intentar conducir si está agitado emocionalmente».
Dice Mons. González Moralejo, Obispo de Huelva: «Quien después de haber sido causa, culpable o no, de un accidente, quiere evitar toda responsabilidad y se da a la fuga, contrae una seria culpa moral, y está obligado ante su conciencia y ante Dios a reparar en justicia toda clase de daños causados por uno y otro motivo.
»Sería un verdadero crimen dejar morir en condiciones extremadamente lastimosas y desesperadas a personas que con un socorro inmediato hubieran podido ser salvadas».
Según las normas de los socorristas, hay heridos que sólo deben ser trasladados en ambulancias.
Por eso no siempre es recomendable recoger a un herido.
Pero siempre se debe avisar a una ambulancia.
67,5. Es un pecado grave contra este mandamiento el aborto. Se llama aborto la interrupción del embarazo cuando el feto todavía no puede sobrevivir fuera del seno materno.
Puede ser interesante mi vídeo El aborto: asesinato de inocentes.
El Artículo 15 de la Constitución Española nos dice: «Todos tienen derecho a
la vida». Cuando decimos «derecho a la vida», estamos diciendo que es un derecho a su protección.
Provocar el aborto directamente es un homicidio, porque el feto es un nuevo individuo plenamente capaz para lograr su desarrollo completo. De la unión del óvulo con el espermatozoide nace un nuevo ser humano, una célula diferente con doble herencia: 23 cromosomas del padre y 23 de la madre.
Por eso, ese nuevo ser es persona humana racional, aunque no ejercite su racionalidad, bien porque todavía no se ha desarrollado (fetos), o porque ha perdido el uso de razón (ancianos). Pero persona humana desde la concepción hasta la muerte. Y la dignidad de ser persona concede a toda naturaleza humana los mismos derechos.
Como la vida de una persona comienza con la concepción, el aborto provocado es un crimen.
El Concilio Vaticano II lo llama: «crimen abominable».
Es un asesinato de lo más cruel y cobarde, pues el asesinado es un ser inocente e indefenso que no puede huir, ni siquiera gritar para protestar de la injusticia que se comete con él.
Las generaciones del futuro no comprenderán que en nuestro tiempo se permita a las madres que maten a sus hijos. Nos llamarán «generación asesina».
Los abortistas se molestan si se les llama asesinos; pero, ¿qué otro nombre podemos dar a los que han condenado a muerte a cuarenta millones de seres inocentes?
Y añaden: «La Iglesia es cruel, porque a los que cargan con el trauma de haber abortado, les añade el trauma de la excomunión». Este razonamiento es absurdo. Sería como querer quitar la policía para no preocupar a los terroristas.
Defender a los abortistas es como defender a los terroristas que matan, y despreocuparse de las víctimas. Permitir el aborto para evitar el peligro de las mujeres que abortan clandestinamente es lo mismo que permitir los asesinatos para no poner en peligro la vida de los asesinos.
El Dr. Jerónimo Lejeune, uno de los más brillantes investigadores franceses, Catedrático de Genética en la Universidad de la Sorbona de París, y Director del Centro Nacional de Investigación Científica, que cuenta en su haber profesional con los más importantes premios científicos, y es miembro de las Academias de Ciencia de Suecia, Inglaterra y Estados Unidos, dice: «Esta primera célula, resultado de la concepción, es ya un ser humano». Tiene los 46 cromosomas propios de la especie humana. En otra ocasión dijo: «Aceptar que después de la concepción un nuevo ser humano ha empezado a existir, no es ya cuestión de gusto o de opinión, sino una evidencia experimental».
Sigue diciendo el Dr. Lejeune: «Si el embrión no es desde el primer momento un miembro de nuestra especie, no llegaría a serlo nunca. Decir que no es un hombre, es lo mismo que decían los nazis: “un prisionero no es un hombre”».
Lo mismo se decía en una de las conclusiones de la Conferencia Internacional sobre el Aborto, celebrada en Washington donde participaron expertos en varios campos de la Medicina.
Pero además el aborto es ilícito incluso en el caso de duda.
Si me dan un paquete para que lo tire al mar diciéndome que es un gato muerto, pero yo sospecho que es un niño vivo, no puedo tirarlo al mar, antes de salir de la duda.
Y si lo hago sin estar seguro de que no es un niño vivo, y resulta que lo es, soy responsable de un homicidio.
Pues bien, en Teología se dice que hay un nuevo ser humano desde el primer momento de la concepción. Y los médicos confirman esta afirmación. «El zigoto es vida humana desde el principio, aunque no es vida humana individual hasta el momento en que el blastocito se diferencia y se consolida en uno o más embriones», ha dicho Federico Mayor Zaragoza, Director del Centro de Biología Molecular.
«Desde el comienzo del proceso embrionario nos encontramos con una individualidad genética distinta y diferenciada de la de los padres».
El código genético contiene las características humanas e individuales del nuevo ser. Todo lo que cada individuo humano posee de único, singular e irrepetible a lo largo de toda su historia, está ya presente en su código genético. «La persona humana está en el embrión con todas sus potencialidades, que se irán desarrollando a lo largo de su existencia».
Por eso la Asociación de Ginecólogos de Suecia ha pedido que al feto se llame niño, «para llamar a las cosas por su nombre, pues abortar un feto es matar un niño».
El Profesor Juan Ramón Lacadena, Catedrático de Genética de la Universidad Complutense de Madrid, en el Primer Congreso Internacional de Bioética de España, dijo que «la nueva vida comienza en el momento en que el espermatozoide entra en el óvulo».
El Dr. José Hernández Yago, Presidente de la Sociedad Valenciana de Bioética, ha dicho que el descubrimiento del genoma humano demuestra «inequívocamente que en el momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide surge un ser humano con todo el genoma completo».
El biólogo Jean Rostand afirma: «La individualidad humana comienza en el momento de la concepción».
EL Dr. Ramiro Rivera, Presidente del Consejo General de los Colegios Médicos de España, dice: «Para un médico es indiscutible que desde el momento de la fecundación tenemos un nuevo ser humano».
El Dr. D. José Botella, Presidente de la Real Academia de Medicina y Catedrático de Ginecología en la Universidad Complutense de Madrid, en un artículo titulado El derecho a nacer, publicado en el diario YA, dice que la individualidad humana depende del código genético, y este código genético queda constituido en el momento de la concepción, siendo propio del nuevo ser, distinto de los códigos paterno y materno.
Es decir, que el nuevo ser es un individuo desde el momento de la concepción, y por lo tanto está amparado por los derechos humanos.
Eliminarlo es eliminar a un hombre: un homicidio.
Un hombre, que además del derecho que tiene a la vida, lleva en sí el derecho a vivir de toda una cadena de otros posibles seres humanos en el futuro, entre los que puede haber genios, artistas, sabios y santos.
Stephen W. Hawking, el «Einstein» de nuestros días, a quien todos pudimos ver en televisión, paralítico en una silla de ruedas, teniendo que hablar por medio de un sintetizador sonoro, no hubiera nacido, si en 1942, algún «listo» abortista hubiera descubierto en los cromosomas de su embrión que iba a ser inválido.
El 15 de febrero de 1979 el periódico YA, publicó un documento del Colegio Oficial de Médicos, donde dice que: «Desde el punto de vista científico la vida comienza en el momento de la concepción».
El Profesor Kastler, Premio Nobel, dice: «La vida humana comienza en la concepción, en el momento de la fusión del espermatozoide y el óvulo».
«El hombre entero se encuentra ya en el óvulo desde el momento en que éste es fecundado: todo el hombre con todas sus potencialidades» (Jean Rostand, biólogo francés de primera línea)104.
«Producir un aborto es matar a un ser humano» (Dr. Zamorano Sanabria. Catedrático de Embriología de la Universidad Complutense de Madrid)105.
El Dr. José Antonio Abrisqueta, Jefe de la Unidad de Genética Humana del Centro de Investigaciones Biológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, afirma: «Ningún científico dudaría en afirmar que la vida humana empieza en el momento de la concepción».
«La biología contemporánea impone que el embrión humano es un individuo estrictamente determinado, con un potencial genético propio, desde el instante de la concepción».
En un artículo titulado "Biología del desarrollo: Tu destino, desde el día uno," la prestigiosa revista científica británica "Nature", ha señalado que el cuerpo de los mamíferos, incluyendo el cuerpo humano, comienza a seguir un plan claramente predeterminado apenas pasadas pocas horas del momento de la concepción. "Nature" señala que Richard Gardner, un embriólogo de la Universidad de Oxford, ha repetido experimentos realizados por primera vez en la década de los 80 en Flushing, Nueva York (Estados Unidos) por Jean Smith del Queen's College, que demuestran que el cuerpo humano comienza a ser modelado desde el momento mismo de la concepción-fertilización.
«Ningún biólogo duda hoy en día que en el momento mismo de la reunión de los gametos, se ha engendrado ya no sólo una vida nueva e independiente, sino además una individualidad inédita».
El profesor Herranz Catedrático de Histología y Embriología General de la Universidad de Navarra, ha dicho: «El embrión humano es un ser humano, tiene vida humana. Su DNA es el mismo que tendrá toda su vida».
A su vez, el Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina de 1959, afirma que el hombre es lo que su clave genética determina. Y esta clase genética se establece desde el momento que se constituye el huevo (cigoto). Desde este momento este nuevo ser tiene sus derechos personales. Jamás un anatómico o un fisiólogo considerará el feto como parte integrante de la madre, como puede serlo el apéndice o una verruga que se pueden extirpar a voluntad. La vida del feto no es la de la madre, sino la suya propia, y tiene derecho a que se respete como se debe espetar la vida de un adulto.
En un congreso de científicos de las universidades de Roma, celebrado en la universidad La Sapienza, el 2 de febrero del 2002, se llegó a la conclusión de tratar al embrión como paciente, con los mismos derechos de cualquier paciente, pues es un individuo totalmente humano.
Las mujeres abortistas dicen que ellas hacen de su cuerpo lo que quieren; pero el feto no es una verruga. Es un ser humano. Y ninguna madre es la propietaria de la vida de su hijo.
El 17 de marzo de 1983 dijo la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas:
«El concebido no es una parte del organismo materno, sino un ser humano perfectamente individualizado, con su propio patrimonio genético».
«La afirmación de que el embrión y el feto son una parte del cuerpo de la madre es biológicamente, y con toda claridad, falsa. El nuevo ser no es una parte del organismo materno, sino una realidad biológicamente distinta.
Julián Marías, de la Real Academia Española, en un artículo del ABC, dice cosas muy acertadas:
«Eso de que el feto es parte del cuerpo de la madre es una insigne falsedad, porque no es parte, está “alojado” en ella, “implantado” en ella. Una mujer no dice “voy a tener un tumor”, sino “voy a tener un hijo”... A veces se usa una expresión de refinada hipocresía para denominar el aborto provocado: Se dice que es la “interrupción del embarazo”. Como si al ahorcar se le llamara interrupción de la respiración»...
Hoy está de moda encubrir asesinatos con palabras bonitas:
Al aborto se le llama: interrupción del embarazo.
A la eutanasia se la llama: muerte digna.
Y al asesinato de fetos: clonación terapéutica.
Esa nueva vida que se ha formado en el vientre de una madre, no le pertenece a ella, pertenece a la especie humana, pertenece a Dios.
Dios ha dispuesto que los primeros días del ser humano se desarrollen dentro del seno de la madre para proteger su vida.
Esto para algunos seres, en lugar de ser una defensa resulta un riesgo, pues madres que no se atreverían a asesinar a su hijo de dos años, se atreven a hacerlo si sólo lleva pocos meses en su seno.
Estas madres traicionan la misión que Dios les ha confiado.
Esto no lo hacen ni las fieras. Todos los animales defienden a sus crías.
El que en algunas naciones el aborto no esté penalizado por la ley, no lo convierte en moral. Las normas morales absolutas son independientes de la voluntad de los hombres.
La ley de Dios prohíbe el aborto, y ninguna ley hecha por el hombre puede hacer lícita la muerte de un inocente.
La ley universal de Dios obliga también a los no creyentes. El no matar, el no robar, el no fornicar, el no calumniar, etc. es para todo el mundo, y no sólo para los creyentes.
Aunque en una nación se legislara lícita la calumnia, no por eso la calumnia dejaría de ser una injusticia.
«Nadie pude autorizar la muerte de un inocente, sea embrión, feto, enfermo o anciano, sin cometer, por ello un crimen de extrema gravedad».
Biológicamente no hay diferencia entre matar un embrión humano de veinticuatro horas o un niño de veinticuatro meses.
El Papa Juan Pablo II, dijo en Madrid el 2 de noviembre de 1982: «Nunca se puede legitimar condenar a muerte a un inocente».
La Comisión Permanente del Episcopado Español, dijo el 5 de febrero de 1983: «La despenalización del aborto nos parece gravemente injusta y del todo inaceptable. Ningún católico podrá en conciencia colaborar en la realización del aborto... Lo que hoy se llama interrupción voluntaria del embarazo, no podrá escapar a la calificación moral de homicidio».
Querer despenalizar el aborto criminal porque son muchas las mujeres que lo practican, es una aberración.
En ese caso, habría que permitir los robos y los atracos cuando son frecuentes. La despenalización del aborto criminal para contentar las voces que lo reclaman, no convierte el aborto en bueno. Las cosas o se hacen buenas por ser frecuentes. En ese caso, el egoísmo, tan frecuente, sería bueno; y el heroísmo, tan excepcional, sería malo.
La despenalización del aborto lleva a que se realicen monstruosidades, como cubos de basura llenos de fetos humanos, o aquel ginecólogo que alimentaba a su perro con lo fetos que obtenía de los abortos que practicaba a las mujeres que acudían a su clínica.
Eso de que despenalizando el aborto se evitarían los abortos clandestinos es una utopía. En los países abortistas no han descendido los abortos clandestinos.
El órgano de la Asociación de Médicos de Munich, la Münchener Artzliche Anzeigen, ha demostrado en un informe, que en 1978 sólo se registraron 73.548 abortos de los 180.000 allí realizados.
A los dos años de despenalizarse el aborto en Francia, según el informe del Ministerio de Sanidad francés, sólo se registraron 45.000 abortos de los cientos de miles realizados, según fuentes del mismo ministerio.
El 23 de abril de 1978, el episcopado francés publica un documento contra el aborto, declarando que en cinco años de ley permisiva, el número de abortos ha aumentado, y que la ley abortista no ha servido para resolver las situaciones difíciles que trataba de arreglar.
En Francia, donde los anticonceptivos están al alcance de cualquiera, el 57% de las solteras llegan al matrimonio con dos o tres abortos.
En Estados Unidos donde también es muy fácil el uso de anticonceptivos, el número de abortos sigue creciendo: alrededor de un millón en 1973; en 1981 ha llegado a 1.500.000 abortos anuales.
Desde que hay ley abortista en Estados Unidos se han realizado 15 millones de abortos autorizados. En Inglaterra hubo 543 abortos de menores de 16 años en la primera mitad de 1970126.
Por otra parte, la despenalización del aborto para evitar los peligros de los abortos clandestinos realizados por inexpertos, trae peores consecuencias; se crea una conciencia colectiva de que no puede ser malo moralmente lo que está autorizado, y se aumenta enormemente el número de abortos.
En Rumanía, después de despenalizarse el aborto en 1965, abortaron el 25% de las mujeres fértiles, hasta el punto de realizarse cuatro abortos por cada nacimiento. Esto hizo que el gobierno socialista de Rumanía revisase la legislación abortiva.
Estos asesinatos de seres humanos inocentes se ha generalizado en nuestra sociedad de un modo aterrador.
