217º El águila real se resignó a vivir como gallina.
Un hombre encontró un huevo de águila. Se lo llevó a casa y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El huevo de águila fue incubado y nació junto con los demás pollitos, creció con la nidada y a lo largo de toda su vida hizo lo mismo que hacían los otros pollos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piaba como los demás y nunca tentó de volar, sino que como todas las gallinas no podía sino saltar y volar por algunos metros no más.
Pero un día, levantando los ojos, vio allá arriba en el cielo una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosa por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas. El aguilucho miraba asombrado hacia arriba. ¿”Qué es eso”? Preguntó a una gallina que estaba junto a él. “Es el águila, el rey de las aves” respondió la gallina. Pero no pienses en ello, Tú y yo somos diferentes” . Y el águila, criada con las gallinas vivió y murió creyendo que era una gallina de corral. Había renunciado a ser lo que era, un águila real.
Un famoso dicho reza así:: “Decíme con quien andas y te diré quien eres”. Nos conformamos fácilmente con los de nuestro grupo de amigo o compañeros. No tenemos la fuerza de voluntad para vivir según nuestros convencimiento y nuestra fe. Nos acobardamos
Hechos a imagen y semejanza con Dios, y sobre todo, renacido por el agua y el Espíritu santo nos olvidamos de nuestra dignidad de hijos de Dios y discípulos del Señor. Jesús. Como Pedro en el patio del tribunal donde se juzgaba a Jesús, nos acobardamos a la primera contrariedad y no somos capaces de profesar con seguridad nuestra fe. Vivimos como los demás, nos conformamos con este mundo del cual Jesús no nos quiso alejar pero del cual nos quiso defender. "No te pido Padre que los saques del mundo, pero sí que los defiendas del Maligno" (Jua 17:15)
Si nuestro interés se concentra únicamente en los bienes materiales, si cortamos las alas a nuestros deseos de algo superior, corremos el riesgo de conformarnos a este mundo y reducir nuestras aspiraciones que nos conducirían a ser verdaderos discípulos de Jesús, auténticos cristianos. Nos limitamos a ser bautizados, a haber nacido de Dios, pero no nos comportamos como tales. Tal cual el aguilucho que aunque había nacido de un águila se conformó a vivir como gallina.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.