01 SEMANA I - DOMINGO - I Vísperas
D OMINGO - S EMANA I Oración del atardecer (SÁBADO)
I V ÍSPERAS
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. H IMNO Como una ofrenda de la tarde, elevamos nuestra oración; con el alzar de nuestras manos, levantamos el corazón. Al declinar la luz del día, que recibimos como don, con las alas de la plegaria, levantamos el corazón. Haz que la senda de la vida la recorramos con amor y, a cada paso del camino, levantamos el corazón. Cuando sembramos de esperanza, cuando regamos con dolor, con las gavillas en las manos, levantemos el corazón. Gloria a Dios Padre, que nos hizo, gloria a Dios Hijo Salvador, gloria al Espíritu divino: tres Personas y un solo Dios. Amén.
S ALMODIA Ant. 1 . Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia. Psa 140:1-9 Oración ante el peligro Por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos (Rev 8:4 ) Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes. Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias. Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba. Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia. Ant. 2. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida. Psa 141 Tú eres mi refugio Todo lo que describe el salmo se realizó en el Señor durante su pasión (S. Hilario) A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento. Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa. Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida. A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida.» Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo. Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida. Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos. Cántico Phi 2:6-11 Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.
L ECTURA BREVE Rom 11:33-36 ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.
R ESPONSORIO BREVE R. Cuántas son * Tus obras, Señor. Cuántas son tus obras, Señor. V. Y todas las hiciste con sabiduría. * Tus obras, Señor. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Cuántas son tus obras, Señor.
C ÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Sed como la luz que alumbra a todos los de casa. Magníficat Luk 1:46-55 Alegría del alma en el Señor Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Sed como la luz que alumbra a todos los de casa.
P RECES Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo: Escucha a tu pueblo, Señor. Padre todo poderoso, haz que florezca en la tierra la justicia y que tu pueblo se alegre en la paz. Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino, y obtengan así la salvación. Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia y sean siempre fieles a su mutuo amor. Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores y concédeles la vida eterna. Acoge con amor la los que han muerto victimas del odio, de la violencia o de la guerra y dales el descanso eterno. Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
O RACIÓN Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.
C ONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
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