Según el informe del fiscal del Tribunal Supremo sobre la delincuencia, en España se dan al año trescientos mil abortos provocados.
Desde 1987 se han producido en España medio millón de abortos.
El aborto mata al año más personas que el cáncer, el SIDA o los accidentes.
En 1999 la primera causa de muerte en España ha sido el aborto quirúrgico. Fueron 58.399. La segunda fueron las enfermedades cardiovasculares: 50.000.
Y de los 58.400 abortos, la mayoría fueron de jóvenes a quienes se recomendó, en las campañas de información sexual, el uso del preservativo.
En Estados Unidos se realizan al año más de un millón de abortos provocados. Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo se realizan al año cincuenta millones de abortos: ¡cincuenta millones de asesinatos autorizados!
Decía la Madre Teresa de Calcuta: «El aborto es la mayor desgracia de nuestro tiempo, porque si se permite que una madre mate a su hijo, ¿cómo se va a impedir que un hombre mate a otro?
Es una hipocresía defender como política de partido las libertades democráticas de la persona humana, y luego defender el aborto, privando del derecho a la vida a una persona inocente, aprovechándose que no puede defenderse, ni siquiera protestar.
Los defensores del aborto criminal piensan mucho en los inconvenientes que tiene para la madre un hijo no deseado, pero no piensan en los derechos que ese hijo tienen a seguir viviendo.
Si hay leyes civiles que conceden al niño no nacido el derecho a una herencia, ¿cómo otras leyes civiles le niegan el derecho a la vida?
En 1996 se bautizó en la Iglesia Católica el Dr. Bernard Nathanson, conocido en otro tiempo como el «rey de aborto».
Fue Director de la mayor clínica abortista de Estados Unidos: la CRANCH. Tenía a sus órdenes treinta y cinco médicos que, en diez quirófanos, practicaban ciento veinte abortos diarios. Según él mismo manifestó en una conferencia en el Colegio de Médicos de Madrid: «bajo mis órdenes se practicaron sesenta mil abortos, y yo hice personalmente unos cinco mil».
En los años 80 se convenció de que el feto era un ser humano, pues hay evidencia científica de que la vida humana empieza en la concepción, y se volvió antiabortista. Es autor del libro Abortando en América y de la película El Grito Silencioso.
La gente del Movimiento Pro-Vida le hicieron cuestionarse el ateísmo que había mamado desde pequeño. Dice: «Comencé a considerar en serio la idea de Dios. Descubrí el Dios del Nuevo Testamento en quien yo podía encontrar el perdón que durante tanto tiempo busqué desesperadamente. Convencido de que Dios me perdonaría los crímenes que había cometido. Eso me resultó sumamente consolador para mi espíritu afligido».
También se ha convertido al catolicismo la mujer símbolo del derecho al aborto. Norma McCorvey, más conocida con el seudónimo de Jane Roe, fue la protagonista de una larga batalla que acabó con la legalización del aborto por parte de la Corte Suprema de Estados Unidos. El anuncio ha sido hecho público por la misma Norma, durante un servicio ecuménico en la Iglesia de la Trinidad en Waco, Texas. «Durante 25 años he sido utilizada por los abortistas. Me equivocado en todo», confiesa ahora.
La agencia de noticias ACI, en un comunicado del 2 de febrero del 2001, notifica un testimonio a la emisora de radio de Río de Janeiro, Rainha da Paz, de un médico brasileño que hizo una gran fortuna con una clínica de abortos y perdió a su hija de veintitrés años después de haberse sometido a un aborto. Le entró un enorme remordimiento de todos los niños que él había matado con los abortos que practicó. Arrepentido vendió su clínica abortiva y construyó un HOGAR DE AMPARO para acoger a las madres solteras con problemas, con el propósito de adoptar a todos los niños que vengan al mundo a través de sus manos, para que Dios le perdone los crímenes que cometió.
Algunos dicen que si la Iglesia predica tanto contra el aborto, por qué no lo hace en la misma media contra la pena de muerte. Pero son dos casos totalmente distintos. La Iglesia acepta la pena de muerte en un caso extremo, si es la única manera eficaz de defender la vida de personas inocentes, amenazadas por un injusto agresor. En cambio en el aborto se condena a muerte a una persona inocente. Y esto no se puede justificar jamás.
Es inconcebible que los mismos que quitan la pena de muerte para asesinos, que son un peligro para la sociedad, condenen a muerte a seres inocentes en el seno de su madre.
Es curioso que muchos que están contra la pena de muerte por el peligro de que se condene a muerte a un inocente después están a favor del aborto donde siempre se condena a muerte a seres inocentes.
¿Qué podemos esperar de una sociedad que permite asesinar a niños no nacidos, por egoísmo de los mayores?
¿Qué valores van a respetar los que no respetan el derecho a vivir de sus hijos inocentes?
El Papa Juan Pablo II dijo en Polonia el 4 de junio de 1991: «Ningún gobierno tiene derecho a autorizar la muerte de seres humanos inocentes».
«El hombre progresa en la medida en que mejora».
«Progresar no es tener más, sino ser más y mejor. Permitir asesinar a seres humanos inocentes no nacidos, no es progresar. Es retroceder. Dar muerte voluntariamente a una persona inocente es siempre pecado mortal».
La Comisión Permanente del Episcopado Español ha publicado una declaración donde afirma (en el nº 6) que «el Estado no tiene autoridad para decidir que sea permisible suprimir la vida de un ser humano inocente».
El 15 de octubre de 1993 Monseñor Elías Yanes Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria, hablando del derecho a vivir de los seres humanos concebidos pero todavía no nacidos, expresó estas ideas: «El derecho a vivir es un derecho fundamental que el legislador no crea sino que debe reconocer y proteger. Nadie, aunque no sea católico, tiene derecho a condenar a muerte a un inocente. El derecho a vivir de un ser humano inocente no depende de las opiniones humanas. El Estado no puede amparar legalmente la licitud de dar muerte a un ser humano inocente. Por encima de las leyes humanas está la ley natural, y ningún gobierno puede legislar contra la ley natural. Si bastaran las leyes humanas para hacer moralmente aceptable cualquier cosa, estarían justificados los crímenes de Hitler y Stalin que ellos ampararon legalmente».
No todo lo legal es moral. Ni es bueno todo lo que no esté prohibido por la ley. El 22 de septiembre de 1998 se votó en el Parlamento Español una ley sobre la ampliación de la despenalización del aborto. Naturalmente la Iglesia reaccionó en contra. Esto se manifestó en la homilía de la misa de Monseñor Elías Yanes en la clausura del Congreso Mariano celebrado en Zaragoza diez días antes. Tuvo palabras muy fuertes contra los políticos responsables de que se aprobase esa ley inicua que daba a las madres «licencia para matar» a sus propios hijos.
Estas palabras molestaron a socialistas y comunistas, que son los que defienden el aborto, acusándole de meterse en política.
Monseñor Yanes contestó que si ellos le prohibían hablar del 5º mandamiento que dice «NO MATARÁS», ¿de qué asunto le iban a dejar hablar? Evidentemente Monseñor Yanes encontró el apoyo de los obispos españoles. Algunos con frases muy brillantes.
El Arzobispo de Sevilla Monseñor Amigo dijo que es muy triste que el seno de una madre en lugar de ser un nido acogedor se convierta en un patíbulo para su hijo.
D. Antonio Montero, Arzobispo de Mérida-Badajoz, dijo a los políticos que defendían el aborto que ellos podían hacerlo hoy porque sus madres no pensaban como ellos, pues de haber sido así ellos al nacer hubieran ido al cubo de la basura.
Monseñor Juan José Asenjo, Secretario de la Conferencia Episcopal Española, en una entrevista que le publicó ABC de Madrid dijo que hablar del derecho de las madres al aborto es una monstruosidad. Sería como si los terroristas pidieran una ley que les autorizase a los cochesbomba y tiros en la nuca.
El mismo Monseñor Yanes en la Tercera Página del ABC de Madrid publicó un artículo ratificando las mismas ideas de la homilía de Zaragoza. Entre otras cosas dice: «Se trata de dar un tipo de legislación que equivale al aborto libre. (...) A nadie le es lícito, desde el punto de vista ético, eliminar voluntariamente la vida de un ser humano inocente. (...) Algunos hablan del derecho al aborto. Nadie tiene derecho a dar muerte a un ser humano inocente. Y nadie puede conceder este derecho. Ni el Estado, ni la sociedad ni la mayoría de votantes. El derecho a la vida no es una concesión que hace el Estado o que hace la sociedad. Es un derecho anterior al Estado mismo, anterior a la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida, no se respeta ningún otro derecho del sujeto cuya vida ha sido eliminada. Las disposiciones del Estado favorables al aborto voluntario, podrán ser “legales”, pero son objetivamente inmorales e injustas. Carecen, por tanto, de un elemento esencial a toda ley digna de ser respetada: la justicia. Son leyes inicuas. Está plenamente justificada la objeción de conciencia y la resistencia la ley».
La votación del Parlamento Español rechazó la ampliación del aborto.
Los abortistas protestaron de que se les llame «asesinos», pues para ellos el derecho de las madres a matar a sus hijos es ser «progresistas; y encima acusaron a la Iglesia de intransigente por defender la vida de seres humanos inocentes e indefensos de la agresión que maquinaban contra ellos los más «fuertes» que querían asesinarlos.
Es curioso que muchos ecologistas son abortistas. Defienden a las plantas y a los pajaritos, y no les importa asesinar seres humanos.
La jurista María Dolores Vila-Coro ha publicado en el ABC de Madrid un interesante artículo sobre el aborto en el que hace referencia a dos sentencias judiciales notablemente relacionadas:
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 5 de Cáceres condenó al propietario de un perro por haberlo matado; y la Sala 1ª del Tribunal Supremo condenó a un médico por no haber informado a una madre que su hijo iba a nacer mongólico, privándola así de la posibilidad de abortar.
Por lo visto, para algunos, matar un perro es más delito que matar al propio hijo.
Un párroco de La Rioja fue multado por retirar de la torre de su iglesia unos huevos de cigüeña; pero no se castiga a la madre que mata a su hijo.
Y es que, como dice monseñor Bira, Obispo de La Rioja, «el feto humano no es especie protegida».
Monseñor Gea, Obispo de Mondoñedo, ha publicado una pastoral titulada El hombre, especie no protegida. Dice entre otras cosas:
«Está muy bien que se multe a quienes destruyen nidos de cigüeñas o de águilas reales. Lo que es un contrasentido es que no se castigue también a quienes destruyen vidas humanas. ¿Es que el que destruye vidas humanas inocentes en el seno de su madre, es menos asesino que el terrorista que pone un “coche bomba”? ¿Qué dirían los políticos que defienden el aborto por “angustias” de la madre, si nos negáramos a pagar tributos exagerados por las “angustias” que esto nos produce?».
Si se permite quitar la vida de un ser humano inocente, ¿qué otra cosa más grave se puede a prohibir?
A mediados de septiembre de 1994 murieron el mismo día dos niños, Marcos Alegre, de trece años, y Judit Rivera de catorce, porque sus padres, Testigos de Jehová, se negaron a que les hicieran una transfusión de sangre que les hubiera salvado la vida. Esto es lamentable.
Pero es ridículo que la ministra socialista de Asuntos Sociales, Cristina Alberdi, haga solemnes manifestaciones contra el hecho de que por motivos religiosos unos padres dejen morir a sus hijos, pues los padres no tienen derecho a disponer de la vida de sus hijos. Y después ella promueve una ley que permite a miles de madres que asesinen a sus hijos inocentes, si así lo desean.
Defender el aborto criminal como un derecho de la mujer, es como defender la libertad del asesino para matar, y olvidarse del derecho que tiene la víctima a vivir.
¿Y si se trata de un embarazo por violación?
La situación de una muchacha embarazada por violación es triste, pero esto no justifica el aborto. ¿Qué culpa tiene el hijo? ¿Por qué se le va a condenar a muerte a él? Si hay que castigar a alguien, es al violador. No va el hijo a pagar con su vida la culpa de su padre. La honra de la madre no justifica el derecho a matar a su hijo. Si es un hijo no deseado, que lo entregue en adopción, pero matarlo es un crimen.
Eso de que la madre puede disponer de la vida de su hijo es una monstruosidad. La madre tiene obligación de que su hijo viva, y si es culpable de su muerte, nadie le quitará ese remordimiento.
El aborto puede quedar impune ante la ley, pero no ante la conciencia; el remordimiento no la dejará dormir tranquila.
Así me lo aseguraba una chica que se despertaba sobresaltada por las noches, mucho tiempo después de haber practicado el aborto, por el remordimiento de haber asesinado al hijo de sus entrañas. Me decía: «Padre, a veces me despierto viendo a mi hijo a quien asesiné».
Decía el Dr. Wilke: «Es más fácil sacar un bebé del útero de una mujer que de su conciencia».
«Todo confesor experimentado sabe que el aborto es un pecado que muchas mujeres no se perdonan a sí mismas, ni siquiera después de haber sido perdonadas por Dios. Los médicos y los psiquiatras saben también hasta qué punto las mujeres que han abortado voluntariamente sufren traumas psíquicos».
El doctor D. Antonio Peco, ginecólogo, con treinta años de profesión en la Seguridad Social y en su clínica privada, me habló del trauma psíquico que sobreviene después del aborto:
a) Remordimientos de conciencia por haber asesinado a su propio hijo.
b) Mujeres que tenían uno o dos hijos y abortaron al que venía de camino. Después perdieron uno o los dos hijos, y viven desesperadas, pues ya es tarde para encargar otro.
c) Matrimonios que no tienen valor de mirarse a la cara después de haber abortado, y terminan rompiendo definitivamente.
d) Padres que ayudan a sus hijas a abortar, y después terminan odiándose mutuamente.
Con razón los psicólogos austriacos reconocen gran cantidad de neurosis y depresiones en mujeres que han abortado voluntariamente.
El Dr. Henry P. David, profesor de Psicología de la Universidad de Maryland de Baltimore (U.S.A.) dice: «El 64% de las mujeres a las que se ha realizado el aborto fueron ingresadas en hospitales psiquiátricos».
David C. Reardon, en un estudio publicado en la revista Post Abortion Review dice que las mujeres que han practicado el aborto presentan desórdenes mentales 41% más que las que no lo han hecho. Y son también muy numerosas las que terminan suicidándose después de haber practicado el aborto. Muchas en la fecha que abortaron o en la que debería haber nacido su hijo.
«Un estudio del Elliot Institute, publicado por el British Medical Journal de Enero de 2002, indicó que la depresión es más común entre las mujeres que se han sometido a un aborto. (...) Y otro estudio publicado en Springfield (EE.UU.), por el Southern Medical Journal reveló que las mujeres que se han sometido al aborto tienen un riesgo significativamente mayor de morir que las que decidieron dar a luz a sus hijos».
«Un estudio del Instituto Bioético De Weber de Canadá, reveló que las complicaciones de los abortos no suelen ser aireadas por la prensa y se permite que miles de mujeres se sometan a estos procedimientos sin conocer los riesgos físicos y psicológicos que enfrentan. El Instituto, con sede en Toronto, publicó un informe titulado "La salud de la Mujer después del Aborto: La evidencia médica y psicológica", en el que resume más de 500 estudios realizados en los últimos 20 años. Según el estudio, las complicaciones del aborto no son sólo sanitarias, sino que las mujeres que se someten a la práctica son más propensas a cometer suicidio después de un aborto que después de haber dado a luz. Cáncer de seno, infección pélvica, infertilidad, embarazos ectópicos con riesgo de muerte, y consecuentes partos prematuros, con un alto índice de niños que nacen con parálisis cerebral- son algunos de los graves efectos desconocidos por las mujeres que deciden abortar, según se ha publicado en Toronto».
