3. Los sacrificios expiatorios
3. Los sacrificios expiatorios
Casi la mitad del código sacrificial del segundo templo tiene por objeto los sacrificios que nosotros llamamos expiatorios, pero para los que el ritual no tiene término común: en él se trata sucesiva o conjuntamente de dos especies de sacrificios que tienen por objeto restabiecer ia alianza con Dios, rota por faltas del hombre'. el sacrificio por el pecado, hattâ't, y el sacrificio de reparación, 'âšâm. No obstante las amplificaciones del texto, es difícil determinar el significado propio del uno y del otro y la razón de su distinción.
a) El sacrificio por el pecado. La palabra hebrea hattá't significa a la vez el pecado y el rito que lo borra, Lev 4:1-5, Lv4:1313; Lv6:17-23. La víctima varía según la cualidad del delincuente: se ofrece un toro por el pecado del sumo sacerdote, el «sacerdote ungido»², cuya culpabilidad mancilla al pueblo entero; un toro también por el pecado del pueblo, un macho cabrío por el pecado del «príncipe» nâśî', jefe seglar de la comunidad en la perspectiva de Ezequiel, una cabra o una oveja por el pecado de un particular. Los pobres pueden sustituir estas víctimas costosas por dos tórtolas o dos palomas, una de las cuales sirve para el sacrificio hattá't y la otra se ofrece en holocausto. Pueden incluso contentarse con una ofrenda de harina.
Estos sacrificios se distinguen de los otros, en los ritos, por dos rasgos: la función de la sangre y el uso de las carnes de la víctima. Éste es el sacrificio en el que la sangre desempeña un papel más importante. Si se ofrece el sacrificio por el sumo sacerdote o por todo el pueblo, hay tres ritos sucesivos: después de recoger la sangre, el oficiante entra en el santo y hace una séptuple aspersión delante del velo que cierra el santo de los santos; luego frota con sangre los cuernos del altar de los perfumes, que está delante del velo; finalmente derrama el resto delante del altar de los holocaustos. Son los únicos sacrificios de animales en que se lleva al interior del templo algo de la víctima. Por el pecado del jefe o de algún particular se frotan únicamente los cuernos del altar de los holocaustos y se derrama el resto de la sangre al pie del altar; en estos dos sacrificios no penetra en el santo nada de la víctima.
Estos ritos ponen de relieve con toda evidencia el valor expiatorio de la sangre, que se relaciona con la función que se le atribuía como sostén de la vida: «la vida de la carne está en la sangre. Esta sangre os la he dado yo para que hagáis en el altar el rito de expiación por vuestras vidas; pues es la sangre la que expía por una vida», o: «que expía por la vida que está en ella», Lev 17:11, con el que podemos relacionar: «Sin efusión de sangre no hay remisión», Heb 9:22.
Toda la grasa se quema sobre el altar, como en el sacrificio de comunión, pero es distinta la asignación de las carnes: el oferente, reconocido como culpable, no recibe nada y todo pasa a los sacerdotes. Y cuando el sacrificio hattâ't es ofrecido por el pecado de la comunidad o por el pecado del sumo sacerdote que representa a la comunidad, ni siquiera los sacerdotes pueden comer nada de la víctima; ésta se lleva fuera del santuario al depósito de las cenizas. El hecho de que las grasas se quemen en el altar y de que los sacerdotes coman «como cosa muy santa», Lev 6:22, las carnes de los sacrificios por los pecados de los particulares contradice a la teoría según la cual la víctima queda cargada con el pecado del oferente y se convierte ella misma en «pecado». No, la victima es agradable a Dios, que en consideración a esta ofrenda borra el pecado. Evidentemente san Pablo tiene presente este sentido ritual cuando dice: «A Cristo, que no conocía el pecado, Dios le hizo "pecado" (hattâ't, víctima por el pecado), a fin de que nosotros viniésemos a ser justicia de Dios», 2Cor 5:21.
El ritual de Lev 1-7 para el sacrificio hattâ't es diferente del de Núm 15:22-29. En este último texto, no se trata del pecado del sumo sacerdote ni del príncipe, sino sólo del pecado de la comunidad o de un particular; las faltas por inadvertencia de la comunidad se borran con el holocausto de un toro y el sacrificio hattâ't de un macho cabrío, las faltas por inadvertencia de un particular se borran con el sacrificio hattá't de un cabrito. No se exponen los detalles del rito. Si se trata de una falta voluntaria, el sacrificio es impotente y no hay remisión posible, Núm 15:30-31. Es posible que esta ley sea todavía más reciente que la del Lévítico.
