08 Origen de lo falso y lo verdadero
ORIGEN DE LO FALSO Y LO VERDADERO
15. A.– Muy bien discurres; pero no veo aún lo que erradamente he podido conceder, a no ser aquello de que lo falso es lo que tiene alguna verosimilitud, pues ninguna otra cosa se me ocurre digna del nombre de falso; por otra parte, tengo que confesar que lo falso es tal por su desemejanza o desacuerdo con lo verdadero. De donde resulta que la desemejanza engendra falsedad. Y por esta razón vacilo, pues nada se me ocurre que sea originado de causas contrarias.
R.– ¿Y si este género es único y singular en la naturaleza de las cosas? ¿No sabes que entre la multitud de los animales, solamente el cocodrilo mueve la mandíbula superior para comer y, sobre todo, no reparas en que ninguna cosa puede hallarse semejante a otra sin que difiera de ella en algo?
A.– Te concedo lo que dices; con todo, cuando considero que lo falso tiene algo semejante y desemejante a lo verdadero, no acierto a discernir por cuál de esas propiedades recibió su nombre. Pues si digo que es por la disimilitud, todas las cosas podrán decirse falsas, pues no hay ninguna que no sea disímil con otra, considerada como verdadera. Y si digo que lo falso recibe su nombre por la semejanza, no sólo clamarán los huevos, que son verdaderos, siendo semejantísimos entre sí, sino que no podré rebatir al que me obligue a confesar que todo es falso, pues todas las cosas se hallan vinculadas entre sí por alguna semejanza. Pero imagínate que no me arredra decir que la similitud y disimilitud dan juntamente origen a lo falso; ¿tendré entonces un camino para salir? Se me instará que proclamo falsas todas las cosas, por ser todas entre sí semejantes y desemejantes. Podría llamar falso a lo que es diverso de lo que parece, y volvamos otra vez a la definición, rechazada por sus disparatadas consecuencias, de que ya me creía libre, dando por aquí en aquel inesperado remolino que me obliga a decir que la verdad es lo que aparece. De donde resulta que sin un sujeto conocedor, nada puede ser verdad, y aquí es de temer un naufragio en escollos secretísimos, que no son menos verdaderos por estar ocultos. O si digo que la verdad es lo que es, se concluirá, discrepando de todos, que lo falso no está en ninguna parte. Así que vuelven las fatigas pasadas y veo que nada hemos ganado con tantos rodeos y pausadas marchas del pensamiento.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.