25 SEMANA II - DOMINGO - ÍI Vísperas
D OMINGO - S EMANA II Oración del atardecer
II V ÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. H IMNO Nos dijeron de noche que estabas muerto, y la fe estuvo en vela junto a tu cuerpo. La noche entera la pasamos queriendo mover la piedra. Con la vuelta del sol, volverá a ver la tierra la gloria del Señor. No supieron contarlo los centinelas: nadie supo la hora ni la manera. Antes del día, se cubrieron de gloria tus cinco heridas. Con la vuelta del sol, volverá a ver la tierra la gloria del Señor. Si los cinco sentidos buscan el sueño, que la fe tenga el suyo vivo y despierto. La fe velando, para verte de noche resucitando. Con la vuelta del sol, volverá a ver la tierra la gloria del Señor. Amén.
S ALMODIA Ant. 1. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya. Psa 109:1-5 . Psa 109:7 El Mesías, Rey y Sacerdote, Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15:25 ) Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.» El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya. Ant. 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya. Psa 113 B Himno al Dios verdadero Abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero (1Th 1:9 ) No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: «Dónde está su Dios»? Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas: tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan; no tiene voz su garganta: que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos. Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. Los fieles del Señor confían en el Señor: él es su auxilio y su escudo. Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga, bendiga a la casa de Israel, bendiga a la casa de Aarón; bendiga a los fieles del Señor, pequeños y grandes. Que el Señor os acreciente, a vosotros y a vuestros hijos; benditos seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres. Los muertos ya no alaban al Señor, Ni los que bajan al silencio. Nosotros, sí, bendeciremos al Señor ahora y por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya. Ant. 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya. Cántico Cf. Rev 19:1-2 . Rev 19:5-7 Las bodas del Cordero Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Aleluya. Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes. Aleluya. Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle gracias. Aleluya. Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
L ECTURA BREVE 2Th 2:13-14 Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os escogió como primicias para salvaros, consagrándoos con el Espíritu y dándoos fe en la verdad. Por eso os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
R ESPONSORIO BREVE R. Nuestro Señor * Es grande y poderoso. Nuestro Señor es grande y poderoso. V. Su sabiduría no tiene medida. * Es grande y poderoso. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Nuestro Señor es grande y poderoso.
C ÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: «Jes ú s es el Hijo de Dios.» Magníficat Luk 1:46-55 Alegría del alma en el Señor Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Juan, testigo de la luz, dijo: «Jes ú s es el Hijo de Dios.»
P RECES Demos gloria y honra a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que, por medio de él, se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en favor nuestro, y digámosle con plena confianza: Acuérdate de tu pueblo, Señor. Señor Jesús, Sol de justicia que ilumina nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche, te pedimos por todos los hombres; que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz, que no conoce el ocaso. Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre, y santifica a tu Iglesia, para que sea siempre inmaculada y santa. Acuérdate de esta comunidad aquí reunida, y que tú elegiste como morada de tu gloria. Que los que están en camino tengan un viaje feliz y regresen a sus hogares con salud y alegría. Acoge, Señor, las almas de los difuntos y concédeles tu perdón y la vida eterna. Terminemos nuestras preces con la oración que nos enseñó el Señor: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
O RACIÓN Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oraci ó n de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
C ONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
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