26 ¿Jesús hizo milagros?
Entre las acusaciones más antiguas de judíos y paganos contra Jesús se encuentra la de ser un mago.
En el siglo II, Orígenes refuta las imputaciones de magia que Celso hace del Maestro de Nazaret (Contra Celso 1:38), a las que también aluden San Justino, Arnobio y Lactancio. Igualmente, algunas tradiciones judías, que pueden remontarse al siglo II, contienen acusaciones de hechicería contra Jesús. En una de ellas se dice lo siguiente: «En la víspera de la Pascua, Yeshu [Jesús] fue colgado [es decir, crucificado]. Durante 40 días antes de que tuviera lugar la ejecución, un heraldo iba delante gritando: “Ése va a ser lapidado porque ha practicado la brujería y seducido y engañado a Israel”» (T almud de Babilonia, Sanhedrin, 43a). En este texto y en los otros casos arriba señalados, se reconoce que Jesús hizo milagros, pero no se quiere admitir que tuvieran un origen divino. Por eso, se atribuyen a la magia. Es la misma acusación que aparece en el Nuevo Testamento. Para algunos, Jesús hacía milagros en nombre de Beelzebul (Mar 3:22 y paralelos).
Por otra parte, si se comparan los milagros que hizo Jesús con los prodigios que realizaron otros personajes de la época (Hanina ben Dossa, Honi el trazador de círculos, Eleazar el exorcista, Apolonio de Tiana), se concluye que hay notables diferencias.
Jesús se distingue de los otros por el número mucho mayor de milagros que obró y por el sentido que les dio, absolutamente distinto al de los prodigios que pudieron realizar algunos de esos personajes.
El número de milagros atribuidos a otros taumaturgos es muy reducido, mientras que en el Nuevo Testamento se da noticia de que Jesús hizo muchos.
En los evangelios se encuentran 27 relatos de milagro. Además hay referencias a otros muchos milagros que Jesús obró y que no se mencionan explícitamente. Por ejemplo, en un pasaje de San Mateo, Jesús afirma que hizo milagros en Corazín y Betsaida que no son recogidos por los evangelistas: «¡A y de ti, Corazín, ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han obrado en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia en saco y ceniza» (Mat 11:21; cf. Luc 10:13). San Juan también dice al final de su evangelio que «muchos otros signos hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro» (Jua 20:30). Por eso, San Pedro podrá referirse a Jesús el día de Pentecostés como «hombre acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y señales, que Dios realizó entre vosotros por medio de él» (Hch 2:22-23). Ver también Mar 1:32-34 y par; 3:7-12 y par; 6:53-56:
El sentido que dio a los milagros es también diferente al de cualquier otro taumaturgo: Jesús hace milagros que implican en los beneficiados un reconocimiento de la bondad de Dios y un cambio de vida.
Su resistencia a hacerlos muestra que no busca su propia exaltación o gloria. De ahí que tengan un significado propio. Los milagros de Jesús se entienden en el contexto del Reino: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros» (Mat 12:28). Jesús inaugura el Reino de Dios y los milagros son una llamada a una respuesta creyente. Esto es fundamental y distintivo de los milagros que obró. Reino y milagros son inseparables.
Por tanto, Jesús hizo milagros para confirmar que el Reino estaba presente en él, anunciar la derrota definitiva de Satanás y aumentar la fe en su Persona. No pueden explicarse como acciones asombrosas sino como actuaciones de Dios mismo con un significado más profundo que el hecho prodigioso. Los milagros, como dice San Juan, son signos de otras realidades espirituales: las curaciones del cuerpo —la liberación de la esclavitud de la enfermedad— significan la curación del alma de la esclavitud del pecado; el poder de expulsar a los demonios indica la victoria de Cristo sobre el mal; la multiplicación de los panes alude al don de la Eucaristía; la tempestad calmada es una invitación a confiar en Cristo en los momentos borrascosos y difíciles; la resurrección de Lázaro anuncia que Cristo es la misma resurrección y es figura de la resurrección final, etc. Así pues, del conjunto de afirmaciones del Nuevo Testamento y de otros testimonios extrabíblicos, hoy en día, entre los datos que se dan por demostrados sobre la vida de Jesús, está el hecho de que obró milagros y que éstos se enmarcan en la proclamación del Reino de Dios.
JUAN CHAPA
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