Capítulo VIH LA ADMINISTRACIÓN DEL REINO I. FJ reino de David
Capítulo VIII
LA ADMINISTRACIÓN DEL REINO
I. El reino de David
No sabemos nada sobre la administración del reino de David, fuera del hecho anteriormente señalado¹ de que Israel y Judá permanecían separados. Es cierto que 1Cr26:29-32 menciona en tiempo de David a levitas aplicados a los asuntos no religiosos, como empleados o como jueces, y atribuye a este rey la creación de una fuerza de policía, compuesta también de levitas que atendían a todos los asuntos de Yahveh y del rey a ambos lados del Jordán. Pero no sabemos exactamente lo que significan estos informes ni a qué época se refieren.
Es cierto también que 1Cr27:16-22 menciona a los jefes que mandaban a las tribus en el reinado de David, pero se echa de ver el carácter artificial de esta lista: sigue el orden de los hijos de Jacob tal como aparece en 1Cr2:1-2, conserva todavía a Simeón y Leví (para no hablar de Rubén), que en tiempo de David no son ya tribus autónomas y, después de dividir en tres a José — Efraím y las dos mitades de Manasés —, omite los dos últimos nombres de la lista, Gab y Aser, para no exceder la cifra de doce. Es, sin embargo, probable que David mantuviese en el territorio propiamente israelita la organización tribal tal como la halló establecida y de la que Gén49 y Dt33 ofrecen dos cuadros ligeramente diferentes. Al exterior de estas fronteras, las regiones sometidas estaban sujetas a tributo y eran administradas por gobernadores, 2Sam8:6.2Sa8:14, o bien dejadas en manos de reyes vasallos, 2Sam 8:2; 2Sa10:19.
2. La administración salomónica
Por el contrario, del reinado de Salomón se conserva un documento muy importante. Es una lista de doce prefectos, nissabîm, con la indicación del territorio que administraban, 1Re 4:7-19. Cinco de ellos están designados sencillamente con el patronímico «hijo del N.», de donde se suele deducir que la vieja pieza de archivo insertada por el redactor tenía el borde en parte deteriorado, por lo cual habían desaparecido algunos, nombres personales. Las listas administrativas de Ugarit indican más bien que esta apelación por el solo patronímico era regular respecto a los miembros de ciertas familias en las que de padres a hijos se estaba al servicio del rey. Las doce prefecturas están indicadas en este orden:
I. La montaña de Efraím, englobando probablemente una parte del territorio de Manasés
II. El antiguo país de los danitas, aumentado con los cantones conquistados a los cananeos y a los filisteos
III. La llanura de Sarón, desde Filistea por el sur hasta el distrito siguiente por el norte.
IV. La prefectura de Dor, a continuación de la llanura de Sarón y limitada al este por la cadena del Carmelo.
V. Los antiguos territorios cananeos de la llanura de Esdrelón y de la-región de Beisán
VI. Al otro lado del Jordán, con Ramot-Galaab como capital, el antiguo Manasés oriental y lo que quedaba de las conquistas arameas de David.
VII. En Transjordania, la prefectura de Mahanaím, al sur de la precedente.
VIII. El territorio de Neftalí, al norte del lago de Tiberíades. IX. El territorio de Aser entre el precedente y las posesiones fenicias del litoral.
X. El territorio de Isacar, al sur de las prefecturas de Aser y de Neftalí.
XI. El territorio de Benjamín
XII. El territorio de Gad (léase así con el griego, en lugar de Galaad), al otro lado del Jordán.
Esta lista data de la segunda mitad del reinado de Salomón, puesto que dos de los prefectos son yernos del rey. El orden que se sigue en ella no es siempre geográfico, pero responde a una agrupación lógica: la casa de José (I), a la que se asocian los antiguos territorios cananeos (II,III,IX,V), luego los anejos de Transjordania (VI,VII), las tribus del norte (VIII,IX,X), por fin Benjamín (XI) y Gad que le hace frente por el otro lado del río (XII). Según 1Re 4:7; 1Re5:7-8, los doce distritos suministran, cada uno un mes, los víveres necesarios en palacio, es decir, para todo el personal al servicio del rey, y el forraje destinado a los caballos y a las bestias de tiro. Todo estaba centralizado en manos de un jefe de los prefectos, Azaryahu, hijo de Natán, que formaba parte del gabinete ministerial de Salomón, 1Re4:5. Los textos mesopotámicos acusan una organización vagamente análoga en la época neobabilónica, y Heródoto, 1:192, atesta que en el reinado de Ciro el abastecimiento de la corte y del ejército estaba distribuido entre las provincias según los meses del año, cuatro de los cuales estaban impuestos a Babilonia a causa de su particular riqueza.
El objetivo reconocido de la institución israelita era garantizar la recaudación de las contribuciones. Pero la función de los prefectos era seguramente mucho más amplia: eran los gobernadores de sus distritos, que representaban las divisiones administrativas del reino. Pero hay que recordar que en las monarquías orientales antiguas y modernas, la tarea esencial de los administradores consistía, juntamente con el mantenimiento del orden, la recaudación de los impuestos y de los diezmos. Como se habrá observado, seis de estas prefecturas están designadas con nombres de tribus. Salomón no trató, pues, de romper los marcos que existían ya antes, sino que los conservó en cuanto pudo, pero era necesario integrar a los antiguos territorios de las tribus, o agrupar entre ellas, los enclaves cananeos reducidos por David. Era también menester garantizar cierta igualdad entre los distritos que debían proveer por turno durante un mes a las necesidades del Estado. A decir verdad, no sabemos cómo funcionaba prácticamente el sistema y es dudoso, por ejemplo, que al pequeño distrito de Benjamín se le impusiese tanto como a todo Efraím.
Pero todavía sorprende más que Judá no figure en esta lista. Esto ha chocado tanto a algunos exegetas que han tratado de introducir este nombre modificando el texto. Sin embargo, a Judá se le menciona implícitamente: es «el país» que, según 1Re 4:19b, tenía un gobernador particular; asimismo, en asirio, mátu, «el país», designa la provincia central del imperio. Pero esta mención viene después de haber concluido la enumeración de las doce prefecturas: Judá no formaba, pues, parte de este sistema. Sería arbitrario concluir que estaba dispensado de toda contribución; hay que reconocer por lo menos que tenía una administración especial, que no se describe, quizá porque Salomón no modificó la organización de Judá: por esta parte no había integración de nuevos territorios. Pero esta diversidad de trato pone de relieve el carácter dualista de la monarquía salomónica
No sabemos cómo administraba Salomón sus posesiones exteriores. Las alusiones al tributo de los reinos vasallos, 1Re5:1, y a lo que entregaban los «bajáes del país», 1Re10:15b, se hallan en glosas añadidas al texto y no nos aportan, por lo demás, ninguna noticia precisa. Salomón debió de mantener, en lo posible, las estructuras creadas por su padre en las regiones que no se sustrajeron a su control, 1Re 2:10-14; 1Re11:14-25.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.