Capítulo IX HACIENDA Y OBRAS PÚBLICAS 1. Ingresos del rey e ingresos del Estado
Capítulo IX
HACIENDA Y OBRAS PÚBLICAS
1. Ingresos del rey e ingresos del Estado
Poco sabemos del sistema fiscal de Israel y de los recursos de que disponía el Estado. En principio hay que admitir que no había distinción alguna entre los ingresos del rey y los del reino. La riqueza de un soberano expresaba a la vez su poder y la del país que gobernaba, cf. 1Re10:23; 2Cr17:5; 2Cr 26:8. El rey afrontaba todas las cargas, mantenimiento de los funcionarios y del ejército, defensa nacional y obras públicas, pero al mismo tiempo disfrutaba de todos los ingresos, sin ningún género de limitación. Asimismo entre el tesoro público y el tesoro sagrado no había más que una distinción teórica, cf. 1Re14:26. El rey depositaba en el santuario el botín tomado al enemigo, cf. Jos 6:19, y sus dones personales, 2Sam8:11;1Re7:51;1Re15:15; 2Re12:19, controlaba por medio de sus funcionarios las ofrendas que hacía al pueblo 2Re12:1 Os22:3-4, pero para satisfacer exigencias urgentes recurría al mismo tiempo al tesoro de palacio y al tesoro del templo, 1Re15:18; 2Re12:19; 2Re16:8; 2Re18:15; cf. ya Jue 9:4.
El rey disponía de los productos de las posesiones reales de los beneficios de sus empresas comerciales e industriales,² de los derechos de importación o de tránsito pagados por los mercaderes caravaneros, 1Re10:15, del tributo de los Estados vasallos. Esta última fuente manaba copiosa en tiempo de David, 2Sam8:2-6, y Salomón, según 1Re5:1, pero fue agotándose a medida que se fueron perdiendo las posesiones exteriores. Antes de sacudir el yugo de Israel, Mesá, rey de Moab, entregaba un tributo en especie, del que 2Re 3:4 da cifras fantásticas, 100 000 corderos y la lana de 100,000 carneros. Según 2Cr17:11, los filisteos pagaban tributo a Josafat y los árabes le aportaban, en tributo o en presente, 7,700 carneros y 7,700 machos cabríos. Los ammonitas eran tributarios de Ozías, según 2Cr 26:8.
2. Contribuciones «voluntarias» o excepcionales
A esto se añadían los presentes que llevaban las embajadas extranjeras. Todos los reyes de la tierra, se dice, querían ser recibidos por Salomón y cada uno de ellos llevaba su presente, 1Re10:24-25, pero ninguno superó en munificiencia a la reina de Sabá, 1Re10:2-10. Ya el rey de Hamat había enviado oro, plata y bronce al rey David, 2Sam 8:10, y Merodak-Baladán envió un presente a Ezequías, 2Re20:12 = Is 39:1. Pero estas operaciones eran poco lucrativas, pues el rey de Israel debía responder con la misma largueza a los obsequios que se le hacían, 1Re 10:13; la costumbre era, en efecto, general entre los reyes de Oriente. El soberano sacaba un provecho más concreto de los presentes que debían aportar todos los que acudieran a la corte. David, recibido por Saúl, se presentó con una modesta ofrenda, 1Sam 16:20, pero la de Naamán, enviado por su señor cerca del rey de Israel, fue regia, 2Re5:5. Con ocasión de la coronación exigía la costumbre que se hiciesen regalos al rey prometiéndole fidelidad, 1Sam10:27. Semejantes contribuciones, más o menos voluntarias, se mencionan también en los documentos de Ugarit.
En circunstancias graves, el rey decretaba un impuesto excepcional. Para ganarse el favor de Teglat-Falasar HI, Menahem hizo contribuir con mil talentos de plata a los notables de Israel, a razón de 50 siclos por cabeza, 2Re15:19-20; Yoyaquim pagó los cien talentos de plata y los diez talentos de oro que exigía el faraón, gravando con un impuesto a los judíos, a cada uno según su fortuna, 2Re 23:33-35.
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