207º La estrella escondida obliga al hombre a buscarla.
Las estrellas celebraban su asamblea y cada una demostró como ayudaba a los hombres. La estrella polar... el sol... la luna... Todas las estrellas ponderaban el servicio que prestaban a los hombres.
Una estrella calladita dijo al final: yo no puedo hacer nada porque todavía no he sido descubierta. Pero, les estoy prestando a los hombres un servicio importante: les estoy diciendo que aún les queda algo para descubrir.
Esto me hacer recordar al famoso astrónomo Le Verriér. Este astrónomo había indicado en el cielo la posición de un planeta que nadie había visto. Había notado que ciertos planetas modificaban su recorrido de manera inexplicable. Pensó que esta desviación de su órbita debería ser causada por la presencia de un planeta de tal dimensiones y a la tal distancia. Los astrónomos apuntaron sus telescopios hacia aquel rincón del universo solar y descubrieron un planeta que llamaron: Neptuno. Le Verrier lo había visto antes de verlo.
Gran pensador es aquel que descubre horizontes nuevos en el gran misterio del ser. No valen tanto las respuestas sino las preguntas que los hombres se hacen, porque sin preguntas no existen respuestas. Hace falta quien nos diga que lo que sabemos es muy poca cosa en comparación de lo que no sabemos. Estamos rodeados de misterios infinitamente más grandes que nuestra pequeña inteligencia.
Una página poética maravillosa sobre la enorme ignorancia frente a las maravillas del creado, la encontramos en el libro de Job, cuando Dios mismo se pone a dialogar con él y le pregunta dónde estaba él cuando él creó el mundo; si sabe contar las estrellas, el número de las gotas de agua del océano, esto y aquello... Y Job queda mudo frente a tantos misterios.
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