247º Los métodos anticonceptivos y la sacarina
El puente era largo, amplio y bien construido y no llevaba mucho tráfico. Miré el velocímetro del coche mientras cruzábamos el puente. Marcaba 70 Km. por ora. Los otros coches iban a la misma o mayor velocidad. Le dije al amigo que conducía: "¿Notaste el límite de velocidad?" "Sí, y yo conduzco con cuidado y me gusta observar las señales. Pero 10 Km. de velocidad en este puente no tiene sentido. Si fuera un límite razonable, yo y otros como yo, lo respetaríamos gustosamente. Pero las leyes absurdas no son para cumplirlas.
Las leyes de la moral sexual católica son límite de velocidad de diez por hora. Y circulamos a 70
No hay proporción entre las normas y los hechos.
Si las directivas estuvieron más cercanas a la realidad, habría también un mayor esfuerzo para asegurar su cumplimiento; pero su idealismo las hace imposible y en la práctica se abandonan.
Esto no quiere decir que las leyes morales hayan de votarse por democracia. Pero sí quiere decir que la realidad no puede ignorarse, y que si se ignora, la ley llega a hacerse contraproducente y al querer abarcar demasiado, no abarca ni siquiera lo que su hubiera podido controlar. Una ley que resulta ser quebrantada por la mayor parte del tiempo por la mayor parte de la gente, no es una buena ley.
La doctrina tradicional justificaba la relación sexual únicamente con el fin de la procreación. Se decía que la naturaleza desea la prolongación del género humano y dispone para ello el placer sexual que lleva a hombres y mujeres a procrear hijos. Por eso disfrutar del placer cerrando el camino a los hijos, es violación de la ley de la naturaleza.
Es posible abrirse a un nuevo modo de ver las cosas:
Salvaguardando siempre el bien y el derecho de todos, evitando cualquier daño a sí mismos o a terceros existentes o por existir, ¿por qué no se puede disfrutar del placer del sexo sin supeditarlo a la procreación? ¿No se gozar del mayor placer que Dios ha puesto en el cuerpo humano, sin obligarse a subordinarlo a la procreación de hijos? ¿Es de creer que Dios haya puesto un placer tan intenso en el cuerpo humano para luego reducirlo radicalmente a un uso tan exclusivo, limitado y condicionado? ¿No es el sexo válido y bello y completo en sí mismo? ¿No se puede pensar en desligar el placer sexual de la necesidad de procrear y dar así mayor libertad a la mujer y al hombre, recuperar el valor de lo mejor de la naturaleza, alegrar la vida, aligerar las conciencias, y dar así incluso mayor valor a la procreación de los hijos buscada por sí misma y no como un tributo impuesto al uso del sexo? Según el capítulo 2º del Génesis, el motivo por el cual Dios creó a la mujer es para que el hombre no esté solo. “No está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gén 2:19).
Lo curioso es que en la materia paralela del instinto de conservación y la comida, la Iglesia sí ha desvinculado el placer del efecto consiguiente de la alimentación. Yo lo llamo el argumento de la - sacarina- y por eso mis amigos lo toman a broma cuando se lo cuento y se ríen de ello como si fuera un chiste, pero conste que lo digo perfectamente en serio. La sacarina nos da el placer del gusto dulce y elimina de él toda alimentación al garantizarnos que tiene cero de calorías. Así queda claramente desvinculado el placer del gusto del efecto de la alimentación. Y la Iglesia no prohibe la sacarina.
Afirmó el Card. Ratzinger escribiendo en la revista Time: "El Magisterio de la Iglesia deberá hacer todo lo posible para presentar las normas de moral sexual de modo comprensible y posible de ser vividas".
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