Capítulo II PLAZAS FUERTES Y GUERRA DE ASEDIO
Capítulo II
PLAZAS FUERTES Y GUERRA DE ASEDIO
Las antiguas ciudades de Canaán, cada una de las cuales era el centro de un minúsculo Estadoestaban rodeadas de murallas y defendidas por torres y puertas fortificadas. Las figuras que en los monumentos egipcios ilustran las campañas de los faraones del imperio nuevo, reproducen su aspecto exterior, y las excavaciones hechas en Palestina permiten estudiar el plan de estas defensas y la técnica de su construcción. Se comprende el temor que inspiraban a los invasores israelitas aquellas ciudades «muy fuertes», Núm13:28, cuyas murallas se elevaban «hasta el cielo», Dt 1:28, aquellas «plazas fuertes cerradas por altas murallas, provistas de puertas y de barras», Dt 3:5. Cuando los israelitas, después de conquistar u ocupar tales ciudades, pensaron en restablecer sus defensas —cosa que no es atestiguada por la arqueología sino a partir de Saúl—, conservaron las construcciones que subsistían, reparándolas si era necesario. En los casos en que la destrucción había sido radical, reconstruían las murallas según nuevos métodos, que aplicaron también a las ciudades fundadas por ellos. Estas fortificaciones transformadas o construidas por los israelitas son las únicas que aquí nos interesan.
1. Las plazas fuertes israelitas
Toda ciudad, 'ir, está normalmente rodeada por una muralla, distinguiéndose así de las poblaciones abiertas, háser, cf. Lev 25:31.Pero una ciudad defendida por sólidas construcciones se llama «ciudad de fortificación», 'ir mibsár, cf. Jer 34:7 y otros muchos pasajes. Al abrigo de estas defensas se atrinchera toda la población en caso de peligro, Jer4:5; Jer8:14. El Antiguo Testamento contiene listas y menciones aisladas de plazas fuertes, que ilustran parcialmente y para ciertas épocas el sistema de protección del territorio.
La primera preocupación de David después de la toma de Jerusalén fue rodearla de una muralla, 2Sam5:9; hay que entender sencillamente que reparó la muralla jebusea. La Biblia no señala en su reinado ninguna obra análoga fuera de la capital, pero es muy seguro que puso también a otras plazas en condiciones de defensa, y los arqueólogos le atribuyen la construcción de fortificaciones en tell beit-mirsim y en Bet-Semés. Las guarniciones de carros de Salomón.² estaban evidentemente estacionadas en las plazas fuertes, y en Meguiddó se han descubierto la puerta y las murallas contemporáneas de las cuadras.
Un pasaje de Par, que no tiene su paralelo en Re, contiene una lista de quince plazas fortificadas por Roboam, 2Cr 11:6-10. Nada nos autoriza para referir este texto a la época de Josías, como ha habido quienes lo han propuesto. Es una buena información histórica, que se justifica en el reinado de Roboam: la campaña del faraón Sesonq en Palestina, 1Re 14:25, había demostrado que era necesario reforzar la defensa del territorio. Una línea de tales plazas fuertes protegía la vía que por las cimas de las montañas conducía del sur hacia Jerusalén y dominaba el desierto oriental: Jerusalén, Belén, Etam, Teqoa, Bet-Sur, Hebrón, Zif. Partiendo de Zif hacia el oeste, el frente meridional estaba protegido por Adorayim, Lakís y Gat. De Gat hacia el norte, las principales vías de acceso a la montaña de Judea viniendo del oeste estaban cerradas por: 1) Gat, Maresá; 2) Azeqá, Soko, Adulam; 3) Soreá; 4) Ayyalón. Estas fortalezas no jalonan las fronteras del reino, sino que están erigidas sobre las líneas de resistencia, en los puntos estratégicos más favorables; la lista es probablemente incompleja, puesto que sólo enumera las nuevas obras emprendidas por Roboam, sin tener en cuenta las ciudades que habían fortificado David y Salomón, y que siguieron subsistiendo.
El frente norte quedaba abierto, dado que el límite entre los reinos de Israel y de Judá fue en un principio indeciso. Basá de Israel trató de fortificar a Ramá, a menos de diez kilómetros al norte de Jerusalén, pero Asá de Judá lo desalojó de allí e hizo avanzar su propia frontera hasta Gueba de Benjamín, y Mispá, a la que puso en condiciones de defensa, 1Re15:17-22. Restauró también otras plazas fuertes de Judá, según 1Re 15:23 y 2Cr 14:5-6. Estaban en servicio bajo Josafat, que las guarneció de tropas, 2Cr 17:2.2Cr 17:19; 2Cr 19:5. Ozías, fuera de sus obras en Jerusalén, 2Cr26:9, levantó fortines en el desierto y perfeccionó los medios de defensa, 2Cr 26:10.2Cr 26:15. Volveremos a tratar de estos últimos textos.
