capitulo 16
CAPITULO XVI
32.Los pelagianos creen saber algo de mucha importancia cuando dicen «que Dios no manda lo que sabe no puede cumplir el hombre». ¿Quién esto ignora? Mas precisamente por eso ordena Dios algunas cosas que no podemos cumplir, para que sepamos lo que le debemos pedir. Es una misma la fe que por la oración implora lo que la ley manda. Finalmente, quien dijo: Si tu quieres, guardarás los mandamientos, en el mismo libro del Eclesiástico, poco después dice: ¡Quién pusiera una guarda a mi boca y un sello de circunspección a mis labios para que por ellos no cayese y no me perdiera, preservando del mal mi lengua! Por cierto, el mandato estaba dado: Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Si, pues, verdad es lo que dijo: Si tu quieres, guardarás los mandamientos, ¿por qué luego le interesa una guarda para su boca, como en otro salmo: Pon guarda a mi boca, oh Jehová? ¿Por qué no le basta el divino precepto y su voluntad, toda vez que, si quiere, puede guardar los mandatos? Muchos son los preceptos divinos contra la soberbia. Los conoce. Si quiere, podrá guardarlos. ¿Por qué, pues, dice luego: Señor, Padre y Dios de mi vida, la provocación en la mirada no me la des? La ley ya le había mandado: No codiciarás. Quiera y cumplirá, porque si quisiere, podrá guardar los mandatos. ¿Por qué, pues, dice luego: Aparta de mí la concupiscencia? Y contra la lujuria también Dios mandó muchas cosas; cúmplalas, porque, si quiere, puede guardar los mandatos; entonces, ¿por qué dama al Señor: No se adueñen de mí los placeres y la sensualidad? Si todas estas cosas y cuanto al Señor pedimos en la oración se lo dijésemos a El en presencia, con muchísima razón nos respondería: Si tu quieres, guardarás los mandamientos. Es indudable que, si queremos, podemos cumplir lo ordenado. Mas como nuestra voluntad es por Dios preparada, razón es que tanta voluntad le pidamos cuanta suficiente sea para que queriendo cumplamos. Cierto que queremos cuando queremos; pero aquél hace que queramos el bien, del que fue dicho: La voluntad es preparada por el Señor, y Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino, y Dios es el que en vosotros produce el querer. Sin duda que nosotros obramos cuando obramos; pero El hace que obremos al dar fuerzas eficacísimas a la voluntad, como lo dijo: Haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Cuando dice: Haré que andéis, ¿qué otra cosa dice sino arrancaré de vosotros el corazón de piedra, por el que no obráis, y os daré el corazón de carne, por el que obraréis? Y esto, ¿quizá es otra cosa que os quitaré el corazón duro, que os impedía obrar, y os daré un corazón obediente, que obrar os haga? Aquel a quien dice el hombre: Pon guarda a mi boca, oh Jehová, hace que nosotros obremos, ya que esta frase equivale a decir: Haz, Señor, que yo ponga una guarda a mi boca, beneficio que ya había logrado quien dijo: Pondré un freno en mi boca.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.