Es significativo el testimonio de Laura: al entrar en la clínica abortiva se encontró en la puerta un grupo de jóvenes rezando el rosario por las madres que iban a matar a sus hijos. Le entró un gran remordimiento y se volvió. Cuando nació el niño le puso por nombre Victor, PUES SALIÓ VICTORIOSO, Y HOY ES LA MAYOR ALEGRÍA DE SU VIDA, lo quiere con locura y se siente feliz.
Por otra parte en un artículo de la edición para el Verano de 2003 del Journal of American Physicians and Surgeons, Karen Malec, presidenta de la Coalition on Abortion/Breast Cancer, cita numerosos estudios que identifican el nexo entre aborto y cáncer de pecho.
Nos sobrecoge de horror lo que cuenta en su libro Guerra de los judíos, Flavio Josefo, testigo presencial de lo ocurrido el año 70 en la destrucción de Jerusalén: el hambre de los sitiados fue tan espantosa que algunas madres se comieron a sus hijos lactantes. Pero es peor que una madre abortista mate a su hijo, no por hambre, sino por egoísmo.
Tampoco es admisible el aborto ante el peligro de que el niño pueda nacer subnormal. ¿Es que los enfermos no tienen derecho a vivir? ¿Es que vamos matar a todos los enfermos? ¿Es que la solución de las enfermedades es matar a los enfermos? Esto sería muy cómodo y barato. Se acabarían los problemas de la Seguridad Social. Pero nada puede justificar condenar a muerte a una persona inocente. Aparte de que esas predicciones de subnormalidad en los todavía no nacidos se presta a enormes errores. Así ocurrió cuando la nube tóxica de Seveso (Italia), que recomendaron a las madres embarazadas que abortaran ante el peligro de tener hijos subnormales, y luego resultó que las cuatrocientas madres que no quisieron abortar tuvieron hijos perfectamente sanos.
Lo mismo ocurrió en España con las embarazadas enfermas del aceite de colza, a quienes se les recomendó el aborto ante el peligro de tener niños anormales. Luego resultó, según el Dr.Zamarriego, Presidente del Consejo del Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, que de cuatrocientos cincuenta partos de mujeres afectadas por el síndrome tóxico, ninguno de los nacidos ha presentado malformaciones. Si se hubiera hecho caso a las predicciones, se habrían cometido cuatrocientos cincuenta asesinatos de niños inocentes.
El Dr. López Ibor denuncia el caso de una mujer a quien habían aconsejado abortar porque iba a tener un hijo deforme. Él la disuadió del aborto, y al año se le presentó ella con un niño precioso y perfecto.
Una señora italiana, Marisa Ferrante, al cuarto mes de embarazo, el ginecólogo le recomendó que abortase pues iba a dar a luz una niña con malformaciones: un auténtico monstruo.
Ella no quiso abortar, y cuando su «monstruo» cumplió veinte años, fue elegida «Miss Italia, 1995».
En un debate ante la televisión francesa Lejeune preguntó a Monod:
- Un padre sifilítico y una madre tuberculosa tuvieron cuatro hijos: el primero nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero nació sordomudo, y el cuarto es tuberculoso. La madre queda embarazada de un quinto hijo. ¿Qué haría Vd?
- Yo interrumpiría ese embarazo.
- Tengamos un minuto de silencio. Vd. ha quitado la vida a Beethoven.
El descubrimiento del «genoma humano» puede provocar inquietudes innecesarias, pues «no es verdad que se verifique todo lo que está escrito en los genes», ha dicho Bruno Dalla Piccola, Catedrático de Genética de la Universidad de Tor Vergata (Roma)161.
También es inadmisible el aborto por peligro de la madre, psíquico o físico. Es posible que el niño no deseado sea un trauma psíquico para la madre; pero mucho peor es el trauma que va a tener por haber asesinado a su hijo, como se deduce de una larga experiencia.
Lo de que el niño pueda ser un peligro para la salud de la madre es algo que ya ha sido superado. Con los avances de la Medicina, esto ya no se da.
El Dr. Cruz Hermida, Jefe del Servicio de Ginecología de la Cruz Roja de España dice: «En mis treinta años de ejercicio profesional nunca se me ha presentado el dilema entre la vida de la madre y del hijo».
Dice el Dr. Horno, Jefe de Maternidad de la Seguridad Social de Zaragoza: «En los 65.000 casos que llevo atendidos en mi Departamento nunca se ha dado una situación que haya obligado a plantear esa necesidad, puesto que hoy existen medios técnicos suficientes para dar soluciones satisfactorias, tanto para la vida de la madre como para la del hijo».
La doctora A.Jiménez, ginecóloga, dice: «Para una mujer hay más peligro en un aborto, incluso controlado por un médico, que en un parto».
Un día recibí una carta por INTERNET EN LA QUE ME PREGUNTABAN SOBRE el peligro para la madre en casos de fetos ectópicos (fuera del útero).
Le pregunté al Dr. Fernando Muñoz Ferrer, conocido ginecólogo en Cádiz, que ha sido Jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Residencia de la Seguridad de Cádiz, y me dijo lo siguiente:«El feto ectópico no es viable. Por lo tanto lo que se extrae ya está muerto. Y esta extracción no supone ningún peligro para la madre, si la operación se hace a tiempo».
Recientemente se ha difundido una píldora abortiva, la RU-486. de los Laboratorios Roussel-Uclaf. Por eso se llama RU, por el nombre de los Laboratorios.
La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española publicó sobre esta píldora una excelente declaración, el 17 de junio de
1998. En ella dice, entre otras cosas:
«La práctica del aborto voluntario es, como dice el Concilio Vaticano II, un “crimen abominable”. Algunos, en cambio, han llegado hoy a pensar que abortar es un derecho. Es muy preocupante esta confusión del bien y del mal. (...) La Iglesia no quiere dejar de alzar su voz para desenmascarar el mal, y para defender los verdaderos derechos del hombre, en particular el derecho a la vida. No decimos hoy nada sustancialmente nuevo sobre el aborto. Recordamos la doctrina de siempre, aplicándola a ciertos fármacos abortivos que podrían camuflar todavía más la tragedia moral del aborto. (...) La píldora RU-486 no se utiliza para curar ninguna enfermedad. Su finalidad es eliminar vidas humanas inocentes en las primeras semanas de su existencia. Es un fármaco abortivo.El recurso a un fármaco abortivo, como la píldora RU-486, es tan inmoral como el recurso al aborto por medios quirúrgicos. (...) La píldora abortiva podrá camuflar el aborto, pero no despojarlo de su carácter de crimen. Hay que recordar que la objeción de conciencia seguiría siendo aquí tan necesaria como en el caso del aborto quirúrgico. Aunque la intervención facultativa sea mucho menos visible e incluso llegue a reducirse a firmar una receta, seguirá tratándose de una cooperación directa a este crimen, que podría hacer incurrir, a quien la presta, en la pena de excomunión».
La RU-486, ha producido malformaciones en el feto cuando su efecto no ha sido eficaz. Las malformaciones en los embriones supervivientes motivó esta declaración del doctor Justo Aznar, Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital La Fe de Valencia:
«Ninguna sociedad médica aprobaría un medicamento con las contraindicaciones y los efectos secundarios que éste tiene».
André Ullmann, de los Laboratorios Rousell-Uclaf, que fabrican esta píldora, dijo que una mujer que no logró abortar con ella, a los seis meses dio a luz un bebé deforme.
Una mujer francesa de treinta y un años de edad, que estaba tomando la píldora, falleció víctima de una accidente cardiovascular.
Por eso Eddouard Sakiz, Presidente del laboratorio Roussell que la fabrica, recomienda a quienes la toman tener a mano un equipo de tratamiento de urgencia por posibles problemas de índole cardiovascular
Como se han multiplicado los accidentes y muertes mal explicadas en mujeres que la han tomado, el gobierno francés está «reexaminando» esta píldora abortiva
Por eso el Tribunal Supremo norteamericano ha prohibido la píldora RU-486 en el territorio de los Estados Unidos, por considerarla mercancía peligrosa.
El Boletín Oficial del Estado francés, restringe el uso de la píldora abortiva RU-486, porque «puede suponer un daño importante para la salud pública».
Pierre de Vernejoul, Presidente de la Comisión Internacional de Inquérito sobre la RU-486 declaró, a propósito de la difusión de esta píldora: «El enfoque médico y científico ha sido sacrificado ante motivos ideológicos».En Alemania a aparecido la píldora Myfegine más letal que la píldora abortiva RU-486.
Últimamente ha aparecido la píldora Nortevo. Se la llama también la «píldora del día siguiente». Evita la fecundación del óvulo, o la implantación en el útero si el óvulo ya está fecundado. Es decir, que puede
ser una píldora abortiva. Por eso el Secretario de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Juan José Asenjo, en declaraciones a SERVIMEDIA ha expresado el rechazo de la Iglesia a «la píldora del día siguiente».
El Dr. Justo Aznar, Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital La Fe de Valencia, dijo en la Segunda Cadena de Televisión Española, el 29 de julio del 2001, a las nueve de la mañana:«La píldora del día siguiente es anticonceptiva un 15% de los casos; pero en el otro 85% es abortiva, pues impide la implantación del óvulo fecundado. Y el ser humano empieza en su concepción. Basta la posibilidad de que sea abortiva para que sea inmoral». Que esta píldora es abortiva se deduce de las investigaciones de Chris Kahlenbon, Joseph Stanford y Walter Larimore publicadas en la Revista The Annals of Pharmacotherapy 179
«Recientes pruebas científicas han obligado al Gobierno de Inglaterra a alertar a las mujeres jóvenes del “peligro potencialmente mortal” de desarrollar un embarazo ectópico por consumir las llamadas “píldoras del día siguiente”. Sir Liam Donaldson, director médico del Gobierno, envió una comunicación a todos los galenos pidiéndoles que sean “extravigilantes” con las ‘píldoras del día siguiente’ pues están relacionadas directamente con las altas tasas de embarazos ectópicos. Asimismo, Donaldson ordenó a la empresa Schering AG –fabricante de la medicina– modificar la información de los prospectos para pacientes, aclarando que existe un alto riesgo de desarrollar este desorden.
»John Smeaton, director nacional de la Sociedad para la Protección de Niños Nonatos (SPUC), afirmó que “esta medicina debería ser quitada inmediatamente del mercado”».
La mal llamada «vacuna anticonceptiva» ni es vacuna ni es anticonceptiva. No es vacuna, pues no previene ninguna enfermedad, sino que mata a un ser humano. Y no es anticonceptiva, pues lo que hace es impedir que siga viviendo un ser humano ya concebido. Es decir, que es abortiva.
«De igual forma en Gran Bretaña se anunció que la organización «British Pregnancy Advisory Service» está promoviendo la distribución de una píldora del «día después» llamada Pc. (...) Como sucede con otros fármacos del mismo tipo se trata de provocar una especie de aborto químico que impide que el óvulo fecundado pueda anidar en el útero»
El DIU (dispositivo intra-uterino) además de ser abortivo, pues impide la anidación del óvulo ya fecundado, es peligroso para la salud, pues puede producir infecciones y hasta perforación del útero.
Hay que distinguir entre el aborto espontáneo, que ocurre involuntariamente, y el aborto criminal provocado que es un pecado gravísimo. También existe diferencia entre este último y el aborto terapéutico, que intenta salvar lo que puede salvarse en aquel trance. En caso de que haya que elegir entre dos vidas, la del feto y la de la madre, se puede elegir la vida que parezca más importante. Se trata de aplicar a este caso el principio moral de la acción de doble significación.
Con este nuevo enfoque el aborto terapéutico resultaría justificable. Así razona el Padre jesuita Marcelino Zalba, Catedrático de Teología Moral de la Universidad Gregoriana de Roma y Consultor de la Sagrada Congregación Pontificia de la Doctrina de la Fe. Si hubiera sido posible, se hubieran salvado la dos vidas. Pero jamás puede ser lícito procurar voluntariamente un aborto directo
El Dr. John Peel, ginecólogo de la Reina Isabel de Inglaterra ha calificado de «valiosísima investigación científica» la del Dr.Wynn, según la cual un gran porcentaje de niños anormales con malformaciones graves nacen así debido a que sus madres practicaron el aborto con anterioridad
En el aborto procurado peca, además de la madre, quien lo realiza, quien colabora y quien lo aconseja.
El Vaticano recuerda a los operadores sanitarios que tienen una obligación grave a presentar objeción de conciencia en el caso de legislaciones abortistas. Quien practica el aborto queda excomulgado. Esta excomunión es automática (se llama «latae sententiae») al consumarse el aborto. Dice el Código de Derecho
Canónico: «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión».
Lo mismo todos los que colaboren a él de modo eficaz y voluntariamente.
Es decir «si el delito no se hubiera cometido sin su colaboración».
La excomunión es la pena canónica que la Iglesia impone a ciertos pecados muy graves para que no se cometan. Consiste en que al excomulgado se le prohíben todos los sacramentos menos el de la confesión..
«No obstante, no caen en la excomunión cuando se dan las circunstancias que eximen de cualquier pena. En concreto, no incurren en penas eclesiásticas los menores de dieciocho años, quienes sin culpa desconocen que infringen esa ley, o los que lo realizan por miedo grave o con el fin de evitar un grave perjuicio».
El aborto se condena en la Iglesia desde los tiempos de la Didajé, en el año 70 de nuestra era.«Desde el siglo primero la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado».
En Octubre de 1979 la Asamblea del Consejo de Europa aprobó la resolución 4.376 en la que se invita a todos los gobiernos europeos a «reconocer el derecho del niño a la vida desde el momento de su concepción, momento en el que se hallan presentes en potencia todas las propiedades biológicas y genéticas del ser humano».
Hace tiempo leí, no recuerdo dónde, el DIARIO DE UN FETO, creo que anónimo. Era más o menos así:
Día 1º: Hoy empieza mi vida. Mis padres todavía no saben que existo, pero ya soy alguien.
Día 15: Ya he crecido un poco, pero soy tan pequeño que si mi madre no me llevara junto a su corazón, por la calle la gente me pisaría como a una hormiguita.
Día 25: Ya se me empieza a abrir la boca. Cuando pueda hablar lo primero que diré será «mamá».
Día 65: Ya casi veo, pero todo está muy oscuro. Tengo ganas de ver la cara de mi mamá.
Día 80: He oído decir a mi mamá que ya escucha los latidos de mi corazón.
Día 90: Ya no escribiré más mi diario, porque hoy mi mamá ha ido al médico y han decidido matarme.
La vida es un don de Dios. La Madre Angélica cuenta en su libro esta anécdota: En un parto el niño sale muerto. Lo envuelven en una toalla y lo ponen sobre una mesa. Al poco rato soltó un gemido, lo reaniman y salió adelante. Setenta años después, en su lecho mortuorio, se lo cuenta a su hija por primera vez, y le dice: «En mis setenta años todos los días he dado gracias a Dios por el don de la vida. Para mí ha sido un regalo. Si he vivido setenta años, no puedo quejarme».
¿No podríamos todos decir lo mismo aunque no hayamos tenido ese problema al nacer? La vida es un regalo de Dios para todo el que ha tenido la suerte de nacer.
67,6. En marzo de 1987, la Santa Sede publicó un documento titulado Donum vitae sobre Bioética, poniendo barreras morales a la manipulación genética. La Iglesia está a favor del hombre y no acepta que se fabriquen hombres en serie para luego destruirlos cuando ya no interesen.
No puede permitirse el derecho a crear una vida humana con el fin de destruirla después.
