167º “Ahora Ud. no puede entender el retrato... no está terminado.
Una pintora aficionada quiso, en cierta ocasión, hacerme un retrato. Me sentí halagado y me sometí a la tortura imprescindible de posar horas y horas seguidas sin moverme. Humilde sacrificio en aras del arte. Después de la primera sesión, cuando mis entumecidos miembros habían llegado al límite del aguante y ella parecía haber embadurnado suficientemente el lienzo, me levanté y me acerqué amistosamente al caballete para inspeccionar el primer boceto y alabarlo, fuera como fuera. Pero ella me lo impidió cubriendo el lienzo con un trapo; y con una sonrisa pero con decisión me dijo: "Verás el retrato cuando esté acabado. Si lo ves ahora, a medio hacer, no te va a gustar"
La obedecí, desde luego, pero al mismo tiempo me puse a pensar. Si veo mi retrato ahora a medio hacer no me va a gustar... Unas pinceladas inciertas, manchas aisladas de color, expresión sin vida. Entendí las órdenes de la artista y las obedecí. Entre tanto, me había asaltado otro pensamiento: no critiques la vida mientras no esté acabada. Es posible que no te guste, que no le encuentres sentido a unos trazos aislados y unos colores caprichosos.
Muchos son los que se quejan de que la vida no tiene sentido. Toda la vida no basta, quizá, para encontrarle el auténtico sentido Hay que esperar un poco; el retrato, es decir la vida, no ha terminado todavía. Hasta el último retoque nada hay de definitivo. Entendemos la vida cuando estamos ya al final.
Es por eso que no podemos dar un juicio definitivo sobre las personas. "No juzgue y no serás juzgado" nos dice Jesús (Mat 7:1). No juzgue ni a los demás ni a ti mismo, antes que se termine la vida, es decir nunca. Sólo Dios puede juzgar porque sólo El nos conoce hasta el fondo. Sin decir que ni Dios nos juzga ahora, sino que pacienta hasta que hayamos emitido el último respiro.
El hecho es que nosotros los hombres vivimos tan poco tiempo que estamos siempre apurados para conocer todo y dar un juicio definitivo sobre lo que todavía está en marcha. Nadie critica un edificio que todavía está en construcción porque sabe que todas aquellas tablas y vigas no son que andamios. El edificio perfecto está todavía en la fantasía del arquitecto.
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