125º ¿Por qué Dios, que es Amor, nos hace tanto sufrir?
Recibo, escribe M. Descalzo, con frecuencia cartas de personas que se preguntan por qué Dios tolera que el mundo marche tan mal. , por qué no remedia los dolores de la gente, por qué no hace nada. Y escriben: "Si Dios sabía el principio y el fin de este amargo mundo ¿por qué lo hizo así? ¿Por qué dos tercios de la humanidad no puede alimentarse suficientemente? Si Él sabía que somos malos y egoístas, ¿por qué no nos hizo mejores? ¿Por qué deja que los inocentes sufran? ¿Es que tengo que estar toda la vida creyendo en Dios sin comprenderlo?"
La carta de esta señora me preocupa sobre todo porque refleja hasta qué punto están difundidos dos espantosos errores: muchos se imaginan a Dios como si fuera un tapagujeros y no tienen en cuenta la libertad humana. La causa de la gran mayoría de nuestros males somos nosotros que abusamos de nuestra libertad.
Ahora resulta que, en lugar de sentirnos avergonzados por el hecho de que somos entre los 20% de la humanidad que come en abundancia, le echamos a Dios la culpa de que no coma el otro 80%.
Resulta ahora que tendría que ser Dios a cambiar, mientras que el convertirnos en hombres solidarios es el primero de nuestros deberes.
No nos damos cuenta que si Dios nos hubiera hecho "perfectos" es decir, incapacitados para ser malos, ya no seríamos tampoco libres para hacer el bien; seríamos como marionetas obligados a la bondad. La bondad es el resultado libre del esfuerzo de quien, pudiendo hacer el mal, no lo hace. Y no es cierto que Dios haya hecho al hombre malo; lo ha hecho libre, dándole un potencial de bondad.
El problema del mal en el mundo, y sobre todo el mal de los inocentes es verdaderamente un escándalo que muchos no saben superar y con facilidad pierden la fe en Dios. Se imaginan que Dios, siendo omnipotente omnisciente e infinitamente bueno, tendría que socorrer a todas nuestras necesidades y ahorrarnos todo dolor, todo esfuerzo y dificultades de la vida. Dado que esto no ocurre y Dios parece sordo a nuestras peticiones entonces se saca la conclusión de que de nada sirve rezar a Dios, que no es verdad lo que se dice de él y que, es mejor no esperar nada.
Bastaría, en cambio, con mirar a cómo Dios Padre trató a su Hijo Jesús; no le ahorró ninguna dificultad, ni tampoco intervino para liberarlo de la muerte. La única respuesta a sus oraciones fue la resurrección. Y esta es también la respuesta que Dios se comprometió en hacer para nosotros.
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