3. La fiesta de los tabernáculos
3. La fiesta de los tabernáculos
a) Los nombres y la importancia de la fiesta. La tercera de las grandes fiestas nacionales se llama en las diversas traducciones la fiesta de los tabernáculos, o de las tiendas, o de las cabañas. «Tabernáculos» es una transcripción del término empleado por la Vulgata y dice muy poco al lector moderno. «Tiendas», que es traducción del vocablo latino, le dice más, pero puede inducirle a error: la celebración de la fiesta no implicó nunca la erección de «tiendas». [En esta edición castellana diremos «tabernáculos», como solemos decir en nuestra lengua: el lector se hará cargo del significado de la palabra en estas páginas: tabernaculum (latín) = tienda de campaña.] «Cabañas» es un término que no suena tan bien, pero es la traducción exacta del nombre hebreo de la fiesta: sukkôt. Este nombre aparece sólo en los calendarios religiosos recientes, Dt16:13-16; Lv 23-34, y en los textos que dependen de ellos, Esd3:4; Zac14:16-18, etc., pero es cierto que se trata de la misma fiesta que se denomina fiesta de la recolección, 'âsîp, en los dos calendarios más antiguos, Éx 23:16 y Ex34:22.
Esta fiesta era la más importante y más frecuentada de las peregrinaciones anuales al santuario. Lev 23:39 la llama la «fiesta de Yahveh», cf. Núm 29:12. En Ez 45:25, es la «fiesta» a secas, la fiesta por excelencia, así como en 1Re 8:2.1Re8:65. Se la puede reconocer en «la fiesta de Yahveh que se celebra cada año en Siló» Jue 21:19, y en esta ocasión era, sin duda, cuando el padre de Samuel acudía cada año al santuario, 1Sam 1:3. Zacarías anuncia que todas las naciones subirán cada año a Jerusalén para adorar a Yahveh, y que esto será en la fiesta de los tabernáculos, Zac 14:16. Para Josefo, Ant.8-4:1 es todavía «la fiesta más santa y la más grande entre los hebreos» y un autor pagano, Plutarco, Quaest. conv., 4, 6, emplea una fórmula idéntica.
b) La evolución histórica. Los textos antiguos no dejan lugar a dudas sobre el carácter de esta fiesta: es una fiesta agrícola, la fiesta de la recolección, cuando se encierran los productos de los campos, Éx23:16; a la sazón en que se encierran los productos de la era y del lagar, Dt16:13. Después de haber recolectado los últimos frutos de la tierra, de haber pisado las uvas y la aceituna, se va a dar gracias a Dios. Es una fiesta jubilosa, y la sospecha que la actitud de Ana despierta en el espíritu de Elí, 1Sa1:14-15. admite la posibilidad de embriagarse con el vino nuevo.
La fiesta iba acompañada de regocijos populares. Según Jue 21:19-21, los benjaminitas, diezmados, para procurarse esposas raptan a las muchachas de Siló que habían salido a las viñas para danzar en la fiesta de Yahveh. Se puede relacionar con esto una tradición recogida por la Mišná, Taanit IV, 8: el día 15 de ab (julio-agosto) y el día de las expiaciones, en septiembre, las muchachas de Jerusalén salían con vestidos blancos recién lavados e iban a bailar a las viñas cantando: «Muchacho, levanta los ojos y mira a la que vas a escoger. No atiendas a la belleza, sino a la familia.» Dejemos de lado la danza del mes de ab. La otra no podía tener lugar, como dice el texto, el día de las expiaciones, que era el gran día de penitencia. Si es antigua la tradición, como parece, debe referirse a la fiesta de los tabernáculos, que se celebraba algunos días después. La danza estaba todavía en vigor en la época del Nuevo Testamento: los hombres piadosos e importantes de la comunidad danzaban cantando en el atrio del templo, blandiendo antorchas encendidas. Era un regocijo popular y se solía decir: «El que no haya visto la alegría de esta fiesta nocturna, no ha visto verdaderamente alegría en su vida.»
En los textos litúrgicos antiguos, los primeros detalles sobre los ritos se encuentran en Dt 16:13-15: la fiesta se denomina de las «cabanas», sukkôt. sin explicación; es una peregrinación al santuario único, Jerusalén. y dura siete días. Así se celebró sin duda, prescindiendo de las cabañas, la dedicación del templo de Salomón, que coincidió con la fiesta de los tabernáculos: los fieles, que acuden de todo el reino, celebran una fiesta de siete días y, al octavo día, Salomón los envía a sus casas, 1Re 8:65-66; todo el pasaje es de redacción deuteronomista.
