71º Una chica musulmana se atrevió a distraer a uno que rezaba.
Una muchacha musulmana cruzó, sin darse cuenta, delante de un fiel devoto, que estaba recitando sus oraciones. La ley prohibe terminantemente que nadie pase delante de una persona que está rezando. Cuando la muchacha regresó, el hombre la increpó: "¡Insolente! ¿Sabes lo que has hecho?"
"¿Qué es lo que he hecho?", preguntó asustada la muchacha. Y aquel hombre le respondió: "Has cruzado mi espacio mientras rezaba”.
"No quise hacer daño a nadie - se excusó la muchacha -, y añadió: ¿Puedes decirme qué significa para ti el rezar?" El hombre dijo: "Para mí rezar es pensar en Dios". "¡Oh!", dijo ella, "yo iba a ver a mi novio y estaba pensando en él, y no te vi a ti. Si tú de veras pensabas en Dios, ¿cómo es que te diste cuenta de que yo te pasaba delante?"
Es de veras difícil concentrarse en la oración. Es por eso que las casas de retiro son, en general, lugares alejados de la ciudad y en contacto con la naturaleza. Pero, lo que más cuenta, es saber hacer el desierto interior, saber pensar que Dios nos está escuchando y que él va a responder de alguna manera, ahora u en otro momento que él elija.
Una mujer de edad, estaba rezando un día en una Iglesia y estaba inmóvil mucho tiempo, al parecer sin rezar. El cura interesado le preguntó qué le estaba diciendo a Dios. Y ella le contestó: "yo no le digo nada: escucho. " Y Dios ¿qué te dice? le preguntó el párroco. "Tampoco él me dice algo; escucha no más. "
¿Cómo sea posible eso nadie lo puede entender: si ninguno habla, tampoco, como parece, hay alguien quien escucha. Pero el diálogo con Dios no se rige con nuestros criterios. Quizá, lo que importa en la oración es estar a la presencia de Dios, pensar en El como él piensa en nosotros.
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