capitulo 12
CAPITULO XII
24. En consecuencia: cuantos con sólo la ayuda de la ley y sin el auxilio de la gracia, confiando en sí mismos, son movidos por su espíritu, no son hijos de Dios. Tales son de los que dice el Apóstol: Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Esto lo dijo de los Judíos, quienes presumiendo de sí rechazaban la gracia, y por eso en Cristo no creían. Y dice que buscaban afirmar su justicia, es decir, la justicia que procede de la ley; no porque ésta fuese por ellos forjada, sino que afirmaban su justicia en la ley que de Dios procedía al esperar cumplir esa ley por sus propias fuerzas. Ignorando la justicia de Dios, no la justicia por la que Dios es justo, sino la justicia que el hombre tiene de Dios recibida. Y para que comprendáis bien estas dos justicias, ved lo que hablando de Jesucristo dice en otro lugar: Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es de Cristo Jesús, la justicia que es de Dios por la fe. ¿Por qué, pues, dice no teniendo mi propia justicia que es por la ley, siendo su justicia la de Dios y no la ley misma, sino porque suya la llama—siquiera de la ley proceda—al creerse capaz de cumplir la ley sin el auxilio de la gracia, por la fe en Jesucristo? Por ello, habiendo dicho: no teniendo mi propia justicia, en seguida añadió: sino la que es de Cristo Jesús, la justicia que es de Dios por la fe. Esta es la ignorada por aquellos de quienes dice: ignorando la justicia de Dios, es decir, que de Dios procede (ésta es conferida por el espíritu, que vivifica, y no por la letra, que mata), y procurando establecer la suya propia, que el Apóstol llamó justicia de la ley al decir: no teniendo mi propia justicia, no se han sujetado a la justicia de, es decir, a la gracia de Dios. Bajo la ley vivían y no bajo la gracia, y por ello los dominaba el pecado, toda vez que de éste no es el hombre libre por la ley, sino por la gracia. Así, dice en otro lugar: Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. No porque es mala la ley, sino porque bajo ella viven los que son hechos reos por el mandato y no por el auxilio, puesto que la gracia ayuda para que cada uno sea cumplidor de la ley, sin la cual, quien bajo la ley vive, será tan sólo de la ley oyente. A los tales dice San Pablo: De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
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