42 ¿Qué dicen los evangelios apócrifos?
Entre los evangelios apócrifos, que proliferaron en la Iglesia en el siglo II y posteriormente, los hay fundamentalmente de tres clases: aquellos de los que sólo han quedado algunos fragmentos escritos en papiro y se asemejan bastante a los canónicos; los que se conservaron completos y narran con sentido piadoso cosas acerca de Jesús y de la Santísima Virgen; y aquellos otros que ponían bajo el nombre de un apóstol doctrinas extrañas distintas de las que la Iglesia creía por la verdadera tradición apostólica.
Los primeros son escasos y apenas dicen nada nuevo, quizás porque se conoce poco de su contenido. A ellos pertenecen los fragmentos del Evangelio de Pedro que narran la Pasión.
Entre los segundos el más antiguo es el llamado Protoevangelio de Santiago, que narra la permanencia de la Santísima Virgen en el templo desde que tenía tres años y cómo San José, que era viudo, fue designado para cuidar de ella cuando ésta cumplió los doce años. Los sacerdotes del templo reunieron a todos los viudos y un prodigio en la vara de José, consistente en que de ella surgió una paloma, hizo que él fuera el elegido. Otros apócrifos más tardíos que recogen la misma historia, como el Pseudo-Mateo, cuentan que la vara floreció milagrosamente. También se detiene el Protoevangelio en contar el nacimiento de Jesús cuando San José iba con María hacia Belén. Narra que el santo patriarca buscó una partera la cual pudo comprobar la virginidad de María en el parto. En una línea parecida, otros apócrifos, como La Natividad de María, se detienen en narrar el nacimiento de la Virgen de Joaquín y Ana cuando éstos eran ya ancianos. La infancia de Jesús y los milagros que hacía siendo niño los cuenta el Pseudo-Tomás, y la muerte de San José es el tema principal de la Historia de José el carpintero. En los apócrifos árabes de la infancia, ya más tardíos, se fija la atención en los Reyes Magos, de los que en un apócrifo etíope se dan incluso los nombres que se han hecho tan populares. Un motivo muy querido en otros apócrifos, como el llamado Libro del reposo o el Pseudo-Melitón, fue la muerte y la asunción de la Santísima Virgen, narrando que murió rodeada de los apóstoles y que el Señor transportó su cuerpo en un carro celeste. Todas estas leyendas piadosas circularon con profusión en la Edad Media y sirvieron de inspiración a muchos artistas.
Otro tipo de apócrifos son los que proponían doctrinas heréticas. Los Santos Padres los citan para rebatirlos y, con frecuencia, los designan por el nombre del hereje que los había compuesto, como el evangelio de Marción, o de Basílides, o por los destinatarios a los que iban dirigidos, como el evangelio de los Hebreos o el de los Egipcios. Otras veces los mismos Santos Padres acusan a estos herejes de poner sus doctrinas bajo el nombre de algún apóstol, preferentemente Santiago o Tomás. Las informaciones de los Santos Padres se han confirmado con la aparición de unas cuarenta obras gnósticas en Nag-Hammadi (Egipto) en 1945: Normalmente presentan presuntas revelaciones secretas de Jesús que carecen de cualquier garantía. Suelen imaginar al Dios Creador como un dios inferior y perverso (el Demiurgo), y la adquisición de la salvación por parte del hombre a partir del conocimiento de su procedencia divina.
GONZALO ARANDA
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