Paralelamente al renacimiento del arma de los carros en el siglo VIII,³ «Judá multiplicó las plazas fuertes», Os 8:14, y Senaquerib se jacta de haber sitiado y arrebatado 46 ciudades fortificadas de Judá. El relato bíblico dice igualmente que Senaquerib atacó las "fortalezas de Judá apoderándose de ellas, 2Re18:13, y menciona explícitamente a Lakís y Libná, 2Re18:17 y 2Re19:8, excepto Jerusalén, que se salvó por miiagro. Efectivamente, un bajo relieve asirio muy interesante representa la toma de Lakís por Senaquerib. No consta hasta qué medida se repararon las destrucciones asirías. Las obras de defensa emprendidas en Jerusalén por Ezequías, 2Cr32:5; cf. Is22:9-11, fueron continuadas por Manasés, 2Cr33:14, y no tenemos la menor razón de poner en duda esta información precisa del cronista. En todo caso es cierto que, poco antes de la ruina final del reino de Judá, el pueblo tenía puesta su confianza en las plazas fuertes, Jer5:17, y que durante el sitio de Jerusalén dos ciudades resistían todavía a Nabucodònosor, Lakís y Azeqá, Jer 34:7; estas dos plazas se ven mencionadas también en un óstrakon hallado en Lakís y escrito en la misma coyuntura.
Las fortificaciones fueron arrasadas por el caldeo vencedor no sólo en Jerusalén, 2Re25:10, sino también en todo Judá, Lam2:2-5, y la arqueología confirma estas destrucciones. Las murallas de Jerusalén no fueron reconstruidas hasta los tiempos de Nehemías y las de otras ciudades lo fueron sólo en el período helenístico. Entre éstas se cuentan Guézer y Bet-Sur.
Acerca del reino del norte, la Biblia nos da muy pocos informes. Jeroboam I fortificó a Siquem y a Penuel en Transjordania, 1Re 12:25. Ya hemos recordado la tentativa fallida de Basá en Ramá, 1Re 15:17s. Bajo Acab, Jericó fue reconstruida y provista de una puerta, 1Re 16:34. Jehú, en su carta a los jefes de Samaría, 2Re 10:2, dice que tienen para ellos «una plaza fuerte». Con frecuencia se corrige el texto masorético poniéndolo en plural, pero parece que hay que conservar el singular; sólo se trata de Samaría. Ésta tenía un poderoso sistema de defensas, como lo prueban las excavaciones y los largos sitios que soportó, 1Re 20:1s; 2Re6:24s; 2Re17:5; 2Re18:9-10. Fuera de la Biblia, la estela de Mesá habla de las ciudades de Atarot y de Yahás, «construidas», es decir, fortificadas, en Moab por Omrí y Acab. La penuria de informaciones bíblicas depende del origen judaíta de los libros históricos, pero no debemos engañarnos: el reino del norte tenía ciertamente un sistema de defensa no menos elaborado que el de Judá.
Mientras se dispuso de carros y tropas mercenarias, estos profesionales proveían al servicio de Jas plazas que, no obstante, no sabemos cómo estaba organizado. Solamente por 2Cr 17:2.2Cr 17:13b-19- nos enteramos de que Josafat estableció tropas en las ciudades fortificadas de Judá y que en Jerusalén tenía una guarnición y un cuerpo de oficiales destinados a formar los cuadros del ejército reclutado. Prescindiendo de las cifras, que son fantásticas, estas noticias pueden provenir de fuentes antiguas. Según 2Cr33:14, Manasés estableció oficiales en todas las ciudades fuertes de Judá, pero no se hace mención de tropas. Nos hallamos, pues, en un período posterior a la destrucción del poder militar de Judá por Senaquerib, y es posible que en aquellos últimos tiempos de la monarquía, el servicio de las ciudades hubiese quedado reducido a los cuadros que, mediante levas forzadas, según el ejemplo extremo y más antiguo de 1Re15:22, proveían al mantenimiento en buen estado de las obras y, en caso de necesidad, las guarnecían con defensores tomados del mismo lugar. Del texto de 1Cr 27:1-15 se ha deducido que las plazas fuertes estaban ocupadas por contingentes del ejército de reclutas que servían por turno durante un mes del año, pero son inseguros el sentido y el valor de este texto.⁴
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.