Leí en el Diario YA, que frente a los seiscientos niños probeta conseguidos, se han destruido veintitrés mil cuatrocientos óvulos fecundados «in vitro», es decir, que se perdieron el 97,5% de las vidas humanas que se iniciaron.
En Francia, en 1986 se consiguieron ochocientos «niños probeta», pero se habían concebido «in vitro» once mil embriones humanos. Es decir, se destruyeron diez mil doscientos seres humanos.
El Dr. Justo Aznar, Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital de la Fe de Valencia, dice que por cada niño «in vitro» que nace se pierden cuarenta vidas humanas, pues para obtener un niño probeta se fecundan unos cincuenta óvulos.
La experimentación científica no puede legitimar esta destrucción de vidas humanas. En Melbourne, una clínica especializada en fecundación «in vitro» ha anunciado que destruirá centenares de embriones congelados.
El padre Angelo Serra, pionero mundial de la bioética, fundador del Instituto de Genética de la Facultad de Medicina Agostino Gemelli de Roma dice: «La genética es una gran conquista de la ciencia, una oportunidad a aprovechar, una autopista para llegar a comprender el mundo y el hombre y vencer enfermedades y sufrimientos» Pero como genetista, le preocupa que la cada vez más extendida reacción ante los excesos cree un clima hostil hacia todo este filón de la investigación genética a la que ha dedicado su vida, trabajando en los mayores centros de vanguardia del mundo. «La genética –afirma– nos lleva a conocer el programa biológico de cada uno de nosotros. Cuanto más se conoce el código genético, antes se podrá dar vía libre a la geneterapia, sobre todo en la lucha contra los tumores. Pienso que en el futuro, la ingeniería genética, cuando pueda comprender y gobernar las complejas interrelaciones entre los genes, podrá también ayudar a un embrión humano enfermo a no desarrollar la enfermedad que lleva en sus genes». Sin embargo, reconoce que «la sombra oscura que pesa sobre el progreso de nuestra época» es la producción de embriones para luego descartarlos: «Para tener el 95% de probabilidades de que la fecundación tenga éxito, hace falta programar al menos treinta embriones que después serán eliminados. La cultura de hoy va en esta dirección».
El Dr. Jacques Testart, padre del primer «niño probeta» francés, cuenta en su libro El embrión transparente cómo en la Clínica Clamart donde él trabaja, a veces coinciden en la misma habitación una mujer que va a abortar y otra que está sometida a tratamiento para lograr la fecundación «in vitro». ¿No sería más lógico que la segunda adoptara al niño de la primera, en lugar de que tengan que morir cincuenta niños probeta para que ella consiga uno?
Hay que distinguir entre la inseminación artificial (in vitro) y la asistida, en la que el médico ayuda a los esposos. Ésta es lícita, pero la artificial está prohibida por la Iglesia.
«Las enseñanzas de la Iglesia sobre la fecundación artificial dejan bien claro que el método técnico utilizado no puede sustituir al acto conyugal, sino que únicamente debe ser, cuando se considere necesario médicamente, una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural».
«La inseminación artificial y la fecundación in vitro son un problema delicado. (...) Muchos católicos aprueban, sin dificultad, la condenación por la Iglesia de la fecundación heteróloga, es decir, recurrir a un donante ajeno a la pareja. (...) Según la expresión cruda, pero iluminadora, de un periodista francés, “la fecundación heteróloga es el adulterio en probeta”.
»Presenta, en cambio, dificultad a ciertos católicos, el juicio negativo (...) pronunciado por la Iglesia, sobre la fecundación artificial homóloga, es decir, que no recurre a ningún donante extraño. (...)
»Para enfocar bien el problema hay que ir al fondo de la cuestión. (...)
»La fecundación in vitro implica corrientemente la sobreproducción de embriones que no serán trasplantados al cuerpo de la mujer y serán destruidos o congelados. Este hecho plantea el problema del aborto o su manipulación.(...)
»Sin embargo, aun en el caso de una fecundación homóloga “limpia técnicamente”, el juicio de la Iglesia sigue siendo negativo. (...)
»El acto conyugal, por el que los esposos se entregan uno al otro, y se abren juntos al don de la vida es al mismo tiempo indisolublemente espiritual y carnal.
»Marido y mujer consuman su unión en sus cuerpos, y por sus cuerpos también en su corazón. Así pueden llegar a ser padre y madre.
»De aquí la convicción profunda de la Iglesia de que la única manera, verdaderamente humana, de dar la vida a un niño reside en un acto conyugal auténtico, en el que los esposos se donan el uno al otro tanto en la verdad de su carne como de su alma.
»El único lugar adecuado para el surgimiento de una nueva persona es un acto de amor, a la vez espiritual y físico; y no una sucesión de operaciones técnicas, separadas, objetivamente, de los gestos del amor».
Por otra parte, la inseminación artificial lleva en sí un peligro de contagio; como le ocurrió a una mujer alemana que se contagió de SIDA por haber usado semen de banco.
«Según las revelaciones de un equipo médico alemán a la revista «The Lancet», una enfermera alemana se vio contagiada de SIDA tras una inseminación artificial».
Angelo Serra, pionero mundial en el campo de la genética, ha afirmado que la fecundación asistida fracasa en el 87% de los casos y deja graves consecuencias psíquicas.
Un estudio llevado a cabo en el Hospital Universitario de la Infancia de Upsala (Suecia) ha revelado que los bebés nacidos por la fecundación artificial corren tres veces más riesgo de desarrollar desórdenes neurológicos y discapacidades cerebrales que los niños concebidos naturalmente.
En la presentación del documento Donum Vitae, el cardenal Ratzinger dice:«La actividad científica está sometida a la ley ética. La
Ciencia no es un absoluto a lo que se puede sacrificar todo, aun la dignidad del hombre».
Progreso que va contra la dignidad del hombre no es verdadero progreso.
Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la UNESCO, dijo el 26 de agosto de 1998 en Rímini (Italia):«Por primera vez el hombre ha llegado al umbral de los mecanismos de la vida; por esto, la Bioética debe asegurarse que los progresos se pongan al servicio de todos».
He aquí algunas ideas del documento Donum Vitae:
«Si el progreso tecnológico no está encauzado por la moral, puede atentar contra la dignidad de la persona humana» (Introducción nº 2). «No todo lo que es técnicamente posible es moralmente admisible» (Introducción nº 4). «La Ciencia y la técnica exigen el respeto incondicional a los criterios fundamentales de la moralidad: deben estar al servicio de la persona humana»(Introducción nº 2). «El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el primer instante de su concepción»(I,1). «Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material disponible”. Resulta obligado denunciar la particular gravedad de la destrucción voluntaria de los embriones humanos obtenidos “in vitro” con el sólo objeto de investigar»(I, 4). «Tanto en el caso de los fetos muertos, como cuando se trata de cadáveres de personas adultas, toda práctica comercial es ilícita y debe ser prohibida»(I, 4). «Desde el punto de vista moral, sólo es verdaderamente responsable, para con quien ha de nacer, la procreación que es fruto del matrimonio... La fidelidad de los esposos, en la unidad del matrimonio, comporta el recíproco respeto de su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro. El hijo tiene derecho a ser concebido, llevado en las entrañas, traído al mundo y educado dentro del matrimonio»(II, 1).
Un hijo concebido con ayuda de un gameto procedente de una tercera persona es propiamente un hijo adulterino.
Por lo mismo están prohibidos los «vientres de alquiler» que van contra la unidad del matrimonio, y la congelación de embriones que los expone a posibles manipulaciones contra la dignidad de la persona humana.
«Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por la intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero), son gravemente deshonestas».
El 12 de febrero del 2001 se publicó el mapa del genoma humano.
El descubrimiento del genoma humano nos ha descubierto la poca diferencia, en el número de genes, de los seres vivos. Pero queda por estudiar las funciones de los millones de proteínas producidas por los treinta mil genes humanos, que son lo que nos diferencia a unos de otros.
Según el Dr. César Benito Jiménez, Profesor de Genética Humana en la Universidad Complutense de Madrid, ya conocemos el número exacto de los genes que poseemos. En adelante se podrá sustituir un gen defectuoso por un gen sano, y diseñar nuevos fármacos para el tratamiento de algunas enfermedades hoy incurables.
Pero también hay peligro de caer en la tentación de eliminar embriones humanos defectuosos, lo cual sería asesinar a personas humanas inocentes por el hecho de no ser sanas; lo cual es monstruoso.
Y es que el progreso técnico, si no se somete a la moral se vuelve contra el hombre.
A propósito del genoma humano donde están codificadas las características de la persona, dijo Juan Pablo II, en la IV Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida: «No es lícito realizar intervenciones sobre el genoma que no estén orientados al bien de la persona».
El P. Javier Gafo, S.I., Catedrático de Bioética en la Universidad de Comillas en Madrid, dice: «El desarrollo tecnológico no es un valor en sí absoluto, en nombre del cual pueda legitimarse cualquier tipo de avance. Las nuevas técnicas de reproducción humana pueden llevar a abusivas manipulaciones del embrión y a una degradación de su valor humano».
Se pueden realizar verdaderas perversiones.
Manipulando el cromosoma de la agresividad se podrían obtener seres humanos de tendencias criminales destinados al terrorismo.
La ingeniería genética podría conseguir hombres infradotados para ponerlos al servicio de los «listos» que los han «producido».
Sería una nueva modalidad de esclavitud.
Y ningún hombre debe ser explotado por el que es más fuerte que él sea económicamente, sea culturalmente, sea físicamente, sea psíquicamente.
Todo hombre, nacido o no nacido, enfermo incurable o desbordante de salud, es hijo de Dios.
No puede ser explotado por otro hombre.
Elio Sgreccia, portavoz vaticano de Bioética, afirma:
«La Iglesia está a favor de las investigaciones científicas que estén orientadas a la prevención y tratamiento de enfermedades. La Ciencia experimental tiene que estar orientada al bien del hombre. Pero la utilización destructiva de embriones para investigar merece un juicio negativo, pues el embrión humano vivo es un ser humano que exige el respeto que merece todo hombre».
El Premio Nobel Dr.Severo Ochoa entrevistado por la periodista Pilar Urbano, dijo: «Muchas veces el hallazgo científico se escapa de nuestras manos y se vuelve contra el hombre».
Como dijo Juan Pablo II: «El principio de la libertad de investigación científica no puede ser separado de la responsabilidad ética».
Evidentemente, no todo lo que es técnicamente posible es moralmente aceptable.
Los Medios de Información propagaron que dos lesbianas del país vasco habían tenido un hijo en común: una quedó embarazada con espermatozoide de banco de semen, y el óvulo fecundado fue anidado en la otra.
Esto es una monstruosidad.
Ese niño va a vivir traumatizado cuando se entere que es hijo de dos mujeres anormales.
Siempre será verdad que toda ciencia necesita de la conciencia: la ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre.
«Las intervenciones sobre el embrión humano sólo son lícitas si tienen como fin la mejora de sus condiciones de vida».
«Los médicos del Hospital Antoine Béclère, en las proximidades de París, han logrado, con un proceso de selección genética, evitar en un bebé la trasmisión de una enfermedad hereditaria de uno e sus padres».
El 24 de Febrero de 1997 todos los medios de información se hicieron eco de la clonación de una oveja en Escocia, quitando el núcleo con el código genético de un óvulo y poniéndole el núcleo de otra célula con su código genético. Así se engendra un nuevo ser idéntico al ser del que se ha tomado el núcleo.
Fue obra de dos científicos escoceses Iam Vilmut y K.H.S. Campell con sus colaboradores del Roselim Institute de Edimburgo. Esto puede ser útil para mejorar la ganadería. Con esta ocasión se multiplicaron los comentarios sobre la aplicación de la clonación al ser humano. Uno de ellos fue el de Juan Antonio Martínez, Delegado de la Conferencia Episcopal Española, que dijo por televisión: «La Ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre». Efectivamente, sería una monstruosidad que unos hombres «fabricaran» a otros infradotados intelectualmente, sumisos y dóciles, pero muy fuertes físicamente, para su servicio en trabajos duros o peligrosos. Sería una nueva forma de esclavitud.
En Abril de 1997 se celebró en Oviedo un Convenio de Bioética. Representantes de veinte países firmaron un Convenio Europeo sobre Derechos Humanos y Biomedicina auspiciado por el Consejo de Europa. Este documento incluye un anexo especial sobre la clonación humana que prohibe expresamente. Pone límites a la ingeniería genética y protege a los ciudadanos frente a los avances científicos.
Después, el 12 de Enero de 1998 el Consejo de Europa firmó en París un Protocolo prohibiendo la clonación humana.
«Una organización que agrupa alrededor de sesenta organizaciones científicas internacionales pidió que se prohiban en todo el mundo los experimentos sobre clonación humana».
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe dice que la clonación humana es contraria a la moral.
El 20 de enero de 1998 vi en Televisión Española un debate sobre la clonación humana moderado por Luis Herrero. En él intervino el obispo de Castellón, Doctor en Moral, D. Juan Antonio Reig. Contestando a Agustín Zapata y a Javier Sádaba que opinaban que la clonación humana podía ser útil, expuso con gran claridad que no se puede permitir la clonación humana con fines utilitarios, como sería hombres clonados como almacén de piezas de recambio para trasplantes. Esto sería muy práctico, pero no sería ético. Y lo que distingue a los hombres de los animales es el respeto a la ética.
Resulta monstruoso que unos hombres «fabriquen» otros hombres para tener piezas de recambio y después eliminarlos.
La ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre. A las personas humanas no se las puede tratar como objetos. La persona humana tiene unos derechos que hay que respetar.
Cuatrocientos catedráticos de Roma han firmado una «Declaración» contra la clonación humana.
«El gobierno español ha ratificado oficialmente el protocolo internacional que prohíbe taxativamente la práctica de la clonación de seres humanos».
Por otra parte, David Humphreys, del Whitehead Institute for Biomedical Research de Estados Unidos, ha manifestado su preocupación por «las irregularidades genéticas» observadas en los seres clonados.
Los reparos éticos que suscita la clonación de personas humanas pueden desaparecer si se logra la clonación de tejidos para trasplantes. Por ejemplo, de tejido epitelial, etc.
El 19 de diciembre del año 2000, el Parlamento Británico aprobó la clonación terapéutica. Parece que enfermedades como el parkinson, la diabetes y la leucemia, se podrían curar trasplantando células de embriones con capacidad de originar «células madre», llamadas «estaminales», que pueden dar lugar a células iguales para generar nuevos tejidos.
Las células madre son unas células a partir de las cuales se pueden obtener células de distintos tejidos. Estas células están en tejidos de embriones y también en tejidos adultos, por ejemplo en tejido adiposo.
Pueden ser totipotentes, que dan lugar a un individuo completo de su especie, pluripotentes, que dan lugar a todo tipo de tejidos, multipotentes, que dan lugar a diversos tejidos, y unipotentes, que dan lugar a un solo tejido.
La Iglesia anima a investigar en la obtención de células madre de tejidos adultos, pues obtenerlas de embriones es matar a un ser humano.
No se puede matar a una persona para dar a otra el órgano que necesita. Como ocurre cuando se mata un embrión humano para sacar «células madre» que fabriquen los órganos deseados para hacer trasplantes.
Fabricar seres humanos con el fin de tener órganos humanos de recambio para las personas enfermas que los necesiten, y después matarlos, además de ser una monstruosidad, es tan absurdo como fabricar un camión para utilizar sus neumáticos, y después mandarlo al desguace del chatarrero.
Y mucho mejor obtenerlas del cordón umbilical de cada uno, pues al ser células indiferenciadas se pueden cultivar para el tejido que se desee, y así se podrían curar muchas enfermedades, por ejemplo la leucemia.
