119º “Eres una asquerosa” Y Susana siguió cuidando a Manolita.
Una profesora tenía entre sus alumnas a una niña de ocho años, Manolita, que estaba siempre extrañamente triste, huidiza, atemorizada. Por lo visto - y pronto lo descubrió la profesora - alguien había abusado de la pequeña y, desde entonces, tenía miedo de todos. Por eso no jugaba en los recreos, andaba siempre sola, rehuía no sólo la amistad, sino hasta la compañía de todas sus compañeras.
La profesora, queriendo curarla de este miedo y pidió a otra niña, Susana, la más lista de la clase, que hiciera un esfuerzo por acercarse a ella, por jugar con ella. Se sentía contenta la profesora al ver cómo progresivamente los ojos de "Manolita" iban cambiando, liberándose un poco de sus recelos. Pero la herida era más honda de lo que parecía, y un día Susana encontró en su pupitre un papel de Manolita que le decía: "Eres una asquerosa. Mi vida es mi vida, déjame en paz, no quiero tu cochina amistad. "
El mundo se hundió para Susana, que tan sinceramente se había acercado a su compañera. "¿Qué tengo que hacer?", le preguntó a la profesora. "¿Dejarla en paz o seguir con ella como si no hubiera recibido ese papel?"
La profesora prefirió que fuera la misma niña la que, en conciencia, tomara su decisión. Y se limitó a decirle: "Hoy, cuando vayas a misa, pregúntale a Jesús qué es lo que debes hacer".
Y al día siguiente vio que Susana seguía con Manolita sin decirle una sola palabra de las injurias que había recibido. Y por la noche fue a contar el desenlace, con lágrimas de alegría en los ojos, a su profesora: "¿Sabe que Manolita hoy, al despedirnos, se ha cercado a mí, me ha dado un beso y me ha dicho: ¡Qué buena amiga eres!"
Perdonar es una palabra compuesta de: - per- y - donar -. y quiere decir 'super donar', donar superlativamente. El perdón es un gesto de amor que sólo de Dios puede venir, porque sólo Dios nos ama de manera superlativa, incondicionada, sin arrepentimiento, ni retorno.
El que sabe perdonar está seguro que también él recibirá el perdón de Dios. (Mat 6:14)
Sin embargo, lo que quizás cuesta más que perdonar, es: pedir perdón. No es fácil reconocer que somos culpables y nos cuesta humillarnos delante de aquel a quien hemos ofendido. Pero si no pedimos perdón no podemos recibirlo, porque nuestro corazón empedernido y cerrado por el orgullo no puede abrirse a la reconciliación.
Ni Dios mismo puede perdonar a quien no pide perdón. Es éste quizás el pecado contra el Espíritu Santo que, según nos dice el Evangelio de Mat 12:31 "Se perdonará todo pecado y toda palabra que ofenda a Dios; pero la palabra que ofenda al Espíritu Santo no se perdonará" (Mat 12:31) :Ni Dios puede perdonar a quien no pide perdón.
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