Capítulo XIV LOS ACTOS SECUNDARIOS DEL CULTO 1. La oración litúrgica
Capítulo XIV
LOS ACTOS SECUNDARIOS DEL CULTO
1. La oración litúrgica
Orar es «hablar con Dios», y la oración, que establece una relación personal entre el hombre y Dios, es el acto fundamental de la religión. Si la encuadramos aquí entre los actos secundarios del culto, es porque en este libro se trata únicamente de las instituciones, y en esta sección únicamente del culto externo; ahora bien, en el Antiguo Testamento la oración litúrgica no recibió la forma de institución independiente de otros actos cultuales como la tendrá en el servicio de la sinagoga. Sólo podemos señalar, en los textos posteriores a la cautividad, dos ejemplos de liturgias penitenciales que consistían exclusivamente en oraciones, recitadas o cantadas, Neh 9 y Jl1- Jl2.
a) La oración y el culto. Pero es muy cierto que, como en las otras religiones orientales y en todas las religiones, las acciones cultuales iban acompañadas de palabras. La Biblia ha conservado fórmulas de bendición, Núm 6:22-27, y de la maldición, a las que se asociaba el pueblo, Dt 27:14-26, la fórmula del ritual de las aguas amargas, Núm 5:21-22, las palabras pronunciadas en el caso de un homicidio cuyo reo es desconocido, Dt 21:7-8, las fórmulas de la ofrenda de las primicias, Dt 26:1-10, y del diezmo trienal, Dt 26:13-15, la «lectura» de la fiesta pascual, Dt 6:20-25, cf. Éx 12:26-27.
El sacrificio, que es el acto central del culto y que es en sí mismo una oración en acción, iba acompañado de oraciones. El código de Lev 1-7 no habla de ellas porque no se preocupa más que de los ritos concretos de los sacrificios, pero Am5:23 menciona al mismo tiempo que los sacrificios los cánticos acompañados por instrumentos. En efecto, la oración pública toma naturalmente una forma rítmica y cantada. El canto litúrgico aparece desde que se organizan el culto y el sacerdocio de un santuario público, y el templo de Salomón tenía ya sus cantores.¹ Después de la cautividad creció su importancia y su dignidad y ya sabemos el interés que el cronista da a la música sagrada.²
El libro de canto, el libro de oración del segundo templo es el Salterio, que ha recogido cantos litúrgicos de la época de la monarquía. Las relaciones del Salterio con el culto son evidentes: ciertos salmos se refieren a un rito que se cumplía conjuntamente, muy en particular a los sacrificios, Sal20:4; Sal26:5; Sal27:6; Sal66:13-15; Sal81:4; Sal107:22; Sal116:17, otros hablan del templo donde se cantaban, Sal 48, 65; Sal95; Sal96; Sal118; Sal134; Sal135. Los «cánticos de las subidas», Sal 120-Sal134, y el Sal84 eran cantos de peregrinación. Por lo demás, la distinción entre oración individual y oración colectiva, entre oración privada y oración litúrgica resulta imprecisa en no pocos casos: salmos individuales se compusieron para el servicio del templo, otros fueron adaptados a este servicio añadiéndoles doxologías. Generalmente carecemos de informaciones para determinar las ceremonias o las fiestas durante las cuales se cantaban estos salmos. Fuera de las hipótesis que se pueden hacer basándose en su contenido y que no dejan de ser conjeturales, no se pueden utilizar sino ios títulos de los salmos, que además sólo tienen valor para una época tardía. El título hebreo del Sal 92 lo destina al día del sábado, los títulos griegos de los Sal24, Sal48, Sal93, Sal94 los reparten entre otros días de la semana. El Sal 30 servía para la fiesta de la dedicación, según el hebreo, y el Sal29 se cantaba en la fiesta de los tabernáculos, según el griego.
El examen de las intenciones y del contenido de la oración es objeto de la teología bíblica, pero un estudio de las instituciones del Antiguo Testamento debe considerar las reglas que fijaban los lugares, los tiempos y las actitudes de la oración.
b) Circunstancias y actitudes de oración. Normalmente se oraba en el templo, es decir, en el atrio, volviéndose hacia el santuario, Sal 5:8; Sal28:2; Sal138:2. En el judaismo posterior a la cautividad, fuera de Jerusalén, se oraba vueltos hacia la ciudad santa y hacia el tempío, 1Re8:44.1Re 8:48. Daniel oraba en su cámara alta junto a una ventana orientada hacia Jerusalén, Dn 6:11. Esta costumbre será sancionada por el judaismo tardío y reglamentará la orientación de las sinagogas.
