Prólogo
El momento histórico que nos toca vivir es apasionante. Cuando la Iglesia, a través del Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, nos invita a llevar a todos los rincones del mundo y al corazón de los hombres «la alegría del Evangelio», siente uno un gozo especial al tener entre sus manos un libro titulado Cómo defender la fe sin levantar la voz – Respuestas civilizadas a preguntas desafiantes.
Es verdad que la historia siempre ofrece ocasiones extraordinarias para vivir la fe con plenitud, pero en este pontificado muchas personas se sienten atraídas por la Iglesia y por la Buena Noticia que esta tiene que dar a los hombres. Este momento, en todo el mundo y particularmente en España, requiere creyentes con pasión que lleven el Evangelio en el corazón, viviendo y haciendo vivir que el mayor tesoro para un ser humano es precisamente esa Buena Noticia con un rostro: Jesucristo.
El libro que tienes entre tus manos es un instrumento muy útil para poner en práctica el consejo del apóstol Pedro y aprender a «dar razón de nuestra esperanza» a tantos seres humanos que nos preguntan a los cristianos por qué vivimos como vivimos y miramos al futuro con confianza. Hay muchas personas que nos acompañan en el camino de esta historia que, muy a menudo, pasan por el mundo llenas de penas y sinsabores. Miran a los cristianos que viven coherentes con su fe y, desde fuera, no entienden la alegría, el gozo, el compromiso, la entrega al servicio de los demás, sean quienes sean. Ven en sus vidas «la alegría del Evangelio», y les provoca una atracción especial. De alguna manera sucede como en los primeros momentos de la vida de la Iglesia, cuando aquellos que veían cómo vivían los cristianos y lo que hacían, sentían tal atracción que pedían entrar en su comunidad. Dentro contemplaban la razón de su esperanza y la razón por la que entregaban sus vidas de esa manera.
El mundo en el que vivimos tiene hambre del mensaje de esperanza que trae consigo el Evangelio. Por ello, «aprender a defender la fe sin levantar la voz», haciendo amable la presencia de Dios entre los hombres, mostrando la belleza que da a la vida humana con su cercanía, es una necesidad urgente. En todos los países de esta tierra, en los pobres y en los más ricos, son cada día más conscientes de que el ser humano no se basta por sí mismo para llenar su corazón. Como decía el papa Benedicto XVI, quien no conoce a Dios, «en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida» (Spe salvi, 27). Viviendo desde el amor de Dios y con el amor de Dios se puede llevar a los hombres «al encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro» (Deus caritas est, 31).
Hay una respuesta a todas las inquietudes que anidan en el corazón del ser humano: Jesucristo. Es la razón de nuestra esperanza. Él es el Verbo, la razón de Dios, y por eso nuestra fe nutre una confianza grande en la inteligencia humana. Los cristianos no creemos por la razón, pero pensamos que nuestra fe es razonable. En estas páginas encontraréis razones, argumentos, modos de explicar convincentes sobre diez temas en los que a veces es más difícil explicarnos porque nuestra fe choca con la cultura dominante. Junto a ello, los autores ofrecen un método para enfrentarse a las preguntas difíciles, y responder con serenidad y mesura, con espíritu constructivo, con ganas de atraer más que vencer en el debate. El espíritu cristiano nos anima a fomentar la cultura del encuentro, también alrededor de los temas controvertidos. ¡Qué fuerza tiene en la vida humana construir puentes y no derribarlos, romper muros y no construirlos!
Esta obra será un complemento práctico para cualquiera que hable en nombre de la Iglesia, y ciertamente para nosotros los obispos. Pero pienso que tendrá gran utilidad para muchos laicos que quieran intervenir en los medios de comunicación, porque esta es, como dice el papa Francisco, «la hora de los laicos». Es muy razonable pensar que hayan de ser laicos quienes presenten nuestra fe en medio de la cultura contemporánea. Por eso, animo a los laicos a que, después de haberse preparado adecuadamente, sean testigos de la esperanza en los medios de comunicación de nuestro país. Sus razonamientos y sobre todo su actitud abierta, dialogante, constructiva, serán un motivo de curiosidad, que atraerá a muchos a preguntarse por la fe y por la Iglesia.
Todos reconocemos que la belleza es como un espejo de lo divino, que además inspira y vivifica el corazón y la mente del ser humano, mientras que la fealdad y la vulgaridad tienen un impacto que es depresivo del comportamiento y de las actitudes. Por eso es importante regalar belleza, verdad, bondad y promover la dignidad humana. El libro que vas a leer quiere ayudarnos a que aprendamos a comunicar todo esto. Formarnos en comunicar lo más maravilloso que se puede acercar al corazón del hombre es todo un arte en el que merece la pena gastar tiempo.
Ojalá las voces católicas, con su testimonio, sean como el evangélico «venid y veréis».
† MONS. CARLOS OSORO Arzobispo de Madrid
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