Estos sacrificios por el pecado revestían especial solemnidadel día de las expiaciones, del que hablaremos a propósito de las fiestas religiosas.⁸
b) El sacrificio de reparación. La otra forma del sacrificio expiatorio es el 'âšâm. La palabra significa la ofensa, luego el medio de reparar esta ofensa, finalmente el sacrificio de reparación. El código sacrificial se extiende menos acerca de este sacrificio, Lev 5:14-26; Lv7:16, y dice que los ritos son los mismos que los del sacrificio por el pecado, Lev 7:7. Sin embargo, este sacrificio no está previsto sino para los casos de los particulares y, por consiguiente, la sangre no se lleva nunca al santo, ni se quema la víctima fuera del santuario; por otra parte, la única víctima que se menciona es el carnero; finalmente, este sacrificio va acompañado de una multa en los casos previstos por Lev 5:14-16.Lv5:21-26; Núm5:5-8: si los derechos de Dios o del prójimo han sufrido un perjuicio que se pueda estimar pecuniariamente, el culpable, además del carnero ofrecido en reparación, deberá restituir a los sacerdotes representantes de Yahveh o a la persona perjudicada el valor del daño aumentado en un quinto. Hay que notar, sin embargo, que esta restitución no forma parte del sacrificio.
c) Distinción entre sacrificio por el pecado y sacrificio de reparación. Es muy difícil determinar lo que distingue a estas dos clases de sacrificios. Los antiguos mismos no estaban de acuerdo: Filón, de Victimis II, pensaba que el hattâ't era por las faltas involuntarias contra el prójimo, el 'âšâm por las faltas involuntarias contra Dios y por todas las faltas voluntarias; según Josefo, Ant.2-9:3, la distinción existiría entre los pecados cometidos sin testigos y los pecados cometidos delante de testigos, y también los rabinos tienen sus teorías. Las opiniones de los modernos están por lo regular mejor fundadas, pero también son variadas.
De los ejemplos que se citan en Lev 4:5 se saca la impresión de que el hattât tiene un ámbito mucho más extenso que el 'âšâm y que éste se refiere principalmente a las faltas con que se ha frustrado a Dios (o a sus sacerdotes) o al prójimo, que es lo que da a este sacrificio su carácter de reparación. Pero en el interior mismo de este código sacrificial hay dos inconsistencias: el hattá't se llama también 'ásám en Lev 5:6-7.el hattá't se ofrece si se ha pecado por inadvertencia contra uno cualquiera de los mandamientos de Yahveh, Lev 4:2, pero también el ''âšâm se ofrece si uno ha hecho sin darse cuenta alguna de las cosas prohibidas por los mandamientos de Yahveh, Lev 5:17; los dos sacrificios tienen, pues, el mismo alcance muy general. Los dos sacrificios están previstos para casos de especie muy semejante: el hattá't para quien esquiva el testimonio que debería prestar delante de un juez o que hace bajo juramento una declaración inconsiderada, Lev 5:1-4, el ''âšâm para quien presta falso juramento, Lev5:22-24,. La confusión aumenta si se comparan con este código sacrificial algunas leyes particulares: la purificación del leproso exige un sacrificio 'âšâm, un sacrificio hattá't y un holocausto, Lev14:10-32. Asimismo el nazireo que ha quedado impuro al contacto con algún cadáver debe ofrecer dos tórtolas o dos palomas, la una en sacrificio hattá't, la otra en holocausto, y un cordero en sacrificio ''âšâm, Núm 6:9-12. La misma incertidumbre existe sobre el aspecto moral del acto que debe ser expiado por estos sacrificios: el hattâ't y el ''âšâm son ofrecidos cuando se ha pecado por inadvertencia, lo cual se repite en Lev 4:13, Lv4:22, Lv4:27; Lv5:15-17, y cf. Núm 15:22-31. Sin embargo, se dan ejemplos en los que no se puede tratar de simple inadvertencia, así, en el caso del hattâ't, el negarse a dar testimonio delante de un juez, Lev 5:1. y en el caso del 'âšâm, el fraude a propósito de un depósito o de un objeto hallado, Lev 5:21-22.
Desde luego, estas incertidumbres y estas confusiones pueden resolverse en parte por una crítica literaria que las atribuye a refundiciones del texto. Resulta que los últimos redactores que establecieron estas reglas enrevesadas no sabían claramente lo que eran el sacrificio hattâ't y el sacrificio 'âšâm: o quisieron distinguir términos que en un principio eran sinónimos, o bien confundieron términos cuyo valor específico ignoraban. Volveremos a tratar de este tema con ocasión de la historia de los sacrificios, pero desde ahora parece que este ritual no se redactó como algo completamente nuevo para el segundo templo: un ritual nuevo hubiese sido expuesto con más claridad,
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