51º Si no tienes experiencia de Dios, no hables de Él.
En la India, al hablar de Dios, hay una palabra inevitable: 'darshan' que quiere decir 'visión' y se aplica por excelencia a la visión de Dios... en este mundo. Visión, contacto, experiencia. Esa es la meta por excelencia de toda la actividad religiosa y el sello de autoridad para hablar de Dios. Quien haya visto a Dios tiene derecho a hablar de él, y el que no, que se calle. Con la misma naturalidad con que te preguntarían: ¿Has leído usted Tagore? te preguntarían: '¿has visto usted a Dios?"
Yo me irritaba al comienzo cuando me hacían esta pregunta y contra-atacaba diciendo que lo que importa es la fe, la oscuridad, la prueba de confianza que le damos a Dios.
Hay que creer sin más en su palabra. Es la respuesta que Jesús mismo dio cuando a santo Tomás: le dijo: "Bienaventurados los que no vieron... y creyeron'. Mis interlocutores indianos me oían con educación, se callaban y cambiaban de conversación. No había 'darshan', no había 'visión, experiencia, contacto directo con Dios' y entonces 'este hombre habla de balde, de lo que no sabe'. Y yo me irritaba, y mi irritación solo servía para probar que algo me dolía a mí, ahí, adentro.
No podemos nosotros los cristianos esperar que la India acepte el mensaje del evangelio como revelación de Dios, mientras el cristianismo le ofrezca al hindú devoto menos de lo que le ofrece su propia religión. La revelación que Dios ha dado a la India es una revelación de sí mismo como el fondo del ser, la fuente de todo conocimiento y el fin de la bienaventuranza absoluta.
La experiencia de Dios en el Espíritu parece ser la gran necesidad de la espiritualidad cristiana hoy. Lo que el mundo busca hoy no son palabras acerca de Dios, sino la experiencia de Dios. Por eso vienen hoy tantos a la India, cristianos y no cristianos, a estudiar el yoga y aprender la contemplación.
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