Sería de desear que hubiera bancos que conservaran congelados en nitrógeno líquido los cordones umbilicales de todos los que nacen por si los necesitan en el futuro utilizando la posibilidad que tienen esas células para regenerar órganos y tejidos dañados.
El Papa Juan Pablo II dijo con frase feliz: «Con la vida no se comercia. (...) Desde la concepción hasta la muerte natural, el ser humano es sujeto de derechas inviolables».
67,7. Los Testigos de Jehová prohíben las transfusiones de sangre, diciendo que están prohibidas por la Biblia; y son capaces de dejar morir a una persona antes de facilitarle esta ayuda.
En primer lugar hay que decir que esto es falso. En ningún lugar de la Biblia se habla de las transfusiones de sangre. La Biblia no puede prohibir una cosa que se desconocía en su tiempo. Lo que la Biblia prohíbe es comer sangre de animales, por estar relacionada con la idolatría que ellos veían en otros pueblos que sacrificaban animales a los ídolos.
También la Biblia prohíbe comer sebo. Y a esto no hacen caso.
Pero además Cristo abolió algunas prácticas del Antiguo Testamento e instauró el Nuevo. Muchas de las leyes del Antiguo Testamento no rigen en el Nuevo (circuncisión, peregrinar a Jerusalén, pena de muerte para los adúlteros, etc.).
Esta prohibición de no tomar sangre se mantuvo al principiopor consideración a los cristianos procedentes del judaísmo, apegados a sus costumbres, que tenían reparo en participar en comidas que habían estado prohibidas para ellos durante toda su vida, y no se les debía escandalizar.
El tránsito del Antiguo al Nuevo Testamento, necesitaba su tiempo para que aquellos judíos se desprendieran de sus viejas costumbres; pero pronto se permitió a los cristianos tomar toda clase de alimentos, como dice San Pablo: «Ni porque comamos ni porque no comamos mereceremos o desmereceremos; pero si lo que yo como escandaliza a mi hermano, no comeré». Pero después dice que se puede comer de todo.
El abstenerse de comer sangre fue una norma transitoria, circunstancial y disciplinar que cayó en desuso al desaparecer las comunidades palestinenses judeo-cristianas con la guerra del 70. Por eso no vuelve a mencionarse ni en San Pablo ni en los Padres Apostólicos.
En cambio la prohibición de la fornicación se repite con frecuencia en San Pablo y en los Padres Apostólicos.
Por otra parte, ya lo dijo San Mateo: «Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón».
En cambio lo que dice la Biblia con toda claridad es que debemos dar la vida por los hermanos, pues ésta es la mejor manera de mostrarles nuestro amor a ellos. Pues, si debemos estar dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos; ¡cuánto más un poco de sangre, que recuperamos con facilidad, y que puede salvar la vida de un hermano!
Luego, las transfusiones de sangre no sólo no están contra la Biblia, sino que están muy de acuerdo con ella, ya que nos manda sacrificarnos por nuestros hermanos. El que se oponga a las transfusiones de sangre, está muy lejos de conocer la Biblia y el mensaje de amor que ella encierra en bien de todos.
En Octubre de 1977 murió en Ortuella (Vizcaya) la niña de ocho años María Albertina Martín González, porque sus padres, Testigos de Jehová, se negaron a que le hicieran una trasfusión de sangre.
La indignación del pueblo fue tan grande que, en el entierro, la Guardia Civil tuvo que proteger a los padres para que no los lincharan.
67,8. Es, además, un pecado contra este mandamiento el suicidio, es decir, quitarse a sí mismo la vida deliberadamente y por propia iniciativa.
El hombre tiene obligación de conservar la propia vida.
Por lo mismo no es lícito exponerla temerariamente cuando no lo aconseja razón alguna del deber o caridad.
Tampoco es lícita la propia mutilación, a no ser que no se pueda por otra vía proveer a la salud de todo el cuerpo.
El suicidio es pecado grave porque la vida no nos pertenece a nosotros, sino a Dios, que nos la ha entregado en usufructo.
No puedo quemar la casa en que vivo porque no es mía: la tengo sólo arrendada.
¿Acaso me he dado yo la vida para considerarla como mía?
Pero generalmente el suicida lo hace en un momento de arrebato o desesperación. Y esto es un atenuante.
Las situaciones difíciles se superan pidiendo a Dios que nos libre de ellas o nos dé fuerzas para sobrellevarlas. Pero el suicidio no arregla nada: lo estropea del todo y para siempre. Por eso sólo la locura o la irreligión pueden llevar al suicidio.
«El suicidio lo cometen frecuentemente personas que por enfermedad, o por otras causas, no son totalmente dueñas de sí mismas. De ordinario es difícil medir el grado de responsabilidad y de culpabilidad que contraen».
«Trastornos psíquicos graves pueden disminuir la responsabilidad del suicida».
«La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida».
Antes, La Iglesia negaba a los suicidas las ceremonias religiosas. Pero desde 1971, sólo niega los funerales religiosos a los que expresamente han manifestado su rechazo.
No es suicidarse el perder la vida en un acto de servicio o de caridad, como al salvar a un náufrago.
Aunque uno sepa, al tirarse al agua, que es posible pierda la vida.
Esto no es suicidarse, pues no se busca la muerte directamente, sino que se pierde la vida al querer salvar a otro.
Pero «nadie puede exponer su vida a peligros graves sin causa proporcionada que justifique la exposición al mismo»[57].
Tampoco sería suicidio ofrecer la propia vida para salvar la de un inocente, como el caso del P. Maximiliano Kolbe, que se ofreció a morir a cambio de un padre de familia en un campo de concentración alemán. Efectivamente, murió voluntariamente, pero nadie lo considera suicida, sino mártir.
Caso similar es el de un condenado a muerte a quien se le da el modo de quitarse él mismo la vida.
Incluso podría asimilarse el caso del espía que se quita la vida como único modo de proteger informaciones secretas que pueden poner en peligro a su patria. Este quitarse la vida no sería un suicidio moral. Así opina el célebre moralista Häring.
67,9. No sólo está prohibido quitarse la vida, sino también acortarla directamente, como sucede con la eutanasia.
Eutanasia significa «buena muerte», según su etimología griega. Muerte apacible y sin dolor. Pero actualmente su significado real es «provocar directamente la muerte por procedimientos médicos a enfermos terminales para librarles a ellos de sufrimientos y a los demás de una carga».
La eutanasia es «una acción o una omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor».
La eutanasia eugénica, elimina a los deformes y tarados; la eutanasia económica, suprime a los viejos, inválidos y dementes.
«Anticipar la muerte, por muy cierta que sea, y por insoportable que parezca la vida, es otorgarse un derecho que sólo a Dios pertenece. Y esto aun cuando el enfermo consienta y lo solicite vivamente, porque ni siquiera él puede conferir un derecho que tampoco posee, ya que no es dueño ni propietario de su cuerpo y de su existencia».
No somos propietarios de nuestra vida, pues no la hemos conquistado nosotros, sino que la hemos recibido de Dios, por medio de nuestros padres, cuando Él así lo dispuso.
El deseo de dejar de sufrir es algo muy humano. Pero hay que mitigarlo por medios lícitos. Hoy no hay sufrimientos insoportables dada la terapia antidolorosa de que hoy dispone la Medicina.
Pero, sobre todo, hay que tener motivos para sufrir. Se puede sufrir con dignidad y con optimismo. Para un cristiano el dolor tiene un valor redentor. El dolor unido a la pasión de Cristo Redentor lo sublima y ennoblece.
Morir con dignidad no es precisamente morir sin dolores, sino aceptando la muerte, cuando y como Dios disponga.
No hay muerte más digna ni más dichosa que la recibida en estado de gracia y en paz con Dios.
Un enfermo dijo en su lecho de muerte: «Pasé de la desesperación a la alegría gracias a la fe».
Dice Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium vitae: «La eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios».
La eutanasia se quiere enmascarar con la etiqueta de «muerte digna», lo mismo que el aborto asesino se quiere disimular llamándole «interrupción del embarazo»
«No confundamos “muerte digna” con “muerte provocada”».
Después del aborto vendrá la eutanasia. Por la misma razón que se permite matar a los niños no deseados, se permitirá matar a los enfermos y ancianos que estorben. «Que nadie se engañe. Primero fue el no nacido, ahora el anciano, y luego vendrá todo aquel que estorbe al que manda, o el que se atreva a disentir. La cultura de la muerte es imparable, aunque sus argumentos sean nulos», ha dicho Santiago Martín.
Se empieza con una etiqueta de buena apariencia: muerte digna, ayudar a morir al que no desea sufrir más. Pero luego se pasa a acciones aterradoras, como el caso de un matrimonio joven que quería eliminar a la abuela porque necesitaba su cama.
Muchos podrían ser convencidos que debían pedir la eutanasia por ser una carga para la familia o la sociedad.
Por los años 70, en la China comunista desaparecieron de golpe leprosos, ciegos, locos y minusválidos. Esta «purga» explica en parte el impresionante «agujero» descubierto por los demógrafos de cincuenta millones de habitantes en la población china.
Por la misma razón por la cual algunos defienden hoy el aborto, el día de mañana serán ellos mismos eliminados por sus hijos, que los considerarán una carga inútil.
Se dice que Napoleón ordenó a sus médicos militares que envenenaran a los soldados con enfermedades contagiosas para evitar su propagación.
Diego Díaz en su libro La última edad, recuerda unas palabras del demógrafo americano Dr. Gallop, de la Universidad de Manitoba (Canadá): «Una vez que hayas permitido la muerte del feto, el ciclo no se cerrará. No habrá límites de edad. Se habrá puesto en movimiento una reacción en cadena que podrá hacer de ti una víctima. Tus hijos querrán matarte, porque permitiste que fueran muertos sus hermanos y hermanas. Querrán matarte por no poder soportar tu vejez».
Incluso hay quien se ufana de haber podido comprar un coche con el dinero del seguro de vida del enfermo que dejó morir por falta de asistencia.
Y como dice el Dr. Gallop: «Si un doctor acepta dinero para matar a un inocente en el seno materno, el mismo doctor te matará a ti con una inyección, cuando alguien se lo pague».
El jueves 4 de junio de 1987 pudimos ver en televisión en el espacio Debate cómo el defensor de la eutanasia decía que todos debíamos tener derecho a morir de modo digno, y el médico del Hospital de Basurto le dijo que en eso tiene toda la razón, pero la eutanasia consiste en matar al enfermo, y los médicos están para sanar, no para matar.
Morir dignamente es asumir la muerte humana y cristianamente.
Algunos piensan que es preferible matar al enfermo para que deje de sufrir. Sobre todo si él mismo lo pide.
Pero no es así.
El enfermo lo que quiere es dejar de sufrir.
Darle paliativos para aliviar su dolor, pero no matarle.
Hay que eliminar el sufrimiento humano, pero no al ser humano que sufre.
Detrás de la frase «para que no sufra» puede esconderse en el fondo, inconscientemente, el deseo de librarse de las molestias que el enfermo le ocasiona a él.
Vivir es un valor superior, que se le arrebata al darle muerte.
Dejar de existir es el supremo de los males.
«El derecho a la vida es el primero de los derechos del ser humano».
Eso de que el enfermo o anciano tiene derecho a pedir la muerte cuando lo desee es una falacia. Como le dijo monseñor Ricardo Mª Carles a Isabel San Sebastián en una entrevista que le hizo en el ABC de Madrid: «Si se llegara a legalizar la eutanasia voluntaria, sería muy fácil empujar a esas personas [que estorban] a pedir “voluntariamente” la muerte, sin desearla, en absoluto, en el fondo de sus corazones».
«Existe una tendencia a la aceptación legal de la eutanasia, es decir, a su despenalización. Desdichadamente, la despenalización suele equivaler, al menos en la mentalidad de muchas personas, a una legalización, a no considerarlo como delito, y hasta recomendar su aplicación como algo honesto.
»La mejor forma de ayudar a una muerte digna es procurar una vida de verdadera calidad humana, familiar, social y cristiana. Procurando una asistencia llena de afecto y de generosidad».
El P. Luis de Moya, sacerdote tetraplégico, que ha superado su situación con admirable trabajo sacerdotal ha dicho: «Una persona que se siente querida no puede desear la muerte». Amar y ser amado es lo que da ilusión a la vida.
Muchos de los que piden la muerte, lo que desean es ser mejor atendidos y tener ayuda para querer seguir viviendo. Por eso, más que legalizar la eutanasia. habría que humanizar el proceso de la muerte.
«En opinión de muchos expertos, entre los que destaca el profesor Richard Fenigsen, pedir la muerte a menudo significa una petición de ayuda, de comprensión; incluso cuando alguien pide la muerte enfática y repetidamente por escrito o en presencia de testigos, no se puede excluir que esté pidiendo ayuda y atención».
Lo mismo que es inaceptable legalizar que una persona quiera se esclava de otra, es inaceptable legalizar que una persona pida o otra que la mate. El quitarse la vida es peor que ser esclavo.
Además, si se legaliza que un enfermo pueda pedir la muerte, ¿por qué no va a tener el mismo derecho un sano cansado de vivir?
Monseñor Elías Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, dice en una carta pastoral: «El anciano o el enfermo terminal es un ser humano, una persona. Causarle deliberadamente la muerte es un crimen. Aunque se haga por compasión».
Ayudar a un suicidio no es compasión, es colaborar a un crimen.
La «compasión» puede enmascararse con el deseo de quitarse de encima una carga molesta, y hasta el deseo de heredarle.
Todos los periódicos de España hablaron del caso de la niña Mercedes Rodríguez, de Bilbao, cuyo padre, Emilio, de veintiséis años, pidió por todos los Medios de Comunicación que los médicos mataran a su hija enferma. Hubo algún matrimonio que quiso hacerse cargo de su hija. Más tarde se encontró remedio a algunos de los males de la niña.
Un enfermero de Indiana, en Estados Unidos, fue detenido como sospechoso de haber asesinado a un centenar de enfermos. La policía sospechó de él, pues cuando él estaba de servicio moría un enfermo al día; y cuando él faltaba moría uno al mes.
Una enfermera del Hospital holandés de Vliethoven asesinó por medio de una inyección a nueve ancianos.
Cuatro enfermeras de Austria fueron condenadas por «liquidar a cuarenta y nueve enfermos que les resultaban molestos». Una de las enfermeras, llamada Waltraud Wagner, reconoce haber matado a once personas.
Una enfermera de Dinamarca asesinó a sesenta y cuatro ancianos, después de robarles, en una residencia geriátrica de Copenhague, dándoles una sobredosis de calmantes.
Un enfermero suizo de Lucerna confesó que había dado muerte a veintisiete ancianos.
El mismo día se publicaron estas dos noticias:
Un médico inglés, Harold Shipman, ha sido condenado a cadena perpetua por haber dado muerte a 15 pacientes por medio de una inyección, en Hyde, cerca de Manchester.
Dos médicos belgas, Leon Radoux y Claude Chevolet, han sido acusados de asesinato por haber practicado la eutanasia activa a un paciente equivocado.
La aplicación de la eutanasia en Holanda, ha llevado en 1995 a acabar con la vida de 900 personas que en ningún momento habían pedido someterse a esta práctica. En pocas palabras, la ley ha provocado ya casi mil asesinatos. Hasta la fecha se han registrado 11.200 casos de interrupción o renuncia a tratamientos prolongadores de la vida, con la expresa intención de acelerar el fin de la vida del paciente.
Ellos no sabían que otros tomaron la decisión de que ellos no tenían que seguir viviendo.
