capitulo 09
CAPITULO IX
2l. Acaso vuestra curiosidad os lleve a preguntar si en los libros santos se lee la frase «gracia sobre gracia». Y precisamente en el evangelio de San Juan, tan esplendente por su claridad, encontramos aquel pasaje en el que San Juan Bautista dice de nuestro Señor Jesucristo: Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. En consecuencia, (de su plenitud recibimos, según nuestra capacidad, nuestras porciones para bien vivir conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro; fe que también es gracia. Pero además recibiremos gracia sobre gracia cuando se nos dé la vida eterna, de la que dijo el Apóstol: Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro, habiendo antes dicho: Porque la paga del pecado es muerte. Con razón dice paga, porque muerte eterna se da a la milicia diabólica como paga. Y bien podría decir, y acertadamente, que el salario de la justicia es la vida eterna; mas prefirió decir: Mas la dádiva de Dios es vida eterna, para que así entendiésemos que no por nuestros meritos, sino por su misericordia, Dios nos lleva a la vida eterna. De acuerdo con esta verdad, dice el hombre a su alma: Él es . . . el que te corona de favores y misericordias (Psa 103:4). Mas ¿acaso no se da la corona a las obras buenas? Pero como es El quien en los buenos ejecuta las buenas obras, por lo que fue escrito: Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad, por eso dijo el Salmista: El que te corona de favores y misericordias, pues por su misericordia obramos el bien que con corona es premiado. Y no porque diga que Dios obra en vosotros el querer y el obrar hemos de concluir a la negación del libre albedrío, porque si así fuese, no hubiera dicho poco antes: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Cuando se manda trabajar, al libre albedrío se manda, y por ello con temor y temblor, no sea que, atribuyéndose a sí mismo las buenas obras, de ellas se enorgullezca. Viene todo a ser cual si al Apóstol se le preguntara: «¿Por qué dijiste que con temor y temblor?» El, dando la razón de tales palabras, diría: «Dios es quien obra en vosotros. Si teméis y tembláis, no os exaltaréis por vuestras buenas obras, como si vuestras fuesen, porque es Dios quien en vosotros obra.
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