3. Holocausto y sacrificio de comunión
3. Holocausto y sacrificio de comunión
Estas dos especies de sacrificios están documentadas con continuidad desde los primeros textos históricos hasta el Deuteronomio. Nos fijaremos aquí únicamente en los testimonios más antiguos.
Bajo los jueces, Gedeón ofrece un holocausto, 'olah, Jue 6:26.28. La segunda tradición relativa al sacrificio de Gedeón, Jue 6:18-22, es menos clara, pero la explicación obvia es que Gedeón, no reconociendo al principio al ángel de Yahveh, quiere ofrecerle una comida de hospitalidad, que se transforma en holocausto por el fuego que salta de la roca. Tenemos un relato análogo pero más explícito en cuanto al sacrificio de Manoah, padre de Sansón, Jue 13:15-20. Tenemos luego el holocausto que se ofrece al regreso del arca de la cautividad filistea, 1Sa 6:14, los holocaustos de Samuel, 1Sa 7:9; 1Sa10:8, de Saúl, 1Sa13:9s, de David, 2Sam 6:17s, luego de Salomón antes y después de la construcción del templo, 1Re3:4; 1Re9:25, y más tarde, fuera de Jerusalén, el sacrificio de Elias en el Carmelo, 1Re18:38. Las víctimas son, como en el Levítico, animales domésticos, ganado mayor o menor. La característica es la misma: todo se quema sobre el altar. Fuera de los sacrificios excepcionales de Gedeón y de Manoah, no tenemos los detalles de ritual que no interesaban a los autores de los libros históricos. Parece ser, sin embargo que, a diferencia del Levítico, antiguamente se inmolaba la víctima sobre el altar mismo, cf. el sacrificio de Abraham, Gén 22:9-10, y el episodio de la guerra contra los filisteos, 1Sa 14:33-34. Pero en el sacrificio del Carmelo, el toro es descuartizado antes de ser colocado sobre Ja leña del altar, 1Re 18:23.1Re 18:33.
El sacrificio de comunión está mencionado en los textos antiguos aún con más frecuencia que el holocausto. Se llama sencillamente zebah en numerosos pasajes de los libros históricos, Jos 22:26s; 1Sa1:21; 1Sa2:13.1Sm 2:19; 1Sa3:14; 1Sa6:15, etc.; 2Sam15:12; 1Re8:62; 1Re12:27; 2Re5:17; 2Re10:24, etc., en los profetas, Is 1:11; Is19:21; Jer 7:22; Os 3:4; Os4:19; Am 4:4; Sof 1:7-8, etc., y también en los antiguos códigos del Pentateuco, Éx 23:18; Ex34:15.Ex 34:25. También con frecuencia se llama solamente šelâmîm en los libros históricos, Jue20:26; Jue21:4; 1Sa13:9; 2Sa 6:17-18; 2Sa24:25; 1Re3:15; 1Re9:25; 2Re16:13, etc., en las partes antiguas del Pentateuco, Éx 20:24; Ex 32:5,, etc., en Ezequiel, Ez43:27; Ez45:15-17; Ez46:12. El singular šelem se encuentra únicamente en Am5:22. Por el contrario, la expresión zebah Plámim, que se encuentra en los rituales sacerdotales, no aparece sino raramente en otras partes, y en Éx 24:5; 1Sam 11:15, cf. Jos 22:27, nos encontramos con zebâhîm šelâmîm, con las dos palabras en aposición o siendo la una glosa explicativa de la otra.
Así pues, esta doble denominación es antigua y no parece corresponder a alguna diferencia en los ritos. Una de ellas designa el sacrificio por su forma exterior, es una «inmolación», zebah, mientras la otra lo designa por su intención; aquí divergen las opiniones, pero la más probable es que šelâmîm contiene la idea de un tributo ofrecido a Dios para mantener o restablecer las buenas relaciones entre él y su fiel, cf. las palabras šîllem y šillum, que significan «retribución», y la palabra ugarítica šlmn aplicada a regalos enviados como prendas de paz.
Al igual que el sacrificio del Levítico, el antiguo sacrificio de comunión era un sacrificio gozoso en el que el sacerdote y el ofe-, rente, o el pueblo, comían su parte, excepto la sangre que se derramaba y las grasas que se quemaban sobre el altar, 1Sa 2:15-16. Sólo tenemos raros informes sobre el ritual, los cuales muestran que en los detalles no fue siempre el mismo que después de la cautividad.
