Sexismo
Eva Giberti (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Género y sexualidad
Definición y concepto. Se denomina sexismo al conjunto de actitudes y comportamientos que instala discriminación entre las personas basándose en su sexo. Se organiza en forma de prejuicio y creencia, y se pone de manifiesto mediante el lenguaje, símbolos y costumbres históricamente arraigadas. Comenzó a estudiarse en relación con la discriminación sexual contra el género mujer, que conlleva una serie de impedimentos para el ejercicio de la igualdad de oportunidades para los géneros. Está asociado a la prioridad que otorga al género masculino en la producción de costumbres y en la construcción de los discursos y de los textos. No obstante, corresponde considerar los efectos del sexismo en la producción de discriminaciones que alcanzan a los hombres. La homofobia, que puede recaer contra cualquier género, se enraiza en las discriminaciones que el sexismo propicia. El sexismo se despliega según múltiples y diversas modalidades; avanza en la educación, en la vida de familia, en las ciencias, en los partidos políticos, en el trabajo, así como en las diferentes actividades de la cotidianidad. Se incluye en los juguetes con que niños y niñas se entretienen: muñecas, cocinitas, escobas para ellas; y para ellos camiones, aviones y computadoras, marcando la discriminación temprana que se inicia con el ajuar celeste para el varón y rosado para la niña. Los libros escolares (Wainerman, 1985) destinados al aprendizaje de la lectura ocuparon ese espacio y aún hoy contribuyen a nutrir perspectivas sexistas cuando posicionan a las mujeres prioritariamente como esposas, madres y amas de casa, mientras se describe al padre de familia como garante de la autoridad y de la manutención de la familia.
Teoría feminista e idea de androcentrismo. En la historia de los géneros, las niñas fueron invisibilizadas (Giberti, 2003) y definidas como “el femenino del niño”, ausente el registro de su propia identidad; de este modo el sexismo se instala como regulador identitario de la discriminación en una etapa inicial de la vida. El posicionamiento en una supuesta jerarquía “superior”, por formar parte del universo masculino, impone el sexismo en las actividades laborales mediante remuneraciones inferiores, tratándose de la igualdad de trabajos que llevan a cabo hombres y mujeres; en la ausencia de reconocimiento de sus producciones intelectuales artísticas y científicas; en el trato que los medios de comunicación dispensan al género mujer (desde la idealización de la maternidad hasta la denominada mujer/objeto para el placer de los varones). El sexismo, instalado en las prácticas familiares, constituye una variable significativa de las violencias que padece el género mujer, entre ellas el aprendizaje de la sumisión al varón por haber incorporado en sus convicciones, mediante los discursos sexistas, una supuesta inferioridad biológica, intelectual y social. De este modo se promueve el estereotipo que posiciona a las mujeres en calidad de quienes deben obedecer las decisiones del varón en cualquiera de los ámbitos de la convivencia y de las prácticas sociales. La teoría feminista, al introducir la idea de androcentrismo asociada al sexismo, aportó una caracterización útil para las ciencias médicas y sociales; matiza la conceptualización de sexismo, categoría que no necesariamente se limita a la discriminación del género mujer; y refina la relación entre sexismo y dicho género. Señala la prioridad del andros (hombre) al colocar al varón en el centro de las organizaciones familiares y sociales, al mismo tiempo que se construye a su alrededor un sistema de jerarquías que debe someterse a sus designios. Moreno Sardá (2002) refiere que se trata del modelo de “ser hombre en un sentido fuerte, en un sentido de prepotencia viril (…); es nada más que una construcción imaginaria para justificar a quién se sitúa en el centro para legitimarse como ser superior y con derecho a mandar y a dominar. Por tanto, androcentrismo implica a un modo particular de masculinidad”. Remite al ocultamiento de la realidad –necesidades y deseos– de las mujeres con excepción de aquellos vinculados con los roles tradicionales del género.
Sexismo en el idioma. En el idioma español, la insistencia en utilizar el genérico masculino “el hombre” para referirse a la humanidad o a la especie humana constituye un modelo de sexismo cuya eficacia se traduce en el ámbito de las representaciones mentales y de los imaginarios sociales: de este modo el hombre se asume como referente de todos los seres humanos.
Mladinic y colaboradores (1998) sugieren la existencia de un sexismo benévolo como una actitud aparentemente protectora, que respondería a un paternalismo protector de las mujeres, así como sostiene que el varón está incompleto sin ella, fomentando de este modo los estereotipos esencialistas. La perspectiva de los estudios de género propicia la revisión del sexismo en el lenguaje y en las diversas prácticas cotidianas intentando discernir su relación con las discriminaciones y las exclusiones que pueden asociarse entre sí. El sexismo como impregnación cultural asociada a políticas de índole patriarcal mantiene su eficacia a pesar de ser reconocido como violador de los derechos humanos y no obstante propiciar un estilo de vida opuesto a la equiparación de derechos entre los géneros. Constituye un prejuicio destinado a discriminar y a distribuir hegemónicamente las diversas pautas del poder a favor de los varones. Al focalizar la discriminación en las características sexuales de los sujetos se diferencia de la discriminación por razones políticas, étnicas o religiosas y abarca, como sus víctimas, tanto a las mujeres como a los transgéneros.
Referencias E. Giberti. La niña, para una ontología de la discriminación inicial, en E. Faur y C. Lipsyk (compiladoras), Discriminación de Género y Educación en la Argentina Contemporánea, Buenos Aires, INADI, Unicef, 2003. - A. Mladinic, J. L. Saiz, M. Díaz, A. Ortega y P. Oyarce. (1998). Sexismo ambivalente en estudiantes universitarios chilenos: Teoría, medición y diferencias del género, Revista de Psicología Social y Personalidad, 14, 1998. - A. Moreno. Bases para una educación igualitaria: la crítica al modelo androcéntrico, Revista Salud Pública y Educación para la Salud, Vol. 2, Nº 2, Supl. 2, 2002. - C. Wainerman y R. Barck de Rijman. La división sexual del trabajo en los libros de lectura de la escuela primaria argentina, un caso de inmutabilidad secular, Buenos Aires, Serie Cuadernos del CENEP, Nº 28, 1984.
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