82º Los milagros han de guardar turno
El 19 de julio de 1961: escribe Martín Descalzo, estuve en Lourdes con una peregrinación de gitanos. No olvidé los ojos de aquel anciano con el que hablé cuando caía la tarde. Desde la camilla en la que se moría víctima de un cáncer de intestino, me confesó que él tampoco había pedido su curación. "Al ver - me dijo - en la explanada a un grupo de chicos con parálisis pensé que el milagro para ellos era más urgente que mi sanación. Ellos no habían vividos aún; yo sí, demasiado. Y los milagros han de guardar turno, han de ser justos. Por eso he pedido que pusieran mi milagro en la cola y resolvieron primero el de los chicos".
Este anciano que no se preocupaba de su cáncer y pensaba en cambio a los niños enfermos era él mismo un milagro espiritual: el verdadero milagro de 'olvidarse de sí mismos para amar a los demás". Esto es imitar a Jesús que dijo e hizo por primero lo que enseñaba: "No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos". (Jua 15:13)
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