Si está justificada la corrección admitida generalmente de 1Sam 9:24, lo cual no es cosa segura, la cola grasa de los carneros habría correspondido a los fieles, mientras que será ofrecida a Dios en Lev 3:9; Lv7:3. El derecho de los sacerdotes evolucionó: la antigua costumbre, por lo menos en Siló, era que el sacerdote sacase un trozo pinchando al azar con el tenedor en la olla donde se guisaba la carne, 1Sa2:13-14; según el Deuteronomio le correspondía el hombro, las mandíbulas y el estómago, Dt 18:3, y finalmente el Levítico le atribuirá el pecho y el muslo derecho, todavía crudos, Lev 7:34.
Las narraciones y las leyes del Pentateuco suponen que los israelitas ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión desde antes de su establecimiento en Canaán, durante su estancia en el desierto. A esto parece contradecir Am5:25: «Sacrificios y oblaciones, ¿me los ofrecisteis en el desierto durante cuarenta años, casa de Israel?», como también Jer 7:22: «Yo no dije ni prescribí a vuestros padres nada concerniente al holocausto y al sacrificio, cuando los saqué del país de Egipto.» Estos textos son taxativos, pero precisamente su expresión absoluta impide que se los tome a la letra. En el Pentateuco hay tradiciones antiguas sobre los sacrificios ofrecidos en el desierto, como Éx 3:18; Ex5:3, Ex5:8, Ex5:17; Ex10:25; Ex18:12; Ex32:6-8, y estas tradiciones yahvistas o elohístas eran ciertamente conocidas por Amos y Jeremías, que no las repudiaban. Conocían también los códigos yahvista y elohísta de la alianza, que mencionan el sacrificio, Éx 20:24; Ex23:18; Ex34:25, y debían de atribuirlas a la época mosaica, como lo hacían sus contemporáneos; finalmente. Jeremías conocía Dt12:6-14 como ley de Moisés. El uno y el otro aceptaban la pascua como institución que databa del Éxodo. Es necesario, pues, buscar una explicación. Estas palabras de Amos y de Jeremías no se deben separar de su contexto inmediato: forman parte de oráculos dirigidos no contra el culto en sí mismo, sino contra el culto exterior y material que era practicado por sus contemporáneos. Lo que Dios pide ante todo es una religión interior, es «que se escuche su voz», Jer 7:23, que se practique «el derecho y la justicia», Am 5:24. Es el mismo ideal que, según los mismos profetas, Jer 2:2; Am 2:10, se había realizado en el desierto, y a él se refieren aquí: entonces no se procedía como ahora, y para dar más vigor al argumento, lo expresan de manera absoluta: en el desierto Israel no ofrecía sacrificios, Dios no había ordenado sacrificios. Hubiera sido conveniente añadir «sacrificios como los que ofrecéis vosotros», pero hay que tener en cuenta que son predicadores, que no hacen como nosotros la historia del sacrificio, como tampoco la hacen por su parte los autores sacerdotales cuando proyectan al desierto la organización cultual del templo de su época.
Hemos dicho esto para explicar la posición de Amos y de Jeremías. Si ahora nos situamos en la perspectiva de la crítica moderna, si se descartan como recientes todos los pasajes de redacción sacerdotal, si se datan los códigos yahvista y elohísta de la alianza en la época del establecimiento en Canaán, y el Deuteronomio al final de la época monárquica, hay que reconocer que no nos queda apenas información sobre el culto sacrificial en el desierto: entre los textos antiguos que hemos citado anteriormente, Éx 1-10 habla de sacrificios que se han de ofrecer, no de sacrificios ofrecidos, que es un pretexto alegado ante el faraón para lograr que deje partir las tribus israelitas; en Éx 18:12, Jetró, un extranjero, es quien sacrifica, como es también un extranjero, Balaq, el que sacrifica en Núm 22:40; Nm23:1, Nm23: 14-29. Los sacrificios de Éx 32:6-8 se ofrecen al becerro de oro y son reprobados por la redacción actual del texto. Queda todavía la pascua, pero es un sacrificio de género particular y todo se realiza fuera del altar. Hay ciertamente que admitir que los israelitas seminómadas practicaron los sacrificios sangrientos: es costumbre de pastores, y estos sacrificios están documentados muy antiguamente en Arabia, pero nunca sabremos exactamente cuáles eran los ritos que entonces se practicaban.
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