El ritual de Lev 23:33-43 es mucho más detallado, pero plantea también cuestiones de crítica literaria.¹⁰ Los v. Lv23:34-36 repiten las prescripciones del Deuteronomio, pero a los siete días de fiesta añaden un octavo, que es de descanso e incluye una asamblea cultual con sacrificios. Núm 29:12-34 prescribe los sacrificios que se han de hacer durante los siete días (el número de las víctimas principales, los toros, va disminuyendo regularmente) y Nm29:35-38 indica los sacrificios del día octavo, mucho menos abundantes. Este día octavo se menciona siempre separadamente de los siete días de fiesta, es un conclusión, un apéndice y, en el ritual posterior de la Mišná no se habita ya en cabañas, no se hace ya fiesta nocturna, sino únicamente se debe permanecer en Jerusalén; es un día siguiente a la fiesta, una transición antes de reanudar la vida normal. No hay, pues, que insistir en el silencio de Ez 45:25 que, en su texto conciso, no se ocupa sino de los sacrificios ofrecidos por el príncipe durante los siete días de los tabernáculos, como durante los siete días de la pascua y de los ácimos, Ez 45:23-24. Así es como 2Cr 7:8-10 se representa la fiesta en la época de Salomón, pero adicionándola a la fiesta de la dedicación del templo e imaginando siete días para esta dedicación, seguidos de siete días para la fiesta de los tabernáculos; esta manera de ver se introdujo en el texto de 1Re 8:65 mediante una glosa del hebreo que está ausente de la versión griega.
La celebración de la fiesta bajo Esdras, Neh 8:13-18, en conexión con la lectura de la ley, se inspira evidentemente en Lev 23, pero en una segunda etapa de su redacción. Neh 8:14 se refiere a Lev 23:42-43: siete días se vivirá en cabañas, en recuerdo de las cabañas en que Yahveh hizo habitar a Israel después de la salida de Egipto. La comunidad, después de oir la lectura de este texto, se fue a cortar ramas y construyó cabañas, cada uno sobre su azotea, o en el atrio del templo, o en las plazas de Jerusalén, y el texto añade: «Los israelitas no habían hecho cosa semejante desde los días de Josué», Neh 8:17. Es difícil decir en qué consistía tal novedad. No son las cabañas mismas, que son un rasgo antiguo, puesto que dan ya su nombre a la fiesta en el Deuteronomio, sino más bien el hecho de que por primera vez se erigieran las cabañas en Jerusalén, cosa de que no hablaba Dt 16:15.
No hay que alegar como objeción Os12:10: «Todavía te haré habitar en las tiendas, como en el día del encuentro, mô'ed», arguyendo que mô'ed significa también «solemnidad». En efecto, en Oseas y antes de la centralización del culto, no podría tratarse sino de una fiesta celebrada en un santuario local; pero no se trata ni siquiera de eso: el texto habla de «tiendas» y no de «cabañas» y se refiere a la edad de oro del desierto, cuando tuvo lugar el «encuentro» entre Yahveh e Israel.
Una nueva etapa se gana con la redacción de Lev 23:40-41: se toman «hermosos frutos» y ramos y hay regocijos durante siete días. En Neh 8:13-18 no se había hablado de frutos, los cuales no sirven para la construcción de las «cabañas», sino que se llevan en alegre procesión. Esto mismo atestiguan los textos históricos posteriores: en 2Mac 10:6-8, la renovación del templo¹¹ se celebra «a la manera de la fiesta de los tabernáculos» y durante ocho días se llevan tirsos, ramos verdes y palmas; Josefo cuenta, Ant.13-13:5, que en una fiesta de los tabernáculos, Alejandro Janeo, sumo sacerdote y rey, odiado por los fariseos y por el pueblo, fue bombardeado con las cidras que llevaban los fieles. Según el ritual de la Misná, se llevaba en una mano la cidra, 'etrôg, y en la otra el lûlab, una palma ligera en la que iban atados ramos de mirto y de sauce.
