5. Ingresos del templo y de los sacerdotes
5. Ingresos del templo y de los sacerdotes
a) El templo, tes de la cautividad, el templo era un santuario de Estado y el rey sufragaba los gastos del culto público.¹⁵ En la constitución ideal de Ezequiel, el príncipe recibía las aportaciones del pueblo, pero tenía a su cargo las oblaciones y todos los sacrificios ofrecidos por la casa de Israel, Ez 45:13-17. Al regreso de la cautividad no había ya ni rey ni príncipe. Cierto que el edicto de Darío prescribía que, además de los gastos de reconstrucción del templo que estaban ya previstos en el decreto de Ciro, Esd 6:4, todo lo que fuese necesario para las ofrendas y los sacrificios sería suministrado a los sacerdotes de Jerusalén, Esd 6:9-10, pero estas órdenes no fueron ejecutadas largo tiempo. La carta de misión expedida por Artajerjes a Esdras dedica un lugar importante a los asuntos financieros: Esdras se llevará las contribuciones del rey y de sus consejeros, de los ricos babilonios y de los judíos, y este dinero servirá primeramente para comprar las víctimas, las oblaciones y las libaciones para los sacrificios en el templo, Esd 7:15-18. Esto supone que no se aplicaba el edicto de Darío y que el templo se hallaba en estado de gran pobreza. Pero la ayuda así proporcionada era excepcional. El templo tenía necesidad de ingresos regulares.
Estos ingresos están determinados en Neh 10:33-35: capitación anual de un tercio de siclo para las necesidades del culto y para el servicio del templo (lo cual quiere decir su mantenimiento), entrega anual de madera, cf. también Neh13:31. La preparación, o el eco, de esta medida se halla en la redacción sacerdotal del Pentateuco, Éx 30:11-16: capitación de medio siclo por persona de veinte años o más de edad, cuyo producto se aplicaba al servicio de la tienda de reunión. Este impuesto del templo se percibía todavía en la época del Nuevo Testamento, Mt 17:24.
Sin embargo,las generosidades de los reyes de Persia fueron renovadas varias veces por los Seléucidas, según el testimonio de los documentos que citan Josefo y los libros de los Macabeos y cuya autenticidad, puesta en duda poco ha, parece bien esclarecida. Fuera de la alusión vaga de 2Mac 3:3, según la cual el fundador de la dinastía cubría con sus ingresos personales todos los gastos de los sacrificios, tenemos la carta de Antíoco III, reproducida por Josefo, Ant.13-3:3: el rey decide proporcionar una contribución de veinte mil dracmas para las víctimas de los sacrificios y además una importante cantidad de harina, de trigo y de sal. Demetrio I, que luchaba por obtener el poder, ofrece a Jonatán, para cubrir los gastos del culto, todos los ingresos de Ptolemaida y de sus suburbios y una subvención anual tomada de la asignación real; prometió también tomar a su cargo todas las obras de reparación del templo, 1Mac 10:39-45. Pero, como nos dice el v. 1Mac 10:47, los judíos se decidieron en favor de Alejandro Balas, que era el rival de Demetrio, «porque a sus ojos eran mayores sus gratificaciones».
A estas fuentes permanentes o efímeras, de ingresos, se añadían los dones voluntarios y probablemente una parte de las ofrendas votivas, mientras el resto correspondía a los sacerdotes. La riqueza del templo fue creciendo hasta excitar no pocas codicias: a este propósito se puede recordar la historia de Heliodoro, 2Mac3, el saqueo por Antíoco Epífanes, 1Mac1:21-24, el tributo de diez mil talentos exigido por Pompeyo, Josefo, Ant.14-4:5, el robo por Craso, de dos mil talentos de plata que había dejado Pompeyo y de ocho mil talentos de oro, Josefo, Ant.14-7:1, y finalmente el saqueo del templo incendiado por los soldados de Tito, Josefo, Bell. 6, 5, 2; 6, 6. 1.
b) Los sacerdotes. Ezequíel, inspirándose sin duda en la situación que existía ya en época monárquica, asignaba como ingresos a los sacerdotes una parte de los sacrificios, todo lo que es ofrecido al templo, lo mejor de las primicias y de las prestaciones, lo mejor de la sémola ofrecida al santuario, Ez 44:29-30.