Según el Dr. Antonio Pardo, Profesor de Bioética de la Universidad de Navarra, en 1990 se dieron en Holanda más de 25.000 casos de eutanasia, y 14.000 de ellos sin conocimiento del paciente.
«Desde hace tiempo uno de los argumentos contra la introducción de la eutanasia ha sido que la legalización de esas prácticas permitirá a los doctores de abusar de los derechos de los enfermos que no quieren morir.
»Ahora la evidencia de Holanda, donde la eutanasia no es ya delito desde 1994, confirma estos temores.
»Una investigación llevada a cabo en 1996, cuyos resultados han sido publicados recientemente en el Journal of Medical Ethics, encontró que algunos médicos no están respetando las cláusulas que supuestamente protegen a los enfermos contra la práctica no voluntaria de la eutanasia.
»Estos resultados indican que en 1995, uno de cada cinco casos de eutanasia tuvo lugar sin la petición explícita del paciente.
»Los autores de la investigación, Dr Henk Jochensen, del Lindeboom Institute y Dr John Keown, de Queens' College, Cambridge, concluyeron que en la mayor parte de los casos estaba claro que la eutanasia no viene comunicada a las autoridades y que no hay control sobre su práctica. (BBC, 16/2/99)».
«Según un estudio que el gobierno comisionó al ministro de Justicia holandés, el famoso "Informe Remmelick", en Holanda el 15% de los fallecidos morirían por eutanasia».
La legalización de la eutanasia, en Holanda, en 1992 ha provocado una enorme difusión de una tarjeta donde se dice que el portador no admite le sea practicada la eutanasia; y ochenta de cada cien mayores de setenta y cinco años no quieren ni oír hablar del Hospital por miedo a ser eliminados. El miedo a que se les practique la eutanasia ha hecho que los ancianos holandeses se asocien en la NPV para defenderse de la eutanasia.
La NPV cuenta con sesenta y tres mil miembros, y en las últimas semanas se han apuntado cinco mil nuevos socios.
«Holanda: la eutanasia da miedo. Más de 100.000 personas en Holanda han comenzado a llevar consigo un documento que expresa su oposición a la eutanasia. Esta curiosa medida se debe al temor de ser matados por los médicos en caso de caer enfermos».
En ZENIT, Boletín informativo del Vaticano se narra el caso de un médico, que estaba optimista por la mejoría de su paciente, cuando va a verlo por la mañana no lo encuentra en su cama: habían «acabado» con el enfermo porque faltaban camas libres.
En ese mismo boletín se da cuenta de un caso espeluznante: el hijo pide a los médicos que «aceleren» la muerte de su padre para que el funeral pueda celebrarse antes de las vacaciones.
Conozco casos de enfermos terminales, por los que se ha hecho todo lo que es razonable hacer, y que mueren desesperados creyendo que se les tiene abandonados.
Si esto ocurre en una situación en la que la eutanasia está rechazada, ¿cuántos morirían desesperados creyéndose abandonados en una situación en que la eutanasia esté legalizada?
De hecho en Australia se ha anulado la ley que permitía la eutanasia.
No es lícito dar a un enfermo una inyección con el propósito de provocar la muerte, ya inevitable, apoyados en el piadoso deseo de que no sufra.
No es lícito provocar directamente la muerte por un medio artificial, ni siquiera a petición del interesado, pero el médico puede dar al enfermo algún lenitivo de los dolores, aun a sabiendas de que posiblemente con ello se acelere indirectamente la muerte.
Pero si la dosis empleada, aunque no produzca directamente la muerte, hace privar al enfermo del uso de la razón hasta el momento de morir no se podrá aplicar al moribundo; a no ser que esté ya preparado espiritualmente. En caso contrario sería privarle de una adecuada preparación para su salvación eterna, lo cual es mucho más importante que el alivio corporal.
Todos debemos poner los medios proporcionados para conservar o recuperar la salud. Pero no estamos obligados a los medios desproporcionados como serían medicamentos muy caros o intervenciones quirúrgicas muy dolorosas.
Cuando el enfermo, a juicio del médico, no tiene esperanza de curación, no es necesario prolongar indefinidamente (distanasia), por medio de medicinas o aparatos, una vida que corre irrevocablemente a su término.
No tiene sentido aplicar un tratamiento inútil.
Pero se debe dar al enfermo la oportunidad de recibir los auxilios espirituales, y, en cuanto sea posible, arreglar sus asuntos familiares.
Cuando el enfermo se encuentra en estado terminal, en una situación de muerte inminente inevitable, en la que las medidas de soporte vital sólo pueden conseguir un breve aplazamiento del momento de la muerte, cuando la vida se prolonga artificialmente, tan sólo vegetativamente, sin reacciones humanas, es perfectamente lícito interrumpir las medidas extraordinarias y suspenderle el tratamiento o desconectarle los aparatos dejando que la naturaleza siga su curso.
No se puede matar, pero sí se puede dejar morir naturalmente, renunciando a terapias desproporcionadas, evitando un «ensañamiento terapéutico».
Una existencia irreversiblemente vegetativa, que ha dejado de ser humana, puede no tener sentido el prolongarla. Aunque no se puede privar a los familiares de su derecho de emplear todos los medios a su alcance para mantener la esperanza hasta última hora.
«Dejar morir» sería «matar» si se le niegan al enfermo los medios razonablemente normales para que pueda seguir viviendo. Nunca se deben interrumpir las curas normales debidas al enfermo en casos similares.
La distinción entre medios ordinarios y extraordinarios depende de la situación sanitaria del país en cada momento.
Lo que nunca debe faltar es el tratamiento paliativo para disminuir el dolor, y la asistencia espiritual.
En Septiembre de 1989 la Conferencia Episcopal Española ha redactado un Testamento Vital para los enfermos que se hayan en una situación terminal.
Dice así:
«El que suscribe pide que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica e irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios, que no se me aplique la eutanasia activa, ni se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; pero que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.
»Pido igual ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento final de mi existencia en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana».
La doctrina de la Iglesia sobre la eutanasia puede resumirse en este decálogo:
1º Jamás es lícito matar a un paciente, ni siquiera para no verle sufrir o no hacerle sufrir, aunque él lo pidiera expresamente. Ni el paciente, ni los médicos, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte de una persona.
2º No es lícita la acción que por su naturaleza provoca directa o intencionalmente la muerte de un paciente.
3º No es lícito omitir una prestación debida normalmente a un paciente, sin la cual va irremisiblemente a la muerte: por ejemplo, los cuidados vitales (alimentación por tubo y remedios terapéuticos normales) debidos a todo paciente, aunque sufra un mal incurable o esté en fase terminal o en coma irreversible.
4º No es lícito rehusar o renunciar a cuidados y tratamientos posibles y disponibles cuando se sabe que resultan eficaces, aunque sea sólo parcialmente. En concreto, no se ha de omitir el tratamiento a enfermos en coma si existe alguna posibilidad de recuperación; aunque se puede interrumpir cuando se haya constatado su total ineficacia. En todo caso, siempre se han de mantener las medidas de sostenimiento.
5º No existe la obligación de someter al paciente terminal a nuevas operaciones quirúrgicas cuando no se tiene la fundada esperanza de hacerle más llevadera su vida.
6º Es lícito suministrar narcóticos y analgésicos que alivien el dolor, aunque atenúen la consciencia y provoquen de modo secundario un acortamiento de la vida del paciente.
Siempre que el fin de la acción sea calmar el dolor, y no provocar subrepticiamente un acortamiento sustancial de la vida; en este caso, la moralidad de la acción depende de la intención con que se haga, y de que exista una debida proporción entre lo que se logra (la disminución del dolor) y el efecto negativo para la salud.
7º Es lícito dejar de aplicar tratamientos desproporcionados a un paciente en coma irreversible cuando haya perdido toda actividad cerebral. Pero no lo es cuando el cerebro del paciente conserva ciertas funciones vitales, si esta omisión provocase la muerte inmediata.
8º Las personas minusválidas o con malformaciones tienen los mismos derechos que las demás personas, concretamente, en lo que se refiere a recepción de tratamiento terapéutico.
En las fases prenatal y posnatal se les han de proporcionar las mismas curas que a los fetos y niños sin ninguna minusvalía.
9º El Estado no puede atribuirse el derecho de legalizar la eutanasia, pues la vida del inocente es un bien que supera el poder de disposición, tanto del individuo como del Estado.
10º La eutanasia es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina, del que se hacen responsables todos los que intervienen en la decisión y ejecución del acto homicida.
La Conferencia Episcopal Española publicó, en Febrero de 1998, un documento sobre la eutanasia donde dice que el «no matarás» del Quinto Mandamiento incluye también la vida propia.
Por lo tanto la eutanasia es un suicidio, y el que colabore a ella colabora a un homicidio.
«La Comisión para las Cuestiones Sociales, la Salud y la Familia de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha afirmado claramente que el reconocimiento del derecho a la muerte reivindicado por numerosas asociaciones en Europa no constituye una respuesta apropiada a las aspiraciones de los enfermos incurables o moribundos.
»La Comisión se pronuncia contra toda institucionalización de la eutanasia activa, constatando en este sentido las dramáticas consecuencias producidas por esta práctica en los Países Bajos, donde está despenalizada.
»La adopción del informe constituye el final de una larga reflexión, en la que se han escuchados a numerosos expertos del mundo ético y médico».
67,10. Una obra de caridad muy actual es la donación de órganos para trasplantes. «La donación de órganos, después de la muerte, es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado».
Donar el cadáver para que otra persona pueda recibir un órgano aprovechable es una obra de caridad que deberíamos hacer todos.
Gino Concetti, en el Osservatore Romano, comúnmente conocido como «el periódico del Papa», 27 de Octubre de 1997, afirma: «la donación de órganos es sin duda un gesto de caridad heroica –explica el teólogo–. Quien lo realiza se conforma más íntimamente a Cristo, que dio su vida en rescate por todos».
Sería bueno llevar junto al Documento Nacional de Identidad, un papel firmado donde se haga donación de todo órgano aprovechable después de nuestra muerte.
Actualmente se puede solicitar la tarjeta de donante en las Residencias y Ambulatorios de la Seguridad Social. Esto facilita la gestión, pues el donante figura en los archivos de la Seguridad Social.
«Cuando se trata del trasplante del corazón, se requiere con absoluta necesidad que la persona cuyo corazón va a ser trasplantado esté realmente muerta. (...) De lo contrario, los operadores cometen un homicidio».
Por eso es obligatorio legalmente, antes de extraer el órgano al donante, asegurarse de que está cerebralmente muerto, para lo cual se le hacen tres encefalogramas, espaciados por seis horas cada uno; y los tres deben estar planos.
Si la donación es en vida, deben darse algunas condiciones:
a) que el donante lo otorgue libre y responsablemente, después de haber sido suficientemente informado.
b) que las garantías de éxito sean proporcionales a los inconvenientes para el donante.
c) que el órgano sea doble o regenerable: como la sangre.
«Exceptuados los casos de prescripciones médicas, de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral».
67,11. La Patria debe ser para ti la cosa más grande después de Dios y de la Religión.
Patria no es sólo el territorio en el que se ha nacido. Abarca también un entramado de ideas, historia, tradiciones, costumbres, religión, etc., que identifican la personalidad de un pueblo.
«Para un soldado cristiano el morir por la Patria es un acto sublime de caridad. Si mueres por la Patria en gracia de Dios, tendrás gran mérito y poco purgatorio» (P. Vilariño, S.I.).
La Patria debe ser amada y defendida por los ciudadanos, incluso con la pérdida de la vida.
«Los que se dedican al servicio de la Patria en la vida militar, son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos».
«Los poderes públicos tienen el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional».
«Los poderes públicos atenderán equitativamente el caso de quienes, por motivos de conciencia, rehusan el empleo de las armas. Éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana».
El amor a la Patria es uno de los amores más puros y más dignos que puedes encerrar en tu pecho. «Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la Patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre también por el bien de toda la familia humana».
«El amor a la Patria es legítimo, como es legítimo el amor al hogar y a la propia madre. Es, mejor, una exigencia ineludible de todo corazón bien nacido. El que desprecia a su madre o desprecia a su hogar es un descastado. El que desprecia a su Patria o la injuria es también un mal nacido. El cristianismo prescribe y fomenta el amor a la Patria y lo sobrenaturaliza. El amor ordenado a la Patria es un deber moral para todo cristiano».
Todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la Patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro.
Nuestros deberes para con la Patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir al bien común.
Debemos estar orgullosos de nuestra Patria. De sus cualidades y de sus virtudes. Pero también debemos darnos cuenta de los defectos de nuestra raza, y trabajar para corregirlos; contribuyendo así a su engrandecimiento.
No debemos ser fanáticos nacionalistas creyendo que lo nuestro es siempre lo mejor. Pero tampoco ingenuos admiradores del extranjero, creyéndolo siempre y en todo superior.
Para un español católico uno de los mayores valores de nuestra patria es su vinculación con el catolicismo.
Empezó con la conversión del rey Recaredo, en Toledo en el siglo VI.
Durante los siete siglos de la reconquista, lo que aglutinó a los españoles fue la lucha contra el Islam.
Lo que motivó a Isabel la Católica a colaborar en la empresa del Nuevo Mundo fue la cristianización de aquellos infieles, como ella dejó escrito en su testamento.
España hizo un enorme esfuerzo para civilizar Hispanoamérica, mandando allí hombres excepcionales que hubieran hecho aquí una gran labor.
Según Pedro Borges, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, «el nivel de alfabetización al que llegaron muchos guaraníes y aztecas fue superior al de los españoles de Castilla».
Y Julián Marías, miembro de la Real Academia Española, y uno de los pensadores más lúcidos de la actualidad, afirma que las universidades fundadas por España en América fueron muy anteriores a las fundadas en América del Norte.
También se levantaron maravillosas catedrales en Santo Domingo, Méjico, Puebla, Oaxaca, La Habana, Quito, Lima, Arequipa, Cuzco, Santiago, Buenos Aires y muchísimas más.
Pero, sobre todo, el gran exponente representativo de la conciencia cristiana de los españoles fue el mestizaje, típico de Hispanoamérica, nacido del convencimiento de que todos los hombres somos hermanos al ser hijos de Dios.
Gracias a España la mitad de los católicos del mundo está en Hispanoamérica.
Lo que movió, principalmente, a Felipe II a intervenir en Europa fue la defensa del catolicismo.
Muchas ciudades y universidades españolas hacían el voto de defender hasta la muerte la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen siglos antes de que Pío IX declararse el dogma en 1854.
Últimamente se habla mucho de las dos Españas: la católica y la anticlerical. Pero la gran mayoría de los españoles tienen un fondo católico.
Hoy se declara católico el 90% de los españoles
Conocida es la actitud de los Testigos de Jehová hacia la Patria y la bandera. Rehúsan hacer el servicio militar porque dicen que no creen en más Patria que la de Dios; niegan saludar a la bandera, porque, según ellos, este saludo constituiría una forma de adoración religiosa...¡Valiente barbaridad!
El saludo a la bandera es un acto de contenido patriótico, que no tiene nada de religioso. Para otros, la bandera no significa nada.
La bandera no es un trapo desplegado al viento: es el símbolo de nuestra historia, de nuestras tradiciones, de nuestras virtudes y de nuestros ideales.
67,12. Las leyes civiles, moralmente justas, ordenadas al bien común, obligan en conciencia. Pero no obliga la ley injusta que va contra la razón, contra la conciencia o contra Dios.
«Cuando las autoridades públicas, excediéndose a sus competencias, oprimen a los ciudadanos, es lícito, a éstos, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esa autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y la evangélica»: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».