c) Las fechas. Según el sentido de los términos empleados la fiesta se celebraba a comienzos del año de otoño según Éx 23:16, a fines de dicho año según Éx 34:22. No hay que ver entre estos dos textos contradicción o evolución en la determinación de la fecha de las fiestas. Esto significa únicamente que por entonces no estaba determinada la fecha con exactitud: dependía de la sazón de los frutos, era la «fiesta de la recolección» y se celebraba cuando se recogían los frutos, poco antes o poco después del comienzo del año. El viejo calendario agrícola de Guézer comienza con los dos meses de la recolección.¹³ A esto no contradice Dt 31:10-11, que ordena una lectura de la ley en la circunstancia de la fiesta de los tabernáculos, «al cabo, miqqes, de siete años», en el año sabático: el texto no debe traducirse «al fin del séptimo año», sino «cada siete años», y la indicación de la fiesta de los tabernáculos es accesoria: es la ocasión en que se hace esta lectura septenal. La fecha de la fiesta no está todavía determinada en Dt16:13 sino por el estado de las faenas agrícolas: es la época en que se encierran los productos de la era y del lagar.
Los libros de los Reyes dan incidentalmente indicaciones más precisas, pero a la vez plantean difíciles problemas. La dedicación del templo de Salomón, que coincidió con la fiesta de los tabernáculos, se celebró en el mes de etanim del calendario cananeo, que una adición asimila al séptimo mes del calendario babilonio introducido por Josías, 1Re 8:2. Pero según 1Re 6:38, el templo se acabó en el mes cananeo de bul, que otra adición asimila al octavo mes del calendario posterior. Suponiendo que sean exactas estas equivalencias —y no tenemos la menor razón de ponerlo en duda —, parece que se debe concluir que o bien la dedicación tuvo lugar un mes antes de la finalización de las obras, o bien que se desplazó once meses después de esta terminación. En la segunda hipótesis se justificaría la larga dilación por la confección de todo el mobiliario de bronce, cuya fabricación, en efecto, se cuenta en 1Re7:13-51, es decir entre la terminación del templo, 1Re 6:38, y su dedicación, 1Re8:2. Una solución más sutil propone que se sitúe la fiesta de la dedicación y de los tabernáculos en la última semana de etanim, pues su octava coincide con el primero de bul, lo cual armoniza los dos datos, pero es poco convincente. Vale más recordar que la fecha de la fiesta no estaba entonces determinada sino por el estado de madurez de los frutos: aquel año se había efectuado la recolección antes de que estuviesen completamente terminadas las obras del templo; así pues, la fiesta y la dedicación se celebraron en etanim, pero sólo al mes siguiente, bul, quedó terminado el templo «según todo su plan y todo su ordenamiento», 1Re 6:38.
La cuestión se complica con la noticia de 1Re12:32-33 sobre la inauguración del nuevo santuario de Betel por Jeroboam I: «Jeroboam celebró una fiesta el octavo mes, el día quince del mes, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar... el día quince del mes, del mes que había escogido arbitrariamente.» Se han propuesto dos interpretaciones de este texto. Originariamente se habría celebrado la fiesta, incluso en Jerusalén, el octavo mes: en efecto, Jeroboam celebra una fiesta «como la que se celebraba en Judá», y debe celebrarla en la misma fecha, pues quiere impedir a sus súbditos que suban al templo de Jerusalén, cf. 1Re 12:28; esto podría conciliarse con la indicación de 1Re 6:38 acerca de la terminación del templo (y su dedicación) el octavo mes. El reproche hecho a Jeroboam, de haber escogido arbitrariamente esta fecha, sería una nota tendenciosa de algún redactor, una vez que la fiesta de Jerusalén se adelantó del octavo al séptimo mes, lo que correspondería a la fecha de 1Re8:2. Otra solución es que Jeroboam cambió efectivamente el calendario festivo, o que más bien volvió a poner en vigor, oponiéndose al calendario de Jerusalén, un viejo calendario del norte de Israel, regido por las condiciones agrícolas en Efraím, donde la recolección se haría un mes más tarde. A esto se debe objetar que no había ninguna diferencia en cuanto al tiempo de la recolección entre Betel y Jerusalén, que no había diferencia notable entre Efraím y Judá y que, si había alguna diferencia, Efraím estaba más bien adelantada respecto a Judá: actualmente los trigos, las olivas y la uva de la región de Naplusa maduran antes que los de la región de Belén y de Hebrón.
