capitulo 07
CAPITULO VII
16. Por tanto, consideremos los méritos del apóstol San Pablo, por los que dijo había de darle una corona de justicia el justo Juez, y veamos si son suyos, es decir, por él adquiridos, o más bien son dones de Dios. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. En primer lugar, estas buenas obras serían nulas de no haber sido precedidas de pensamientos buenos. Reparad en lo que dice de estos pensamientos al escribir a los Corintios: No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia viene de Dios. Después veamos ya en particular: He peleado la buena batalla, dice. Y pregunto yo con qué fuerza combatió, si con una que de sí mismo procediera o más bien con otra que de arriba le fuera dada. Pero ni pensar que tan excelso doctor ignorase la ley de Dios, cuya voz dice en el Deuteronomio: No digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas. Pero, ¿de qué sirve un buen combate si no es coronado por la victoria? Y ¿quién da la victoria sino aquel de quien el mismo Apóstol dice: Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Y en otro lugar, al recordar el paso de aquel salmo: Pero por causa de ti nos matan cada día; somos contados como ovejas para el matadero, añadió y dijo: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Luego no por nosotros, sino por aquel que nos amó. A continuación dice: He acabado la carrera. Pero afirma aquí esto quien en otro lugar dijo: Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia, proposición que no puede convertirse de manera que diga: No de Dios, que tiene misericordia, sino del hombre, que quiere y que corre, porque quien se atreviere a decir tal, paladinamente contradice al Apóstol
17. Por fin dijo: He guardado la fe; y lo dijo quien en otro lugar escribió: Como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. No dijo: He conseguido la misericordia porque era fiel, sino para ser fiel, probando así que la fe no puede poseerse sino por la misericordia de Dios y que es gracia suya. Lo que con todas las palabras enseña al decir: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Porque podrían decir: «Recibimos la gracia precisamente porque creímos», como atribuyéndose a sí la fe y la gracia a Dios; y por ello, habiendo dicho el Apóstol: por medio de la fe, añadió: y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Y de nuevo, para que no dijeran haber tal don merecido por sus obras, escribió de seguida: no por obras para que nadie se gloríe. No porque negara o suprimiera las buenas obras cuando afirma que Dios ha de remunerar a cada uno según sus obras, sino porque las obras proceden de la fe y no la fe de las obras, y por eso nuestras obras de justicia provienen de aquel mismo de quien proviene la fe. De ésta está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
18. Mas los hombres, no entendiendo lo que el mismo Apóstol dijo: Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley, creyeron ser al hombre suficiente la fe siquier malviva y no cuente con buenas obras. Lo que en manera alguna pensó San Pablo, quien al decir: Porque en cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, luego anade: sino la fe que obra por el amor. Esta es la fe que separa a los fieles de los inmundos demonios, pues también éstos, como lo dice el apóstol Santiago, creen y tiemblan, pero no obran bien. No tienen, por tanto, esta fe, de la cual vive el justo y que obra por la caridad, de manera que Dios le confiere la vida eterna de acuerdo con sus obras. Y porque esas mismas obras buenas provienen de Dios igual que nuestra fe y nuestra caridad, por eso el Doctor de los Gentiles gracia llamó a la vida eterna.
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