Las disposiciones de Núm 18:8-32 son mucho más detalladas y mucho más favorables al clero. Son distintas para los sacerdotes y para los levitas. Los sacerdotes se sustentan de los sacrificios y de las oblaciones del pueblo. Lev6- Lv7 determina la parte que en cada caso corresponde al sacerdote, el cual está aquí mejor servido que en la regla paralela del Deuteronomio, Dt18:3; en lugar del hombro, las mandíbulas y el estómago, el sacerdote recibe ahora el pecho y el muslo derecho, que son porciones nobles, Lv7:30-34; en los sacrificios por el pecado y en los sacrificios de reparación, de los que no se habla en Dt18, recibirá todo lo que no se quema en el altar, es decir, casi todo, y, por fin, la piel de las víctimas ofrecidas en holocausto y todas las ofrendas vegetales, Lv 7:7-10. Los sacerdotes percibirán también, como en Ezequíel, lo mejor, résít, de los productos del suelo, las primicias, bikkúrîm, lo que se ofrece por anatema, herem, Núm18:12-14, a lo que se añade todavía los primogénitos, bekôr, que deben ofrecerse al santuario o ser rescatados, si se trata de primogénitos del hombre o de animales impuros, Nm 18:15-18.
En cuanto a los levitas, su mantenimiento está garantizado por el diezmo, ma'aśer, que se paga del trigo y del vino nuevo. Sin embargo, un diezmo de este diezmo, se sustraía para Dios y era entregado por los levitas a los sacerdotes, cuyos ingresos aumentaban así, Núm18:20-32. La obligación del diezmo se extiende al ganado en Lev 27:30-33, con posibilidad de rescate, como en el diezmo y en los productos de la tierra; una alusión a este diezmo del ganado se halla en 2Cr 31:6, pero no consta si era efectivamente percibido.
En todo caso, el diezmo del ganado no aparece en los textos paralelos del libro de Nehemías. Al llegar éste para su segunda misión se enteró de que los levitas habían desertado del templo porque no recibían diezmos, que eran sus únicos ingresos fijos. Nehemías hace reproches a los notables, hace volver a los levitas y constituye una comisión encargada de administrar los almacenes, cf. Neh13:5, y de hacer las distribuciones, Neh13:10-14. Para evitar que se repitieran los abusos que había comprobado, Nehemías obligó a la comunidad a contraer ciertos compromisos, en los que no se olvidaba lo que era debido a los levitas: las primicias del suelo y de los frutos de los árboles, los primogénitos, lo mejor de la harina, de las frutas, del vino y del aceite habrá de entregarse a los sacerdotes, los diezmos serán atribuidos a los levitas, Neh 10:36-38a. Era la manera de poner en práctica las prescripciones de Núm18. No parece que el compromiso se mantuviese siempre como era justo: se puede referir a esta época Malaquías, que reprocha al pueblo el no entregar diezmos y oblaciones al tesoro del templo, Mal 3:7-10, como también una adición de Neh 10:28-39, que da a los levitas mismos el derecho de ir a recaudar el diezmo en las ciudades bajo la dirección de un sacerdote.
El sistema funcionaba sin tropiezo a la sazón en que escribía el cronista, el cual, olvidando las dificultades pasadas, presenta la época del regreso como una edad de oro para el clero: «Judá ponía su alegría en los sacerdotes y en los levitas en funciones... Así pues, todo Israel, en tiempos de Zorobabel y en tiempos de Nehemías, entregaba a los cantores y a los porteros la parte que les correspondía según sus necesidades cotidianas. Se entregaban a los levitas las aportaciones sagradas, y los levitas entregaban una parte a los hijos de Aarón», Neh 12:44-47.
Estas prescripciones siguieron practicándose, cf. Eclo 7:31; Jdt 11:13, y se agravó la carga a los fieles, pues volvieron a ponerse en vigor antiguas obligaciones que habían sido reemplazadas por estas prescripciones: el diezmo de Dt14:22-26, comprendido como un «segundo diezmo», que se convertía en dinero y se gastaba en el santuario, y el diezmo trienal de Dt 14:28-29, que se convirtió en un «tercer diezmo». Todo esto pagaba el piadoso Tobit, fiel observante de la ley, Tob 1:6-8.
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