Contra ambas hipótesis hay que observar que este pasaje es de redacción tardía, posterior al Deuteronomio, como lo indica la notación del mes con un número ordinal, posterior incluso a Lev 23, pues se fija la fiesta el 15 del mes. Hay que recordar además aquí que, si la fecha de la fiesta no estaba determinada bajo Salomón, no lo estaba tampoco bajo Jeroboam. Si es auténtica esta determinación del octavo mes, indicaría únicamente que aquel año se celebró la fiesta en dicho mes, en Betel y en Jerusalén. No hay el menor indicio de que esta fecha se conservara luego para la fiesta de los tabernáculos en el reino del norte.
La fecha no se determinó sino a partir de Lev 23:34, cf. Núm 29:12: la fiesta comenzaba el 15 del séptimo mes del año de primavera, duraba siete días, seguidos de un día de clausura. La misma fecha se indica en Ez 45:25. No obstante, se ha tratado de probar que este calendario no se observaba todavía bajo Esdras. De hecho, Neh 8:13-18 no precisa en qué días del mes se celebraba la fiesta, y se ha concluido que la referencia del v. Neh8:14 hacía alusión a una ley que no está contenida en el Pentateuco. Se ha querido incluso calcular la fecha en que se había celebrado la fiesta de Esdras: el primero del séptimo mes leyó la ley delante de todo el pueblo hasta mediodía, Neh 8:2; el 2, los cabezas de familia se reunieron alrededor de él para estudiar la ley, Neh 8:13, descubrieron que estaba prescrito que se habitase en cabañas durante la fiesta del séptimo mes e inmediatamente pusieron en práctica esta prescripción, Neh 8:14s. Así pues, se dice, la fiesta se celebró del 3 al 10. Pero este cálculo es falso: pues resulta claramente del texto que el pueblo se dispersó después del primero del mes, que la reunión del 2 no comprendía sino un grupo restringido y que luego hubo que convocar para los preparativos de la fiesta a las gentes de Jerusalén y de todas las ciudades, Neh 8:15. De modo que la fiesta no pudo comenzar el 3. Como, por otra parte, las referencias de los v. 14 y 18 corresponden a Lev 23:36-42, no hay ninguna razón para dudar de que se trata de dicha ley y que, como lo ordena Lev 23:34, la fiesta se celebró del 15 al 22.
d) Origen de la fiesta. Plutarco, Quaest. conv. 4, 6, veía cierta analogía entre la fiesta judía de los tabernáculos y el culto de Baco a la sazón de las vendimias. Esta malaventurada insinuación ha sido renovada por tal o cual autor moderno. Otro ha admitido cierta relación con las fiestas de Adonis-Osiris: las sukkôt serían el equivalente de la glorieta que protegía el lecho fúnebre de Adonis. Pero aquí se trata de un rito que está documentado sólo en Alejandría, en la época griega, por Teócrito, Idilio 15, y quien habita en la glorieta es el dios muerto, no los fieles; no hay la menor relación posible.
Con mayor éxito se ha propuesto explicar la fiesta y el rito de las cabañas por la idea de que en ciertas épocas, especialmente al paso de un año a otro, los poderes malignos se ponen en actividad y acometen las viviendas: para engañarlos y esquivarlos se pasarían aquellos días bajo techos provisionales. Tal sería particularmente el caso de nómadas que acaban de hacerse sedentarios y a quienes las nuevas prácticas les aparecen cargadas de toda clase de peligros. Así, la fiesta dataría de la instalación en Canaán y habría recibido el influjo de estas nociones primitivas.
Los ritos bíblicos no ofrecen nada que pueda apoyar esta hipótesis, mientras proporcionan elementos de una solución mucho más sencilla y convincente. La antigua fiesta de los tabernáculos tenía carácter agrícola, que está subrayado por su nombre de fiesta de la recolección y por los detalles que se le añaden en Éx23:16 y Ex34:22; una vez que adoptó el nombre de fiesta de los tabernáculos, su carácter agrícola siguió indicándose todavía por la fecha, vaga en Dt16:13 o precisa en Lev 23:34, y se reconoce hasta en el rito más reciente, el de los frutos que se llevaban a la fiesta, Lev 23:40. Esta fiesta no pudo ser instituida sino después de la sedentarización, y se puede presumir que fue tomada de los cananeos. Esta presunción se corrobora por Jue 9:27: después de la vendimia, las gentes de Siquem celebraban una fiesta jubilosa en el templo de su dios. El episodio antiguo de Jue 21:19-21 establece la conexión entre esta fiesta cananea y la fiesta israelita.
