209º Alí Agka y la hermana
Una hermana religiosa me confió personalmente a mi (C. Vallés) lo que voy a contar.
Se encontraba un domingo en Roma, en la plaza S. Pedro. Estaba paseando por la inmensa plaza cuando le entraron ganas de hablar con alguien para comentar la impresión de lo que veía. Se dirigió a un hombre cercano que, como ella, andaba por la plaza mirando a su alrededor. Comenzó a hablar con él. Habían apenas intercambiado un par de frases generales, cuando un sentimiento casi violento se apoderó de ella. Este hombre es muy peligroso, pensó; y se alejó de él. Miró a su alrededor por si veía a un policía pero, aunque lo hubiera encontrado, ¿qué le habría podido decir? El siguiente miércoles, en la misma plaza de S. Pedro y durante su audiencia semanal el papa Juan Pablo II fue herido por dos disparos.
Se capturó al autor del atentado y todos los periódicos publicaron la foto de Alí Agká.
Cuando aquella religiosa vio la foto, lo reconoció al instante: aquel hombre era el mismo individuo con el que había dialogado tres días antes. Había sido un presentimiento.
El hombre, que es unidad y no un compuesto de cuerpo y alma, se expresa con todo su ser. No solamente las palabras son signo de comunicación sino también el cuerpo. El cuerpo es un lenguaje muy claro y significativo que nos relata aunque no tengamos la intención de comunicar nuestra vida íntima. Raramente logramos disfrazarnos y engañar a los que nos conocen de cerca.
Un famoso refrán nos dice que: "Lo que tu eres me grita tan fuerte que no oigo lo que dices". La conducta visible nos delata a tal punto que si las palabras contradicen la vida, se consideran una mentira: "no oigo lo que dices"...
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