67º “Decídete tú y compra el billete”
Me acuerdo de un rabino que sirvió fielmente a Dios durante toda su vida. Un día, le dijo a Dios: "Señor, te he adorado con devoción y he obedecido la Ley. He sido un buen judío, pero ahora estoy viejo y necesito ayuda. ¡Señor, déjame ganar la lotería para tener una vejez tranquila!" Y rezó, rezó, rezó. Pasó un mes y dos, cinco un año entero, tres años se fueron. Un día el hombre desesperado, dijo: "¡Dios, decídete!" Y Dios: "¡Decídete tú! ¿Por qué no compras el billete?"
El cuento, un poco ridículo, nos dice que Dios no nos libera del esfuerzo y de la iniciativa para resolver nuestros problemas. Para eso nos dio la libertad y la inteligencia. No hay que esperar de Dios lo que podemos hacer nosotros. Pongamos el caso, la cosa no está así, que dependa de Dios que salga el gordo de la lotería, pero al menos comprar el billete, depende del hombre
Muchos cristianos se dirigen a Dios en la oración y le piden gracias que él no puede dar. "Si alguien no quiere trabajar que no coma" (2 Tess. 3: 10) dice S. Pablo a los cristianos de Tessalónica que se quedaban ociosos viviendo a costas de los demás o esperándolo todo de Dios. Dios no favorece a los haraganes.
68" ¡Mi casa era un infierno! "Ahora, es un paraíso!"
Hay una historia de un hombre que, un día, fue hasta su rabino y le dijo: "¡Rabino, tiene que ayudarme! ¡Mi casa es un infierno! Vivimos en una pequeña casita yo, mi mujer, mis hijos y mis cuñados. ¡Es un infierno! No hay espacio para todos. "
El rabino sonrió y dijo: "Está bien, le ayudaré, pero tiene que prometerme hacer lo que yo le diga.
Y el hombre: "¡Prometo! ¡Prometo de verdad! ¡Es una promesa solemne!"
Y entonces el rabino el rabino: "¿Cuánto animales tienes?" El hombre dijo: "Una vaca, una cabra y seis gallinas. "
El rabino dijo: "Pon todos estos animales dentro de tu casa y después de una semana vuelve a visitarme".
El hombre no podía creer lo que oía, pero había prometido. Entonces, volvió a su casa, deprimido y enojado también pero tuvo que hacer lo que había prometido, y levó los animales dentro de su casa. A la semana siguiente volvió desconsolado y dijo al rabino: "¡Estoy enloquecido! Voy a acabar con un infarto. Usted debe hacer algo... "
Y entonces el rabino le dijo:" Ahora saca tus animales de la casa y verás. " El hombre fue corriendo hasta su casa. Y cuando volvió, al día siguiente, ojos brillaban y dijo: "Rabino, la casa es una maravilla, ¡tan limpia! ¡tan tranquila, es un paraíso!"
El cuento nos dice que si nos comparamos con los que están peor, ya nos sentimos, en cierto sentido, aliviados. En Italia corre este dicho popular: " Mal común media alegría". Aquí en cambio se dice: "Mal de muchos consuelo de tontos". No sé cuál preferir de los dos refranes.
Yo recuerdo que cuando estuve enyesado desde el tobillo hasta el muslo con la pierna doblada, sufría tanto en la rodilla porque no podía estirarla. Y yo envidiaba a los que me visitaban y le decía: "¡Felices de ustedes porque pueden doblar sus rodillas! Ellos naturalmente no se sentían felices por eso; pero a mí que sufría tanto me parecía que eran felices porque no sufrían como yo.
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