Mucho más dudoso es que haya que relacionar con esto, como se ha hecho a veces, la historia de Núm 25:1-18: en las llanuras de Moab, los israelitas tomaron parte en una fiesta impúdica del Baal de Peor y se dio muerte a un israelita por haber entrado en una qubbah ¹⁴ con una mujer madianita. La palabra significa «tienda» o «alcoba» y ha sido puesto en relación con las sukkôt. Pero esta «tienda» no es una «cabaña», además es única y no hay ninguna prueba de que esta fiesta se celebrase en otoño ni de que tenga la menor relación con la fiesta de los tabernáculos.
Ésta era una fiesta agrícola y el rito de las sukkôt debe explicarse por una práctica campesina. La explicación que resulta más satisfactoria consiste en reconocer en él las cabañas de ramajes que se elevaban, y que todavía hoy se elevan, en las viñas y en los huertos durante la vendimia y la recolección de los frutos. La fiesta, o parte de ella, se celebraba primitivamente al aire libre, cf. Jue 21:19-21, y la fiesta de la recolección podía así llamarse la fiesta de las cabañas, sukkôt. El Deuteronomio conservó el nombre, dejó las cabañas levantadas en los huertos, pero obligó a acudir a sacrificar en el santuario único y no ya en los santuarios locales, Dt 16:13-15. Finalmente, y como efecto de la centralización del culto, se erigió en Jerusalén el equivalente de estos cobertizos y las «cabañas» se convirtieron en rito esencial de la fiesta, Lev 23:42; Neh 8:16.
Como antiguamente la pascua y como más tarde las semanas, la fiesta de los tabernáculos se ensalzó con un acontecimiento de la salud: los israelitas deben habitar en cabañas en recuerdo de las cabañas, sukkôt, donde Yahveh hizo habitar a sus padres después de la salida de Egipto, Lev 23:43. Es una explicación secundaria: los israelitas en el desierto habitan en tiendas, no en cabañas. Éstas representan una costumbre de los países sedentarios y la palabra aparece por primera vez en la Biblia cuando Jacob volviendo de Mesopotamia se establece en Canaán: «Se construyó una casa e hizo cabañas, sukkôt, para su ganado; por lo cual se dio a este lugar el nombre de sukkôt», Gén 33:17.
Sin embargo, sin negar el carácter agrícola de la fiesta y su dependencia de los cananeos, un autor reciente ha tratado de justificar la conexión de la fiesta de los tabernáculos con la estancia en el desierto: en el período seminómada de Israel habría habido una fiesta de los tabernáculos, a la que se referirían las prescripciones de Núm2 sobre la disposición del campo alrededor de la tienda de la reunión. La lectura de la ley en relación con la fiesta de los tabernáculos, Dt 31:9-13, daría a la fiesta el carácter de una renovación de la alianza, celebrada primero en Siquem. La fiesta se acomodó a las condiciones de la vida sedentaria y, con el influjo de los cultos de Canaán, el carácter naturista se hizo predominante en ella; así es como se celebraba en Siló. A partir de la monarquía estabilizada y de la construcción del templo de Salomón, no tenía ya sentido recordar los desplazamientos en el desierto: como dice Is 33:20 (que, por lo demás, es tardío), «Sión, ciudad de nuestras fiestas» es «una tienda que no se desplaza». La fiesta habría adquirido entonces un nuevo significado: conmemoraba la elección de Jerusalén como morada de Yahveh y la alianza de Yahveh con la casa de David. La demostración no es suficiente. Los textos antiguos, incluso el Deuteronomio, subrayan únicamente el aspecto agrícola, y la explicación de Lev23:43 es evidentemente secundaria. Nada prueba que la fiesta tuviese nunca en el Antiguo Testamento el carácter de fiesta de la alianza, y Dt 31:9-13 pone la lectura de la ley en conexión con el año sabático y sólo secundariamente con la fiesta de los tabernáculos de este año sabático. Y cuando, tardíamente, se aplicó el recuerdo de la alianza a una fiesta, fue a la fiesta de las semanas 15 y no a la de los tabernáculos.
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