Algunos gobiernos de hoy, con sus leyes, más que defender la moralidad pública y estimular el comportamiento moral, lo que hacen es autorizar con las leyes los comportamientos inmorales, por ejemplo, el aborto.
No se preocupan de lo que se debe hacer, sino de autorizar lo que se hace. Estamos en una sociedad permisiva.
Por respeto a la libertad se permite todo, sin preocuparse de orientar la libertad al bien común.
«El papel de la ley civil no estriba en la legalización de lo que ocurre en la sociedad. Menos aún ha de regularse siguiendo únicamente intereses electoralistas. (...) Una ley “democrática” no equivale a ley “justa”. Por lo tanto, aceptar la democracia no significa considerar justa cualquier ley aprobada por una mayoría parlamentaria».
«El hombre se realiza en sociedad. Es un ser sociable y social. Dios lo ha hecho así. Por eso tienen que darse normas y haber autoridades al servicio del funcionamiento de las sociedades... La autoridad es, por consiguiente, un servicio para la comunidad, no un privilegio para el que la ejerce. Y, si es legítima, viene en última instancia de Dios. Es decir, la obediencia, bien entendida, termina en la voluntad de Dios... Por supuesto, toda autoridad es limitada, tiene un determinado ámbito de actuación. Si mandase fuera de esos límites no hay lugar a la obediencia».
«Dios ha querido que los hombres vivamos en sociedad. La organización social facilita el desarrollo del hombre. En toda sociedad hay autoridades que dan leyes, y hacen que estas leyes sean cumplidas. Todos los ciudadanos tienen el derecho y el deber de elegir por votación a los gobernantes que consideren más capacitados para conseguir el bien de la sociedad. El cristiano tiene el deber de elegir responsablemente a quienes le parece mejor van a servir al bien común. El bien común se realiza plenamente sólo cuando todos los ciudadanos están seguros de sus derechos. Los cristianos han de cooperar con todas sus fuerzas a promover el bien común. Es deber también de los cristianos preocuparse por la paz, la justicia y la unión entre todos los hombres, y trabajar, en la medida de lo posible, para lograrlo».
«Los que ejercen una autoridad, deben ejercerla como un servicio».
«El ejercicio de los derechos políticos está destinado al bien común de la nación y de toda la comunidad humana».
«Los católicos, peritos en asuntos públicos, y firmes, como es debido, en la fe y en la doctrina cristiana, no rehúsen desempeñar cargos públicos, ya que por ellos, bien administrados, pueden procurar el bien común y preparar el camino del Evangelio».
El 28 de septiembre de 1989 la Comisión Permanente del Episcopado Español publicó un documento con ocasión de las próximas elecciones titulado Responsabilidad cristiana ante las elecciones generales.
En él se advierte el deber moral de votar para colaborar al bien común, y añadían que el voto hay que darlo con responsabilidad, apoyando al partido que mejor defienda el tipo de sociedad que esté de acuerdo con los valores de la propia conciencia.
D. Gabino Díaz Merchán, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en la apertura de la XLIII Asamblea Plenaria, dijo: «La libertad de opción política, no significa que el cristiano pueda comprometerse en el terreno socio-político sin tener en cuenta los criterios que dimanan de su fe».
En febrero de 1977 la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española publicó una nota en la que decía que la Iglesia debe mantenerse independiente respecto a los distintos partidos políticos, pero los cristianos deben excluir su apoyo a aquellos partidos o programas que sean incompatibles con la fe.
En cuanto a los sacerdotes y religiosos dice que, como cualquier ciudadano, tienen derecho a asumir sus propias opciones políticas; pero no deben asumir funciones de militancia activa ni de liderazgo en los partidos políticos.
Si en circunstancias concretas y excepcionales el bien de la comunidad exige tales compromisos, se ha de obtener previamente el consentimiento del Obispo, consultado el Consejo Presbiteral y, si el caso lo requiere, también la Conferencia Episcopal.
«El pensamiento religioso y el pensamiento político-económico parecen moverse en dos planos distintos.
»Daniel Villey ha escrito: “El Catolicismo no es una doctrina económica: es una religión.
»Un católico es un hombre que reza sus oraciones, que confiesa sus pecados ante un sacerdote para que éste se los perdone en nombre de Dios, que recibe la Eucaristía, que cree que el Espíritu Santo está presente en la Iglesia Romana, y que espera el reino de Dios. (...)
»El contenido del mensaje cristiano es la salvación de las almas, no la organización de las sociedades”.
»Pero, por otra parte, (...) hace unos años un prelado francés decía: “Transmitir el mensaje evangélico al mundo actual implica que la iglesia tome partido sobre problemas temporales”. (...)
»A través de la Historia, muchos eclesiásticos y pensadores cristianos han intervenido en política, y el resultado, en conjunto, ha sido bueno.
»No todas sus actuaciones han sido acertadas, se han equivocado, a veces, en estos problemas complicados y opinables, como se equivocan también en ellos los no cristianos. (...)
»Es cierto que del Evangelio se desprenden normas que han de influir en toda la conducta del hombre. La vida política, económica y social de los pueblos cristianos será distinta de la de los pueblos a los que no llegó la influencia del cristianismo».
«La Iglesia Católica y las demás Iglesias Cristianas no deben ligarse a ningún programa económico. Pero el cristiano tiene la obligación moral de contribuir, dentro de sus posibilidades, al bien de los hombres y, por lo tanto, a la buena marcha del mundo.
»Esta obligación será más o menos grave según la situación y la inteligencia de cada uno.
»Para el hombre moderno que haya alcanzado cierto desarrollo intelectual, esta obligación incluirá, probablemente, la de escoger un determinado sistema político, económico y social, y propugnarlo. (...)
»El mejor sistema económico será el que asegure a los hombres el mayor bienestar material y la mayor libertad.
»Es decir, el que determine la mayor producción de bienes, la distribución menos desigual de los mismos, y la menor coerción de las autoridades sobre las ideas y las actividades de los ciudadanos».
Pero lo más importante es la ideología.
Por eso Monseñor Gea Escolano, Obispo de Mondoñedo-El Ferrol, en una carta dirigida a sus diocesanos, con motivo de las elecciones, les decía que es natural que un católico no apoye a un partido que atenta contra la doctrina católica.
«La Iglesia recuerda que el aborto debe condicionar el voto de los católicos. (...) Aunque ningún partido político de los que concurren a las elecciones lleva un programa claro para proteger la vida humana (...), el católico debe votar a aquellos que ofrecen más posibilidades de no hacer más mal».
«La fe debe iluminar con su luz la política, como actividad de los hombres; lo cual no quiere decir que la Iglesia, como comunidad de fe, deba ACTUAR EN POLÍTICA, SINO QUE CON SU MAGISTERIO doctrinal, a la luz de la fe, ha de iluminar las actitudes políticas y decir cuáles son o no conformes con la doctrina de la fe».
La Iglesia es por naturaleza apolítica.
Pero tanto la Iglesia como el Estado deben buscar el bien integral de los individuos.
Cada cual en su esfera.
Si esto se hace correctamente, no tiene que haber conflictos.
Si el Estado no respeta los bienes espirituales de la persona humana, la Iglesia tiene obligación de denunciarlo.
«La religión no se puede separar de la política, porque si la política es el arte de bien gobernar, la religión no puede desentenderse de ese gobierno del cual depende la prosperidad material y religiosa. (...) En este sentido, la política no es sólo un derecho, sino un deber inalienable de la Iglesia y de todos los ciudadanos, que están obligados a procurar el bien común de la sociedad».
La Iglesia quiere que los seglares católicos estén presentes en la vida política para ofrecer a la sociedad los valores cristianos que la hagan más humana, justa y solidaria.
Una sociedad que vive de espaldas a Dios, se vuelve contra el hombre.
«La Iglesia alaba y tiene como digna de consideración la obra de aquellos que para servicio de los hombres se consagran al bien del Estado, y aceptan las cargas de este deber.
«Sólo el abandono de los deberes ciudadanos explica que pueblos eminentemente católicos estén dominados por un puñado de hombres anticatólicos».
«El cristiano no debe someter su conciencia a las imposiciones del partido en que milite».
«Los cristianos al ejercer el derecho del voto tienen obligación de elegir aquellos partidos y aquellas personas que ofrezcan más garantías de favorecer realmente el bien común considerado en toda su integridad...
»El bien común no puede reducirse a los aspectos materiales de la vida, con ser éstos de primera importancia.
»La concepción cristiana del bien común incluye también otros aspectos culturales y morales».
«Es gravísimo deber de los católicos votar a los candidatos que ofrezcan mayores garantías sobre la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia, y cometerían fácilmente pecado mortal votando a los indignos, o absteniéndose de votar, con peligro de contribuir al triunfo de los candidatos anticatólicos».
El 29 de mayo de 1986 la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, publicó una Instrucción sobre la libertad cristiana y liberación, donde dice: «La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contemporáneo sometido a duras opresiones y ansioso de libertades.
»La gestión política y económica de la sociedad no entra directamente en su misión.
»Pero el Señor Jesús le ha confiado la palabra de la verdad capaz de iluminar las conciencias (nº 61).
»La misión esencial de la Iglesia, siguiendo la de Cristo, es una misión evangelizadora y salvífica.
»En esta misión la Iglesia enseña el camino que el hombre debe seguir en este mundo para entrar en el Reino de Dios. Su doctrina abarca todo el orden moral...
»La Iglesia quiere el bien del hombre en todas sus dimensiones: en primer lugar como miembro de la Ciudad de Dios, y luego como miembro de la ciudad terrena (nº 63).
»La Iglesia no se aparta de su misión cuando se pronuncia sobre la promoción de la justicia en las necesidades humanas. Sin embargo procura que su misión no se reduzca a ella (nº 64).
»La Iglesia es fiel a su misión cuando se opone a los intentos de instaurar una forma de vida social de la que Dios está ausente, y cuando emite su juicio acerca de los movimientos políticos que tratan de luchar contra la miseria y la opresión según teorías y métodos de acción contrarios al Evangelio» (nº 65).
Conviene advertir que el marxismo es esencialmente ateo.
Así lo afirma Gregorio R. de Yurre, Profesor de Filosofía en la Facultad de Vitoria, conocido marxólogo, autor de varios libros sobre marxismo. Dice él que el ateísmo es tan esencial al marxismo como la divinidad de Cristo lo es para el cristianismo.
«Los fieles que profesan la doctrina marxista y anticristiana de los comunistas y, sobre todo, aquellos que la defienden y propagan, incurren, de pleno derecho, como apóstatas de la fe católica».
Por eso la Comisión Permanente del Episcopado Italiano ha dicho: «No se puede ser a la vez cristiano y marxista», porque «la adhesión al comunismo es una apostasía de hecho».
«El comunismo no deja lugar para ninguna religión».
«El comunismo no se limita a negar a Dios, lo combate. El ateísmo marxista, como ha observado el mismo
»Lenin, es una consecuencia directa e inevitable del materialismo dialéctico, parte esencial de la concepción comunista del mundo».
El padre jesuita Bartolomé Sorge, doce años director de la Revista Civiltá Cattolica, autorizado portavoz oficioso del Vaticano, y profundo conocedor de la problemática social de nuestro tiempo, ha publicado un libro titulado La opción política del cristiano, donde dice: «El marxismo es esencialmente ateo. Marx fue un ateo absoluto.
»En sus obras ataca toda religión, considerándola como una enfermedad del espíritu alienado.
»A lo largo de la historia el marxismo ha sido ateo.
»Más aún, del ateísmo de Marx, se pasó con Lenin al antiteísmo, a la lucha feroz contra la religión.
»Todavía hoy, dondequiera que el marxismo está en el poder, la religión es impedida... En algunas naciones los marxistas se han atraído a los cristianos para lograr ventajas políticas y electorales, pero el marxismo sigue siendo radicalmente ateo.
»Por eso la Comisión Episcopal italiana dice: “No se puede ser simultáneamente cristiano y marxista”».
El cardenal Bennelli, arzobispo de Florencia, en unas declaraciones al diario madrileño El País, dijo a propósito de los cristianos que votan comunista: «Lo hacen porque no conocen el marxismo o no conocen el cristianismo».
Un decreto del Santo Oficio del 1º de julio de 1949, excomulga, como apóstatas de la fe católica, a los que profesan la doctrina materialista y anticristiana de los marxistas.
El marxismo ha sido condenado repetidamente por la Iglesia.
Pío XI dice en la Quadragessimo anno (nº 120): «Nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista». Y en la Divini Redemptoris (nº
22): «El comunismo es, por su misma naturaleza, totalmente antirreligioso». El comunismo es intrínsecamente malo».
En mayo de 1971 Pablo VI dijo en su carta apostólica Octogessima adveniens: «Hoy día muchos cristianos se sienten atraídos por las corrientes socialistas... (pero) el cristiano que quiere vivir su fe, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen radicalmente a su fe».
Hasta el mismo profesor socialista Enrique Tierno Galván, afirmó que «no es compatible ser católico y ser marxista».
Recientemente ha aparecido en la Iglesia la Teología de la Liberación que ha sido muy bien recibida en algunos sectores por lo que tiene de cristiano «la opción por los pobres».
Pero algunos han entendido este ideal cristiano en clave marxista.
«El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad. (...) La liberación de Cristo es, ante todo, liberación de la esclavitud del pecado. (...)
»Es importante no confundir “liberación salvífica!” con “liberación humana”.
»Por ello son inaceptables determinadas “teologías de la liberación” basadas en filosofías de corte marxista, las cuales reducen la liberación cristiana a mera liberación de estructuras sociales injustas».
Leonardo Boff, uno de los promotores de la teología de la liberación, exhorta a la «utilización del marxismo».
Por eso, otros sectores de la Iglesia Católica han presentado sus reparos a los teólogos de la liberación.
La Sagrada Congregación de la Fe publicó en 1984 una Instrucción sobre la Teología de la Liberación, titulada Libertatis nuntius, en la que dice que ciertas formas de ésta, recurren a conceptos marxistas que implican riesgos de desviación ruinosos para la fe y para la vida cristiana.
Dice el Cardenal Ratzinger en su obra La sal de la Tierra que la Teología de la Liberación no ganó a los que iba dirigida, pero les apartó de la Iglesia Católica.
Eso explica la masiva emigración a las sectas «que les ofrecen un refugio religioso».
Recientemente Frei Betto, que durante años ha sido uno de los personajes símbolo de la Teología de la Liberación, ha dicho en el periódico italiano Avvenire que «la Teología de la Liberación se ha congelado».
Por otra parte, el marxismo ha fracasado totalmente en su doctrina social. Después de setenta años de comunismo, el pueblo ruso no ha salido de la miseria. Allí sólo vivían bien los afines al gobierno.
El nivel de vida del pueblo de los países sometidos al marxismo en el este europeo ha sido muy inferior al nivel de vida del pueblo de los países del occidente europeo.
Para sacar a su pueblo de la miseria, Gorbachov ha pedido ciento cincuenta mil millones de dólares a los países capitalistas.
Este fracaso del marxismo ha sido un golpe mortal para la Teología de la Liberación.
El Cardenal Ratzinger dijo en un encuentro de los Presidentes de las Comisiones Episcopales de América Latina para la Doctrina de la Fe, celebrado en Guadalajara (Méjico), que la caída del marxismo en el Este europeo fue «el ocaso de los dioses» para la Teología de la Liberación, al aparecer a los ojos del mundo el horror de los países que habían estado dominados por el marxismo.
Quizás venga bien decir aquí algo sobre la masonería. «La masonería, es una sociedad secreta de corte esotérico y ocultista, condenada por la Iglesia, aunque simula lo contrario, que persigue la destrucción de la civilización cristiana, comenzando primero con la Iglesia Católica y continuando con otras creencias cristianas; así como también de toda norma, principio o institución basados en el cristianismo, para sustituirlos por una civilización pagana y una pseudoreligión también pagana».
