172º Una comitiva en tren para una fiesta de bodas.
Fui testigo presencial, en una estación de ferrocarril en la India, de un hecho muy folklórico. Se trataba de una comitiva que iba a una fiesta de boda, todos dispuestos a desplazarse por tren al lugar de la ceremonia. Este grupo serían unos cien hombres y mujeres y habían reservado un vagón entero para ellos, vagón que, en aquella estación, debería engancharse a un tren lento de mercaderías para un recorrido de unas ocho horas hasta su destino final. Pero hubo un problema técnico en el último momento y se les informó, allí mismo en el andén, que su vagón especial sería enganchado a otro tren, esta vez un tren rápido, que cubriría el mismo trayecto en la mitad tiempo.
En Occidente, esto habría sido una buena noticia y todos se habrían alegrado de llegar más pronto a la meta del viaje.
No así en la India. Los miembros de la comitiva, cuando se les informó del cambio, organizaron una ruidosa protesta. Gritaban: "¡Nos han engañados! Hemos pagado para estar ocho horas en el tren y parar en todas las estaciones, y ahora, por el mismo dinero, quieren despacharnos en cuatro horas sin parar en ninguna parte. ¡Es una vergüenza! ¿Por quienes nos han tomado? Exigimos que nos devuelvan la mitad del dinero. No vamos a pagar el precio íntegro para disfrutar sólo de la mitad".
Cada pueblo tiene su lógica. En Occidente vivimos contra reloj. En Oriente se vive el tiempo de otra manera.
El hecho es que los occidentales viven de prisa y casi no saben gozar el momento presente; viven preocupados por el futuro y cuando llega el futuro piensan y están ansiosos para otro futuro. Sucede así que nunca viven de veras: viven recordando el pasado que no es, proyectados en el futuro que todavía no es y no se concentran en el presente que es el único tiempo real. Un dicho latino muy conocido dice: "age quod agis" es decir, "concéntrate en lo que estás haciendo.
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