250º Un sacerdote católico, apuñalado por satánicos, exclamó: Fue un accidente laboral”.
Una secta satánica, LOS HERMANOS como todas ellas formadas por gente brillante, con título universitario y con rentas altas, apuñaló al sacerdote Priscilo Ruiz Picazo, más que nada para que dejara de investigar sobre ellos, porque los satánicos no son, como quien dice muy transparentes. Más bien les gusta la opacidad, como las grandes multinacionales y a los dictadores
Digo que tiene sentido del humor porque, desde su cama del hospital, el bueno don Priscilo afirmó que la celada que le tendieron (un falso aviso sobre rituales macabros le llevó hasta un lugar recóndito de Valencia y allí le apuñalaron) y que lo puso a las puertas de la muerte, fue un "accidente laboral" Y otra nota curiosa es que don Priscilo no interpuso denuncia alguna, a pesar de saber quiénes son y por qué quisieron matarle. Será que no confiaba en la acción de la policía? No es que dude de la eficacia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Simplemente, la policía, al igual que el resto de las instituciones públicas, es prisionera de los dogmas de la modernidad.
Diario de Valencia 21 de 12 de 2000
251 Tía Rosa renunció a casarse para hacer de madre a sus sobrinos huérfanos.
Escribe Martín Descalzo:
Recuerdo aquella tía Rosa que tanto me impresionó en mi infancia. Era la tía de mi amigo Manolo y sus cinco hermanos, e indirectamente de toda la pandilla de nuestro curso. Tardé mucho tiempo en saber que no era su madre natural. Rosa estudiaba medicina en Madrid y tenía novio con el que estaba a punto de casarse. Murió su hermana, que era madre de seis chicos y ella abandonó todo para encargarse de aquellos sobrino suyos. Dejó su vida, dejó sus esperanzas, dejó de lato su amor y se entregó a otro amor menos personal y más sacrificado.
Recuerdo que había en aquella mujer algo que me desconcertaba de niño; una extraña mezcla de cariño y de distancia. Comencé a pensar que aquella forma de amar era un resto de amargura, hasta que llegué a tener compasión de ella y a considerarla como una solterona amargada.
Muchos años después descubrí que era exactamente lo contrario. Me explicó ella misma que "una tía debe suplir a una madre, pero nunca sustituirla". Ella debía conseguir que a mis amigos n9 le faltase nada, pero que no olvidaran nunca que su madre ya no estaba con ellos. Y por eso ella mantenía una cierta distancia para que sus sobrinos no la quisieran demasiado. Descubrí que la tía Rosa tenía miedo a que, sobre todo los pequeños, llegaran un día a quererla tanto que olvidasen a la madre muerta.
Aprendí mucho de aquella mujer, porque precisamente como sacerdote sé muy bien que nosotros hemos de vivir esa misma comedia: transmitir a la gente el amor de Cristo, cuidando mucho de que la gente dirija su amor hacia el mensaje y no hacia el mensajero, hacia el Cristo a quien representamos y no a nosotros como simples testigos. Tenemos que amar sin preocuparnos demasiado del agradecimiento.
Como Juan el Bautista que decía: "Es necesario que él crezca y que yo disminuya"(Jua 3:30) así los padres y educadores tienen como ideal desaparecer una vez que se haya realizado el contacto de amistad entre la persona y Jesucristo
Para que un sello pueda pegarse al sobre hay que mojarlo con la saliva, indispensable para que se realice el contacto y la unión. Nosotros como padres y educadores, tenemos que servir como intermediarios entre nuestros hermanos y Jesús, que nosotros conocemos pero que ellos no conocen o no aman.
Los padres, por ejemplo, tienen que hacer un paso al costado cuando los hijos se preparan a formar un nuevo hogar: "El hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y formar con ella un solo ser" (Gén 2:24)
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