Las Logias del Gran Oriente de España propusieron a las Cortes Constituyentes de la República Española que en la Constitución de la República se incluyesen, entre otras, las siguientes disposiciones:
- Romper las relaciones diplomáticas con el Vaticano.
- Prohibir toda manifestación de índole religiosa en la calle.
- Incautación de los bienes de la Iglesia dedicados a la beneficencia.
- Nacionalización de todos los bienes de las Órdenes Religiosas.
- Expulsar o exclaustrar a todos los religiosos de ambos sexos.
- Incapacitación legal de los sacerdotes para ejercer la enseñanza. Etc., etc.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid publicó una tesis doctoral, a base de documentos del Archivo de Simancas, donde se transcriben artículos que las logias masónicas de España enviaban a los periódicos durante la República (1931-1936) calumniando a la Iglesia Católica e incitando a la quema de conventos y matanza de curas y monjas.
Manuel Guerra, máximo experto español en sectas, ocultismo y satanismo, Profesor en la Facultad Teológica del Norte de España en Burgos, y autor del monumental Diccionario Enciclopédico de las sectas, (Ed. BAC, 2001), dice que en el ritual de iniciación del grado 29º de la masonería «el iniciado pisa y escupe sobre un crucifijo».
El historiador republicano Claudio Sánchez Albornoz dice que la expulsión de los jesuitas de España por obra del gobierno de Azaña «consiguió evitar la disolución de las órdenes religiosas, entregando sólo a los jesuitas al paladeo de los masones».
Por eso la Iglesia prohibe que los católicos se hagan masones:«La masonería es contraria a la doctrina católica, y pecan gravemente los fieles que la profesan»
Según la Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 26-XI-83 está prohibido que un católico se inscriba en la masonería, y el que lo haga está en pecado grave y no puede acercarse a la comunión porque «es una afiliación incompatible con la fe católica».
«Se mantiene, inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas, ya que sus principios han sido considerados siempre inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la adscripción a las mismas permanece prohibida. Los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión. Roma, en la sede de la Sagrada. Congregación para la Doctrina de la Fe, 26 de noviembre de 1983. Joseph Card. Ratzinger, Prefecto; Fr. Jérôme Hamer, O.P., Secretario».
«En el editorial de la revista italiana «La Civiltá Cattolica» del 19 de junio pasado se examina el tema de las relaciones entre los católicos y los masones. El punto de partida de la reflexión es una afirmación por parte del Gran Maestro italiano de los masones, Virgilio Gaito, según el cual el catolicismo y la masonería, como dos esferas concéntricas, pueden coexistir en la misma persona. De esa manera un católico no tendría dificultades en conciliar dentro de sí la fe cristiana y la pertenencia a la masonería.
»En cuanto a la afirmación de Gaito sobre la posibilidad de que un católico, hoy en día, comparta la fe católica y la pertenencia a la masonería el editorial no está en absoluto de acuerdo. La «Civiltá Cattolica» recuerda que en 1983 la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró que el juicio negativo sobre la masonería todavía queda en pie. La declaración afirma que los principios de la masonería son incompatibles con la doctrina de la Iglesia y que, por tanto, un católico no puede ingresar en las filas de los masones. El editorial afirma que un católico que entra en la masonería para promover sus intereses personales o para facilitar su carrera, comete un pecado de falsedad y oportunismo. Sería todavía más grave, sigue el editorialista, que un católico entrara en la masonería siendo consciente de la doctrina de ellos. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas no pueden acceder a la sagrada comunión».
El Papa León XIII publicó la encíclica Humanum genus en la que dice: «La masonería tiene como intento destruir los fundamentos del orden religioso (nº9). (...) Maquinan abiertamente la ruina de la Santa Iglesia (nº
2) ».
Según el célebre historiador Ricardo de la Cierva, basándose en los testimonios de Manly Hall y Albert Pike, en la masonería hay ritos abiertamente satánicos.
Dos palabras también sobre los rosacruces. Su fundador fue masón.
Dice el "Diccionario de las Religiones", dirigido por el Cardenal Paul Paupard
«Es menos una secta religiosa que un sincretismo de origen gnóstico y alquímico, de tipo iniciático, que propone una síntesis del conocimiento de la naturaleza, del secreto de las fuerzas cósmicas, del misterio del tiempo y del espacio, o de los poderes místicos de las religiones o sabidurías de Egipto, de Babilonia, de Grecia y de Roma.
La Antigua y Mística Orden de la Rosacruz (AMORC) se inspira además en el cristianismo».
67,13. Peca gravemente contra el quinto mandamiento quien se emborracha hasta perder el uso de la razón.
Lo mismo que no podemos privarnos de la vida, tampoco podemos privarnos de la razón.
Sería matar la personalidad, y esto no puede hacerse sin causa justificada, como sería anestesiar antes de una operación quirúrgica.
Cuando la borrachera no es completa, es decir, cuando no pasa de un «ponerse alegre», no es pecado grave. Pero hay que tener mucho cuidado, porque el que ha bebido demasiado tiene poco dominio de sí mismo y fácilmente comete pecados que sin haber bebido no cometería. Por eso hay que saber beber con moderación y cortar a tiempo. Puede ser que borracho se hagan tonterías que no se harían si se estuviera sereno. No se es responsable de lo que se hace sin darse cuenta, pero el pecado se comete antes de emborracharse, cuando se daba uno cuenta de lo que se podía hacer borracho, y sin embargo, se emborrachó voluntariamente.
Lo mismo que el que va de noche junto a un precipicio, sin necesidad, y se despeña; el mal paso que le hizo caer lo dio sin querer, pero es responsable de su caída cuando, dándose cuenta del peligro, emprendió el camino sin necesidad.
El beber con exceso no sólo ofende a Dios, sino que es también malo para la salud. El alcohol debilita la voluntad, destroza el sistema nervioso, lesiona el hígado y el cerebro, envenena la sangre, y dispone al organismo para multitud de enfermedades: tuberculosis, pulmonía, tifus, reuma, diabetes, etc. Por otra parte, es muy difícil que quien se da a la bebida lleve una vida moral, pues el alcohol atiza la lujuria.
67,14. Unas palabras sobre drogas. «El uso de las drogas, excepto por razones terapéuticas, es falta grave». Es muy triste que la juventud sea el campo abonado donde hacen su gran negocio los traficantes de drogas. Las drogas están haciendo estragos en la juventud. Esclavizan de tal modo que los adictos no pueden pasar sin la droga. Y como cuesta mucho dinero, lo sacan de donde sea, incluso robando y matando. Y terminan destrozando su salud, y con frecuencia en la cárcel. El hambre de drogas es insaciable; el cuerpo y el alma son sus esclavos. El drogadicto es un verdadero enfermo. No tiene más que un pensamiento, un deseo, una preocupación: la droga. Donde sea, como sea, sin freno, sin vergüenza, sin pensar.
Está dispuesto a no comer, a reducirse a un mal oliente, a prostituirse, a robar, a matar, con tal de poder procurarse la droga. El precio no le importa.
El síndrome de abstinencia, el «mono», lleva a reacciones impensables a fin de conseguir la droga. El «mono» es algo que crece y crece, que no se detiene, que obliga a quien lo sufre a cometer cualquier locura con tal de acabar con ese infierno, que enloquece al adicto y lo convierte en un ser radicalmente distinto, un ser al que no le importa nada ni nadie, al que no le preocupa otra cosa que conseguir más droga y «matar el mono».
En los Estados Unidos faltan plazas en los hospitales para tantos drogadictos como hay que internar. En Nueva York mueren mensualmente cien adolescentes por culpa de las drogas. Más que por todas otras causas juntas.
En España han muerto por las drogas sesenta personas en dos meses, y sólo en Barcelona, veintidós muertos por las drogas en una semana. En Madrid mueren siete personas por sobredosis cada día. Por eso, mucho cuidado.
Jamás tomar. Ni siquiera probar. Muchos empezaron por la tontería de probar, y luego se enviciaron y terminaron esclavos de la droga.
El conocido doctor Garrido Lestache, dijo por Radio Nacional de España, el 20 de agosto de 1984, a las doce y cuarto del mediodía, que el
que empieza fumando porros, termina con la heroína. Esto está confirmado por la experiencia, a pesar de lo que digan en contra algunos interesados en difundir el consumo de drogas.
Los traficantes a veces la regalan para que la juventud se aficione. Luego viene todo rodando. Si se empieza, se terminará haciéndose un desgraciado; quizás loco, y hasta muerto prematuramente hecho una piltrafa.
«Si la población conociera de verdad los efectos de las drogas que van deteriorando la personalidad de un modo progresivo, física y psíquicamente, si conociera de verdad la dificultad de salir del círculo de la droga-adicción, reaccionaría violentamente contra el consumo de drogas. Los fracasos de la terapéutica son muy numerosos; por eso los esfuerzos deben dirigirse no solamente para curar a los pacientes que ya han caído en la drogadicción, sino sobre todo en evitar que los sujetos lleguen a adquirirla».
El 12 de noviembre de 1979 oí en Radio Nacional de España en Protagonistas nosotros, un espacio sobre drogas a cargo del Dr. Monegal, especialista en problemas con drogadictos. Apunté las siguientes afirmaciones:
«El porro envenena gravemente. A veces, después, es muy difícil la desintoxicación. Los que piden la despenalización del porro, porque consideran a la marihuana inofensiva, tienen un absoluto desconocimiento científico de sus consecuencias biológicas y psíquicas. A veces se producen daños irreparables, sobre todo en el desarrollo de los adolescentes. La dependencia, es decir, la esclavitud de la droga, puede producirse con la primera dosis: depende de personas».
«Se ha descrito una serie de trastornos y estados psíquicos (manifestaciones esquizofrénicas, maníacas y orgánicas agudas), relacionadas con el uso de la marihuana».
En otro programa sobre Drogas en Radio Nacional de España, a las 9 de la mañana, en Enero de 1979, dijo el Dr.Cajal, Catedrático de Psicopatología en la Facultad de Madrid: «Las actitudes permisivas siempre han favorecido la propagación de las drogodependencias».Oí decir a un drogadicto que cuando empezó pensaba inyectarse una vez al día, y después necesitó inyectarse cuatro o cinco veces al día.
El Dr. Freixa, Catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Barcelona, dijo por Radio Nacional de España en el programa Protagonistas nosotros el 6 de Febrero de 1980: «Todos los drogadictos que han terminado esclavos de la heroína y con graves lesiones psíquicas, empezaron fumándose un porro con unos amigos».
Generalmente se empieza por curiosidad o por tirón del grupo, con el engaño de probar sensaciones nuevas, etc. y después viene la dependencia física que produce una alteración del metabolismo, que puede llevar a la muerte. Esto es muy frecuente.
El drogadicto siempre es un enfermo. La droga modifica el psiquismo. Las drogas producen alteraciones psíquicas irreversibles aunque se cure la tendencia. El drogadicto pierde interés por todo lo que no sea la droga: ni familia, ni trabajo, ni sociedad, ni nada. Poco a poco se desmorona su personalidad y termina convirtiéndose en una piltrafa humana.
Alejandro Vallejo-Nájera, hermano del famoso psiquiatra Juan Antonio, que estuvo metido en el mundo de la droga, decía: «La droga es el infierno».
Acción Familiar ha editado un tríptico en el que sugiere a los padres cinco consejos para evitar que sus hijos se droguen.
1. - Hacer acogedor el ambiente familiar, armonizando la autoridad, que nunca debe faltar en el hogar, con el diálogo, la comprensión y la participación.
2. - Acostumbraos a escuchar a vuestros hijos, y no deis excesiva importancia a unas formas externas que son propias de la moda de cada época.
3. - Evitad tanto la sobreprotección como el ser «padres de paja», y educadles en una razonable austeridad, acostumbrándoles a soportar frustraciones.
4. - Más que sermones sobre los daños de la droga, dadles el ejemplo de vuestra sobriedad, especialmente en el uso que hacéis del alcohol, del tabaco y de los psicofármacos.
5. - Ofrecedles objetivos e ideales en lugar de nuevos medios de bienestar, de comodidad y de vida fácil, que hacen su voluntad débil ante el asalto de la droga. Estos cinco consejos están orientados a crear en el hogar un ambiente sano, que haga innecesaria la evasión por la droga. Recordemos que, según la Organización Mundial de la Salud, entre las causas predominantes de la drogadicción se hallan las circunstancias de tipo
familiar: hogares desintegrados por el divorcio, padres sobreprotectores, padres sin tiempo para los hijos, falta de comunicación padres-hijos, etc..
«Los hijos que tienen mayor peligro en dejarse llevar de la toxicomanía son aquellos que tuvieron unos padres excesivamente duros o demasiado blandos que les dejaban hacer lo que querían; o padres que no prestaban atención alguna a sus hijos. (...) Los padres han de vivir una vida de fe y esperanza alegres, en un ambiente de amor entre sí y para con los hijos. Y deben dar a sus hijos el testimonio de que, aunque haya que sacrificarse, cuando hay amor, ese sacrificio, no sólo no cuesta, sino que enriquece y desarrolla a la persona en su ser total. (...) Cuando un hijo se encuentra en ese ambiente, aunque en su vida tropiece con dificultades ante la droga, recurrirá a esa fuerza de voluntad que se ha creado en una educación integral. (...) Un ambiente familiar lleno de paz y de amor, inspirado en la comprensión y mutua ayuda, es el medio más eficaz para que los hijos se encuentren mejor dotados para poder hacer frente a los peligros de la droga».
67,15. Peca además contra este mandamiento el que escandaliza a otro, es decir, le enseña, le invita o le provoca a pecar; ya sea con palabras, con su ejemplo, o haciéndole cómplice de los propios pecados. El escándalo es un pecado gravísimo, porque hace perder al prójimo la vida de la gracia, que es mucho más preciosa que la vida del cuerpo. El que escandaliza es un asesino de almas.
«Se hacen culpables de escándalo los que manipulando la opinión pública la desvían de los valores morales».
Con la pública desvergüenza de algunas parejas, además de los pecados que cometen en su «trato libre», cometen también el pecado de escandalizar a muchas almas, que, al verlas, aprenden o son tentadas.
Y dijo Jesucristo, hablando de los que escandalizan, que más le valiera que los arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, pues es grande el castigo que les espera en la otra vida. El que ha hecho daño espiritual a otro tiene obligación de reparar el daño según sus posibilidades. Debe procurar llevarle de nuevo al buen camino. Debe exhortarle con la palabra y el buen ejemplo. Debe orar por él.
No se debe ser jamás un mal amigo. Los que arrastran al pecado a sus compañeros hacen el oficio de Satanás. Y tú, mucho cuidado con los malos amigos o amigas. Huye de ellos como de la peste. Si no, acabarán por perderte y serás un desgraciado en esta vida y en la otra: una manzana podrida pudre a las que la rodean.
Para salvar a uno que se está ahogando hace falta saber nadar muy bien; si no, los dos se ahogarán. Para convertir a otro, hace falta tener mucho espíritu; si no, serás tú quien pierdas. El consejo de un sacerdote experimentado te dirá lo que debes hacer.
Tenemos que transformar los ambientes. Pero para remar contra corriente hace falta tener mucha fuerza; si no, seremos arrastrados hacia abajo.
67,16. Son pecado grave contra el quinto mandamiento: el suicidio, el aborto provocado, el asesinato, el odio a muerte, las drogas, la borrachera hasta perder el uso de la razón, y el ser para otros ocasión de que comentan un pecado grave.
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