El Salmo4 es un oración de la tarde, el Sal 5 una oración de la mañana. Judit oraba a la hora en que se ofrecía en el templo el incienso de la tarde, Jdt 9:1. Daniel oraba tres veces al día, Dn 6:11, y Sal 55:18 precisa que se oraba «por la tarde, por la mañana y al mediodía». Pero estos textos recientes se refieren a la oración privada cuyas reglas se habían hecho independientes del culto del templo, que no incluía sino dos funciones diarias, por la mañana y por la tarde.
En cuanto a la actitud de la oración, ciertos textos parecen indicar que se oraba de pie, 1Sam 1:26; 1Re 8:22; Jer 18:20, pues emplean el verbo 'âmad, cuyo sentido ordinario es el de «estar de pie»; por lo demás, la oración de pie está bien documentada en la época del Nuevo Testamento. Sin embargo, el verbo empleado puede significar solamente que uno «está» delante de Dios, sin que se considere la posición particular adoptada por el cuerpo: así, 2Cr 6:13, Salomón había hecho construir un estrado, «subió, se detuvo, amad, y se arrodilló». También es probable que la actitud pudiese cambiar en el transcurso de la oración según las diferentes intenciones: según la liturgia penitencial de Neh9:3-5, retocada por el cronista, se lee primero de pie, vayyâqûmu, en el libro de la ley; luego se prosterna uno, miśtahâvîm, para confesar los propios pecados, finalmente ordenan los levitas: «¡Levantaos!», qûmu, y se canta un salmo, cf. también IRe 8:54-55. Sin embargo, la actitud ordinaria de oración expresaba corporalmente la humildad y la sumisión del orante delante de Dios: «¡Encorvaos, prosternaos de rodillas delante de Yahveh!», Sal 95:6. Se oraba de rodillas, 1Re 8:54; Is 45:23; Dn6:11, con las manos extendidas hacia el cielo, 1Re8:22,1Re 8:54; Sal 28:2; Is 1:15; Lam 2:19. O bien se prosternaba uno, de rodillas y la frente en tierra, Sal5:8; Sal99:5-9, etcétera. Son las mismas actitudes que adoptaban los paganos delante de sus dioses, Éx20:5; Dt 4:19; 1Re 19:18; 2Re5:18, etc., son los mismos gestos que se ejecutaban delante del rey o de una persona a la que se quería honrar, 1Sa 24:9; 2Sa 9:8; 1Re 2:19; 2Re1:13; 2Re4:37; Est 3:2, etc.
Los términos más corrientes para designar la acción de orar son el verbo hitpallel y el sustantivo tépillah. Como la misma raíz significa en árabe «mellar, tallar», se ha supuesto que estos términos recordaban una costumbre antigua: para hacer la oración más apremiante y eficaz, se hacía uno cortes en el cuerpo, como hicieron los sacerdotes de Baal durante el sacrificio del Carmelo, 1Re18:28. Pero este último texto emplea otro verbo; además el sentido de la raíz, incluso en árabe, es mucho más amplio. Parece ser que en hebreo la raíz significa «decidir, arbitrar, interceder», cf. en particular Gén 20:7; ISam 2:25. La oración sería, pues, una intercesión, en la que el mediador sería el santo personaje o la persona consagrada, rey, profeta o sacerdote, que pronuncia la oración en nombre del pueblo o del fiel. Sea lo que sea del sentido primario, hitpallel o tepillah adoptaron la significación general de «orar» y de «oración» respectivamente. En todo caso, la oración del Antiguo Testamento va enderezada directamente a Dios, sin ningún intermediario celestial. Sólo al desarrollarse la angelología, después de la cautividad, aparece la noción de ángeles intercesores, primero tímidamente, Job 5:1; Job33:23-24; Zac1:12, luego claramente en Tob 12:12, donde Rafael dice a Tobit: «Cuanto estabais en oración tú y Sara, yo presentaba vuestras súplicas delante de la gloria del Señor y las leía», cf. también Tob 12:15, según una de las recensiones griegas. Esta doctrina se afirmó en los libros apócrifos del judaismo y se continuó en el Nuevo Testamento, Ap8:3. La intercesión de los santos aparece únicamente en 2Mac 5:14, a propósito de Jeremías, que ora mucho por el pueblo y por toda la ciudad santa».
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